6 - Aciertos, Desaciertos

Monografía creado por José Carlos López Torres. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero16/g_garbo.html
31 de Agosto de 2006

Vamos a ver ahora, y en detalle, una serie de cuestiones en que los aciertos y desaciertos se entremezclan en la biografía de Arconada.

Suecia

En primer lugar, la Suecia de Arconada es un país idílico, y aquella en que Greta nació y vivió hasta los veinte años, no lo era en absoluto. Él nos habla de un país metódico, pulcro, ordenado hasta el aburrimiento, en que el paisaje es geométrico, la industria como un reloj de cuco y en el que el ámbito de las relaciones sociales es un trasunto de las relaciones laborales. Suecia trabaja. Los barcos y las resinerías tocan sus sirenas. Y los sonidos transmiten, todos los días, de región en región, radiogramas democráticos (p.74). El equilibrio sigue. Y Suecia trabaja callada y afanosamente (p. 85).

Efectivamente, todo ello es cierto, a grandes rasgos, acerca de la Suecia del momento, pero, como otros países, Suecia tenía su cara y su cruz. Greta vivía en la cruz de esa moneda: la inmigración interior, del campo a la ciudad, había dado lugar a numerosas expectativas de triunfo que se vieron en muchos casos frustradas, dando lugar a barriadas de desarraigados en las grandes ciudades. Esta es la Suecia de Greta Garbo. Es posible que aquí tengan algo que ver los exagerados tópicos de siempre sobre los paraísos europeos, donde todo se hace a derechas. Lo cierto es que, para él, todo en Suecia se articula en función del bien general, incluso el trabajo de Greta en la barbería: Ayuda a que la pulcritud de los suecos sea una buena y honrosa característica nacional (p.75).

 

Södermalm

Arconada lo ve así: Barrio sinuoso y populoso de Södermalm. Frente a las islas. Frente a las aguas del Malare y de Saltsjon. Aquí: al final de Hogbergs gatan, detrás de Santa Catalina. La casa tiene ceño adusto de maderas viejas (p. 51). Cabe destacar que algunas de estas frases recuerdan folletos turísticos, y la ubicación que hace parece seguir un plano de la ciudad.

En el barrio que nos pinta Arconada, hay incluso una sencilla devoción popular por la Navidad: Y las campanas de Santa Catalina llaman a maitines a todo el barrio. Desde Saltsjon a Malare. Desde las esclusas hasta Arstaviken. Obreros y marineros. Gente humilde. Barrio alto y populoso. Encrucijado y pintoresco (p. 57).

Arconada, aunque sabía que el barrio en que pasó Greta su infancia era pobre, no se imaginaba, seguramente, lo miserable que era. Estocolmo (Stockholm) tenía dos caras: la zona nueva de la ciudad -limpia, moderna- y la zona vieja -deteriorada e inmunda. Södermalm, extenso barrio del sur de la ciudad (antiguo y pobre, y conocido en toda Suecia por el particular idiolecto que se habla en él), era el barrio de la inmigración, y Greta era hija de inmigrantes del campo a la ciudad. Para Arconada, antiguo y pobre no significaba sórdido, y así es precisamente como era. Las basuras tiradas por calles y plazas; los niños desatendidos de padre y madre, frecuentemente subempleados ambos, (si no parados y/o borrachos), jugando entre las escorias; las peleas callejeras de borrachos, y la propia borrachera y el sexo institucionalizados como únicos desahogos. Este era el barrio en que nació y vivió Greta, y no el que muestra Arconada: Gente de barrio, gozosa de humildad y de buena salud (p.66).

 

Los hermanos

Se equivoca Arconada al decir que Greta era la menor de cuatro hermanos (dos niños y dos niñas), cuando era la menor de tres: Sven (1900), el mayor, Alva (1904), y Greta (1905, 18 de Septiembre). Se equivoca de nuevo, pero es un error de detalle, cuando su padre la llama Greta, cuando en su casa todos la llamaban Keta.

