1525. "Llovió y relampagueó y tronó aquella tarde, hasta media noche, mucho más agua que otras veces. Y desde que fue preso Cuauhtemoctzin quedamos tan sordos todos los soldados, como si de antes estuviera un hombre llamando de un campanario y tañesen muchas campanas, y en aquel instante cesasen de repente de las tañer...", así describe el anónimo de Tlatelolco el día en que el último rey de los aztecas fue preso... Primero fue una llama grande, después cuando ya era nochecita fue una llovizna y vino la niebla... cuando la noche ya era oscura apareció nuevamente el fuego surgido como desde el infinito para ir a morir en la laguna. Cuando llegaron los españoles Cuauhtemoc se rebeló contra su suegro Moctezuma por considerarlo muy servil a los extranjeros, después organizó la defensa... Ya hace cinco años que echó a los europeos de Tenochtitlan, cinco años de la noche triste. Ahora la noche es mucho más triste aún, Tenochtitlan cae junto al jefe azteca... A la ciudad la incendian, a él se lo llevan en la canoa mientras el pueblo llora... Los de barba descargan sus cañones festejando el fuego de la muerte... Los indígenas comienzan su éxodo... por el agua se van, con los hijos a cuesta escapando a la masacre, se van... Algunos se ahogan, otros son muertos por los españoles. Muchos no son vistos y logran escapar, los conquistadores ya están más preocupados con el oro y las piedras preciosas... con el saqueo y la codicia... Noventa y tres días resistiendo. Unos escuadrones en las calzadas, otros en las canoas, otros abriendo trincheras algunos haciendo lanzas, flechas y piedras rollizas para tirar con las hondas... Mujeres, hombres y niños, todos embarcados en lo mismo, todos peleando el futuro... Dominada la ciudad los europeos destruyen los edificios que aún están en pie y luego aplanan el suelo para enterrar todos los cadáveres de una sola vez. Más tarde, sobre las ruinas de Tenochtitlán edificarán la Ciudad de México. Cuauhtemoc y sus amigos Coanacoch y Tetlepanquetzal, caciques que lucharon junto a él, reciben el martirio de la tortura, soportando con dignidad y silencio. Tecuichpo, copo de algodón, joven esposa del rey sufre la suerte reservada a las prisioneras: primero la viola Cortés y luego sus soldados. Los españoles preguntan por el tesoro abandonado cuando huyeron de Tenochtitlan, el día de la noche triste. Cuauhtemoc queda inválido de los pies pero no habla, los otros dos caciques también se mantiene sin decir una palabra... todos callan. Los soldados están nerviosos, reclaman el oro y creen que Cortés lo tiene pero se lo da sólo a sus colaboradores más cercanos. Algunos se alzan y sale a perseguirlos con los hombres que le quedan, se lleva a los indígenas para "asegurarse". La tristeza corre por todo el territorio. Toman la ruta del sureste, atraviesan ríos y llegan a las zonas pantanosas. Hacen, deshacen y rehacen caminos muchas veces. Cuando se aproxima la tropa, los pueblos se vacían, la gente se esfuma sin dejar nada. Se acaban los víveres y empieza el hambre, la sed, el miedo, las enfermedades. y la fatiga. Al llegar a la provincia de Acalan, más tarde estado de Campeche, para descansar... los indígenas deciden cantar su historia recordando glorias pasadas. Los jefes y los otros indios que van en la expedición bailan su areito con alegría... Ríen del destino. El conquistador tiembla, siente miedo al ver la seguridad de sus enemigos... los acusa de conspiración y decide matarlos de una vez. Cuauhtemoctzin y Tetlepanquetzal son colgados del sagrado árbol de la ceiba, los otros son muertos poco a poco: aperreados unos, ahorcados otros... Cuauhtemoc traspasa el fuego de la noche, destierra los nubarrones y se adueña del camino reclamando los mañanas que vendrán... Vendrán con el cura Hidalgo y José Morelos en 1810, con Juárez en el 61 y con Emiliano Zapata y Pancho Villa en 1910. Vendrán con la revolución y se irán... pero seguirán viniendo, aunque no se vean... los mañanas seguirán viniendo...