



Nuestro cerebro está compuesto de dos hemisferios: el izquierdo y el derecho. Por regla general, la educación que nos dan en la escuela privilegia el desarrollo del hemisferio izquierdo, que es la parte lógica y analítica del cerebro. El hemisferio derecho, donde residen la intuición y la creatividad, queda en segundo plano en el desarrollo intelectual del alumno. ¿Resultado? Aprendemos a pensar sólo con un lado del cerebro, y no aprovechamos plenamente la capacidad de nuestro cerebro.
En tanto el lado izquierdo del cerebro se concentra en: el detalle, la mecánico, la sustancia, en blanco y negro, el lenguaje, es lógico, cerrado, cauteloso, escéptico, repetitivo, verbal, analítico y memorioso, el lado derecho se concentra en: la amplitud, la creatividad, la esencia, los colores, es receptivo, artístico, abierto, aventurero, innovador, intuitivo, sintético, espacial y meditativo.
El hemisferio izquierdo y el derecho tienen funciones totalmente distintas, procesan la información de forma diferente, pero son complementarios. Tener éxito depende de que los dos hemisferios cerebrales trabajen en equilibrio y armonía. Así como el ser humano necesita de dos piernas en perfectas condiciones para andar y correr, con el cerebro ocurre algo parecido. Por lo tanto no sólo debe repensarse los contenidos de la educación primaria, secundaria y universitaria, sino que es fundamental mientras tanto reeducar a nuestros directivos y al personal. Entre dos empresas, aquella que posea personal con mayor capacidad intuitiva y creativa tendrá el plus de obtener una ventaja en los mercados.
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