No da el nombre de los varones, pero a la otra hermana la llama Elsa, que, en realidad, no es tan distinto del que en realidad tenía su hermana, un año mayor, Alva.

La verdadera relación de Greta con su hermano mayor es de mucha menor relevancia que la que tuvo con su hermana. Arconada dice que los hermanos varones son dos, y, a partir de ahí, diluye sus intervenciones en un genérico "los niños". Pero a la hermana, que sí tuvo relieve en la realidad, incluso le pone un nombre que, como queda dicho, no está muy lejano del real. Alva compartía con Greta la afición al teatro, y con el tiempo se convertiría, como su hermana, en actriz. De salud delicada, murió víctima de una tuberculosis contraída a muy temprana edad.

 

El Primer Amor

La cuestión del primer amor de Greta es importante aquí. En efecto, como queda dicho, Arconada lo sitúa a los 15 años, en la bahía helada de Baggensfjaerden, a donde va a patinar con el joven Gustavo, a quien conoce desde niña. (Episodio en que comete un error de bulto: Gustavo una vez escribió sobre el margen de un libro suyo (de ella) la palabra "tack"-bella (p. 79). La palabra "tack" significa "gracias"). Es un amor casto, heterosexual y platónico. Todo lo contrario ocurrió en la realidad: un incesto homosexual (con su hermana Alva y en una tienda de campaña). Eso sí, tuvo lugar también junto al agua, en la isla de Årsta, y a esa edad, pero en verano.

 

El Padre

Es una de las figuras capitales en la Vida de Greta Garbo de Arconada, como lo fue en la vida real de la actriz. Por esta razón este apartado es especialmente relevante, habida cuenta de lo entrelazado que está todo en torno a él, (tanto en la biografía de Arconada, como en cualquiera de las biografías reales de Greta Garbo). Así, no me limitaré aquí a dar cuenta, estrictamente, de lo relativo al padre, sino de todos los datos que le conciernen de una forma u otra.

El marino Garbo de Arconada es un ser idílico. Lo primero que hay que resaltar es que aparece el padre, y nunca la madre, lo que proporciona a su figura un mayor relieve. Pero la madre está ahí; si no, ¿quién prepara la comida y mantiene relucientes los vasares: refulgen los vasares (p. 52)?

"El padre es marino. Tiene en las pupilas temblor de oleaje. Capas de viento, plano, se han ido superponiendo sobre su rostro. Es alto. Fuerte" (p. 52). Parece que no es un marino cualquiera, sino algún tipo de oficial en su barco. Parece tratarse, concretamente, del piloto del barco, aunque podría ser el capitán: Anoche, el padre de Greta pudo conducir bien su barco, hasta el puerto, por un canal de aguas libres (p. 62).

Se ausenta de casa a causa de sus viajes como, digamos, piloto de un barco; cuenta que en esos viajes le han sucedido historias muy emocionantes. Siente el placer de la literatura y el teatro, temas de los que habla con Greta, a quien lleva al teatro. Ella es su hija más querida. Le trae regalos de sus viajes, y comparte con ella el amor y la atracción por el mar:

-¡El mar! ¡El Mar! ¡Como me gusta a mí el mar!

El padre, marino, coge la alusión de la niña y la mete en el recinto de sus resonancias interiores. Los recuerdos, la vida entera, salen a flote como las maderas de un buque naufragado.

-¡El mar, niña...! (p. 64)

¿Qué sabemos del padre de Greta? Karl Alfred Gustafsson, nacido en un pueblecito cercano a Stockholm, en 1871, y muerto en Stockholm en 1920. La caracterización física que de él se nos hace es bien precisa. Delgado, rubio, de ojos azules, rostro redondeado, y de poco más de 1'80 m. de altura. Greta siempre dijo haber salido a su padre y no a su madre, lo que, a juzgar por las fotografías, es exacto.

Tuvo varios trabajos desde que llegó a Stockholm. El primero, de ayudante de carnicero; el siguiente, como portero en el barrio de Södermalm en que se quedará a vivir. A la llegada de su futura esposa a la ciudad, su ocupación era ya la de barrendero, y continuará siéndolo durante el resto de su vida laboral.

Es una figura positiva en la biografía real de Greta Garbo, a pesar de su alcoholismo y de las frecuentes peleas que sostenía con su esposa, Anna Lovisa Karlsson.

La relación de Greta con su padre fue mucho más estrecha que con su madre, hasta el punto de que esta última llegó a insinuar que se trataba de algo más que de una relación normal padre-hija (con una edad de 13 años). Sin embargo, no parece que esto fuera así. Lo que sí es digno de destacar es que los únicos recuerdos agradables de su infancia, Greta se los debe a su padre.

En los últimos años de su vida, ni siquiera trabajaba, y se pasaba el día borracho y/o metido en la cama. Efectivamente, como en la biografía de Arconada, el padre se ausentaba de casa, pero no a causa de sus viajes marítimos, sino porque prefería quedarse en una taberna a volver a casa y tener que enfrentarse a las recriminaciones de su mujer (Marcelo Di Pietro, p. 29). Para hacernos una idea de cómo era el ambiente familiar, sirva la siguiente anécdota: Greta estaba en clase.

Cuando (el maestro) le preguntó cuáles eran los cuatro elementos, ella contestó espontáneamente:

- Agua, fuego, aire, y brännvin.

- Dime, por favor, ¿por qué brännvin?

- Porque cuando mi padre regresa borracho a casa, mi madre le grita: "¡Estás en tu elemento!" (Gronowicz, p. 36).

Un día, Greta se encontró a su padre tirado en la nieve, se lo cargó a la espalda, lo llevó a su casa, y lo subió escaleras arriba hasta el piso en que vivían (como curiosidad, esta casa fue demolida hace años). Al día siguiente, su padre aparecía muerto. Greta tenía 14 años, e iba camino de los 15.

Comencemos a contrastar, más en detalle, y hagámoslo con la cuestión del apellido de Herr Garbo. Según un estudio del año 1979, hasta ese año no había en las guías telefónicas suecas ningún abonado con tal apellido. Sobre esta cuestión se ha debatido abundantemente, y circulan numerosas versiones al respecto. (Como curiosidad, he encontrado este apellido en el siglo XIX en Italia, y, en España, existe el apellido catalán Garbó, que significa haz de heno o hierba, para dar al ganado o encender fuego). Pero, si creemos a la propia Greta Garbo, este apellido se lo puso el director de cine Mauritz Stiller, quien le explicó que procedía del verbo Garbowac. En polaco, este verbo significa curtir el cuero, y, por extensión, refinar las materias nobles desde su naturaleza en bruto. Según ella, al verla, Stiller pensó "que debía wygarbowac a aquella chica" y convertirla en una gran actriz.

Arconada ni se plantea que ese no fuera el apellido real de la artista. Tal vez, como queda apuntado arriba, por existir el apellido catalán, y la palabra española, de uso frecuente, garbo, tan apropiada al airoso continente de Greta.

El barrendero Gustafsson, tales eran su apellido y profesión, tenía, eso sí, una entrañable relación con su hija Greta, a quien a veces compraba regalos y revistas sobre teatro: Karl Gustafsson amaba a sus tres hijos, pero Greta, la más pequeña, era la niña de sus ojos. Siempre jugaba con ella, le hablaba más que a cualquier otro de sus tres hijos, y le compraba toda clase de juguetes. Hacía todo lo que ella le pidiera... excepto dejar de beber (Gronowicz, p. 34). Greta es la más pequeña, y a la que más quiere. A veces, cuando podía, iba con ella a comprar algunos dulces o fotografías llenas de fotografías de actrices teatrales y cinematográficas en la tienda de Agnes Lind. Siempre le permitía llevarse todas las revistas que quisiera, lo que a veces significaba todas las que podía transportar (Gronowicz, p. 38).

Esta misma relación establece Arconada. Según él, su padre no sólo le traía regalos de sus viajes, sino que incluso llegaron a ir al teatro juntos; como vemos, esto es muy semejante. En lo que sí se ajusta completamente a la realidad es en mostrarnos la escena de la hija leyendo para el padre: A menudo, cuando estaban en casa, su padre le pedía que le leyera algo. La obra que más admiraba era "La Leyenda de Gösta Berling", de Selma Lagerlöf (Gronowicz, p. 35).

Arconada atribuye al padre una profesión ancestral; y digo ancestral porque, como se verá, establece una fuerte relación entre Greta y el mar, por proceder de una raza de marinería nórdica. Esto ya queda insinuado cuando, en la descripción del padre, encuentra temblor de oleaje en sus pupilas. Lo utilizará de nuevo a lo largo de su biografía, y veremos en ella un fuerte sentimiento del mar, que incluso se transforma en el marco de sus amores: en la bahía helada de Baggensfjaerden, con Gustavo, y también junto al mar con John Gilbert.

En su vida real puede decirse que, efectivamente, ella tenía un fuerte sentimiento del mar. Cuando se produce la noticia de la muerte de su hermana, pierde el conocimiento, y, al recuperarse, le pide a Stiller que la lleve al mar, cosa que hace. En otros momentos de su vida, emprenderá viajes transatlánticos en barco como huida hacia sí misma.

 

La Real Academia de Arte Dramático

Según Arconada, el examen para la beca de Greta Garbo en la Real Academia Dramática sueca fue extraordinariamente frío. Un jurado impasible e impersonal dijo: Greta Garbo: Aprobada. Eso fue todo.

En realidad, no parece que el acto fuese de una objetividad tan extrema. Solía ocurrir en los tribunales de la Real Academia Dramática que uno de los miembros fuera un representante de la Svenska Filmindustri. Cuando Greta hizo su examen, este miembro era nada menos que Mauritz Stiller (Mauricio Stiller, para Arconada).

Por otra parte, habla del programa de estudios de la Real Academia, haciendo hincapié en que mezcla asignaturas "serias" con otras frívolas, pero que no son tratadas como tales, sino como materias importantes, a las que se les da la importancia justa y debida. La Academia Dramática tiene, en sus cursos, un programa extenso. (...) Comprende muchas cuestiones serias, pero al mismo tiene también muchas cuestiones frívolas. (...) Entre las frivolidades que enseña la Real Academia Dramática de Stockholm, figura el baile como preferente (pp. 92-93).

Este conocimiento que tiene y demuestra del programa de la Real Academia se ve confirmado por un comentario de la propia Greta Garbo: Se plantea hasta qué punto era conveniente o necesario tener una asignatura de danza; y, para recalcar el efecto de la presencia de Stiller en aquel tribunal de la Real Academia Sueca, termina así: Aunque reflexioné algo acerca de mis estudios, pensé mucho más en Mauritz Stiller. Veía sus ojos delante de mí día y noche (Gronowicz, p. 85).

 

Mauritz Stiller

Arconada lo considera uno de los grandes directores suecos, con Sjölstrom y Brunius. Nos presenta a Stiller dirigiendo a Greta para La Leyenda de Gösta Berling, de 1924. Para Arconada, la clave de la calidad del cine sueco estriba en la existencia de unas sagas, que vienen a ser una especie de versión prehistórica del cine, y de unos paisajes como los de Suecia.

Aunque no está claro su lugar de nacimiento, nacionalidad o raza, Mauritz Stiller pasa por ser una de las figuras capitales del cine sueco en la época muda. En lo que a Greta se refiere, ella lo señala como el creador de su leyenda y del tipo de mujer que inmortalizó en sus películas.

La hipótesis más aceptada, y la que Greta llegó a asumir, aunque de una forma vaga, es la de que nació en Lvov, (Polonia, unos 30.000 habitantes), en una familia judía, y que se quedó huérfano a la edad de 5 años. Cambió de nombre y apellido y se trasladó a Helsinki, donde vivió años muy duros, y de donde pasó a Estocolmo tras estafar una fuerte suma a unos conocidos. Con ese dinero vivió elegantemente en Estocolmo (donde conducía un elegante Opel de color amarillo y donde se le consideró el hombre mejor vestido de la ciudad), además de lo cual (o precisamente por lo cual) consiguió hacerse un nombre como director teatral, y, más adelante, como director de cine en la Svenska Filmindustri. Indudablemente es una gran figura del cine sueco, y uno de sus mejores directores, pero no era un sueco director de cine. Su habilidad como negociador, su manejo de varios idiomas, y, en especial, del yiddish, fueron factores muy importante, por no decir decisivos, en la carrera de Greta Garbo, a quien, como queda dicho, incluso dio el nombre con que hoy la conocemos.

 

El Contrato con la M.G.M.

Arconada nos relata una curiosa historia según la cual Louis B. Mayer, al que Arconada tiene por director de películas (p. 136), ve, en 1925, en Berlín, casualmente, la película La Leyenda de Gösta Berling, envía una proposición de contrato por telegrama a Greta, a Estocolmo, y ella envía otro de respuesta, aceptando. Parte después del puerto de Estocolmo hacia los Estados Unidos.

Mayer, efectivamente, estaba entonces en Berlín, y probablemente vio la película. Pero también estaban en Berlín Greta y Stiller. Greta, en concreto, rodando La calle sin alegría a las órdenes de Pabst. Según ella, Stiller movió todos sus resortes para hablar con Mayer, y conseguir contratos hollywoodienses para él y ella. Parece ser que Mayer había ido a explorar el mercado europeo en busca de talentos consagrados que pudieran ser rentables para sus estudios. Su único problema era que no conocía a nadie allí. Stiller organizó una fiesta con motivo de la partida de Greta y él mismo de vuelta a Estocolmo, a la que fueron invitados todos los profesionales de la industria alemana del momento. Por otra parte, ofreció (textualmente) un buen fajo de dólares al director del hotel de Mayer por convencer a este de que aceptara la invitación de Stiller a la fiesta. Mayer llamó a Stiller y aceptó. En esa conversación telefónica salió a colación Greta; Mayer dijo no conocerla en absoluto, ni haberla visto jamás en la pantalla.

Consiguieron, tras la fiesta, un contrato de la M.G.M. para ambos. Como curiosidad, los contratos, por un año, estipulaban unas retribuciones semanales de 1.000 dólares para Stiller, y 350 para Greta (que pasarían a ser 500 en los Estados Unidos). Volvieron entonces a Estocolmo, y, tiempo después, el 27 de junio de ese año, se desplazaron hasta Göteborg, desde cuyo puerto partirían juntos hacia Nueva York en un barco llamado S. S. Dröttningholm.

Al igual que Stiller, Mayer tiene una biografía poco clara, salvo en un punto: la procedencia judeo-europea de su familia. (En lo que a Stiller se refiere, me ocupo de este punto más adelante). Era un hombre de empresa, no un hombre creativo, y, aunque cultivó su imagen de cazatalentos y descubridor de estrellas, parece que lo hacía previo informe de sus éxitos anteriores. Así pues, era más un rentabilizador de talentos ya reconocidos y un empresario agresivo que un director de películas.

Haciendo balance: sabe que Mayer estaba en Berlín en 1925, y que la contrató para ir a Hollywood.

En cambio, no sabe que ella también estaba en Berlín, y nos la sitúa en Estocolmo, por lo que el contacto entre ambos es por vía telegráfica. Queda dicho que Mayer no era un director de películas, y, si llegó a ver la película La Leyenda de Gösta Berling, no fue por azar. Stiller, que fue el artífice de todo, no aparece en su relato. Cuando Greta parte hacia los Estados unidos, lo hace desde el puerto de Estocolmo en lugar de hacerlo desde el de Göteborg. Sin embargo, una vez que inician el viaje, dice: Pasan por las costas de Gotemburgo. La cordillera muere en el mar (p. 137).

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TATIANA GAITAN

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Monografía de José Carlos López Torres. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero16/g_garbo.html CopyLeft
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