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Lavóme con vino las roturas que con los pedazos del jarro me había hecho, y, sonriéndose decía:
—¿Qué te parece, Lazaro? Lo que te enfermó te sana y da salud.
Y otros donaires que a mi gusto no lo eran.
No es fortuita la elección del vino como elemento del lavatorio. El símbolo moral y religioso se ve cuando se compara con el vino eucarístico. Lázaro que tiene que luchar y hasta robar para vivir será redimido por el vino. En el segundo capítulo el pan que también tiene contornos interpretativos religiosos, reemplazará al vino en este respecto. Cf. Bataillon, Sentido, pág. 17, nota 20, y La vie, pág. 25, nota 25, donde comenta el refrán: "Lávasme la cabeza después de descalabrada" podría haber sugerido este episodio. Con referencia a la frase "Lo que enferma...", Guillén recuerda Deut., 32:39: "Yo hago morir, y yo hago vivir, Yo hiero, y yo curo"; también La Celestina Acto I: "Seguro soy pues quien dio la herida la cura" ( LdT, pág. 143, nota 90).
Las copas son la asignatura pendiente en el servicio de los vinos, a pesar de que representan un elemento decisivo para extraer de ellos el máximo placer. Como prueba, basta fijarse en que son todavía mayoritarios los hogares (y más de un restaurante) donde el agua aún se sirve en la copa grande o donde pervive el uso de copas talladas o coloreadas; incluso quedan restaurantes en los que —basándose en una falsa concepción de lo típico— se sirve aún el vino en vasos cilíndricos. Las características que como amantes del vino debemos exigir a nuestra cristalería son las siguientes:
—Que se trate de copas y no de vasos: ello permite sujetarlas por su tallo o fuste mientras observamos el vino o lo agitamos para extraer sus aromas sin calentarlo con las manos.
—Que estén hechas de vidrio muy fino o de cristal transparente o incoloro, para poder apreciar, con la menor interferencia posible su contenido. [...] Evite las copas de vidrio o de cristal tallado, con dibujos de fantasía o de colores variados. Niéguese a ser servido en una copa que no reúna los requisitos indicados anteriormente.
No comas ajos ni cebollas porque no saquen por el olor tu villanería. [...] Come poco y cena más poco, que al salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago. Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra.
Melibea __ Di, madre, todas tus necessidades, que, si yo las pudiere remediar, de muy buen grado lo haré por el passado conoscimiento y vezindad, que pone obligación a los buenos.
Celestina __ ¿ Mías, señora? Antes agenas, como tengo dicho; que las mías de mi puerta adentro me las passo, sin que las sienta la tierra, comiendo quando puedo, beuiendo quando lo tengo. Que con mi pobreza jamás me faltó, a Dios gracias, vna blanca para pan y vn quarto para vino, después que embiudé; que antes no tenía yo cuydado de lo buscar, que sobrado estaua vn cuero en mi casa y vno lleno y otro vazío. Jamás me acosté sin comer vna tostada en vino y dos dozenas de soruos, por amor de la madre, tras cada sopa. Agora, como todo cuelga de mí, en vn jarrillo malpegado me lo traen, que no cabe dos açumbres. Seys vezes al día tengo de salir por mi pecado, con mis canas a cuestas, a le henchir a la tauerna. Mas no muera yo muerte, hasta que me vea con vn cuero o tinagica de mis puertas adentro. Que en mi ánima no ay otra prouisión, que como dizen: pan y vino anda camino, que no moço garrido. Assí que donde no ay varón, todo bien fallesce: con mal está el huso, quando la barua no anda de suso.
En cualquier caso el precio del vino no se mantenía de ninguna manera constante durante todo el año. Por San Andres, a finales del mes de noviembre, su valor alcanzaba su cota más baja, coincidiendo con la aparición del vino nuevo (Por San Andrés el vino nuevo viejo es) El precio solía mantenerse en estos precios hasta marzo, para ir incrementándose, según las exigencias en bodega, en San Juan, durante la Virgen de Agosto o en vendimias» (Javier Iglesia Berzosa: «Importancia del vino en el desarrollo económico de villa y tierra de Aranda (s. XVI). Estudio de las bodegas» en Biblioteca. 2003, 18, pág. 101).
Yo vivo picaño bien ancho y exento:
ni me pesa la honra, ni frunce el respeto.
Hago yo mi olla con sus pies de puerco,
y el llorón judío haga sus pucheros.
Denme a las mañanas un gentil torrezno,
que friendo llame los cristianos viejos.
Tripas de la olla han de ser, revueltos,
longanizas largas y chorizos negros.
Por ante, la hambre, y por postre, luego,
un ahíto honrado de vaca y carnero.
Dulce no le como, porque no pretendo
volverme yo abeja, ni colmena el cuerpo.
Esteren sus casas estos recoletos
que a la chimenea pasan el mal tiempo.
Vistan de tapices salas y aposentos;
gasten tocadores y grana en el pecho:
que tapiz y esteras todo me lo cuelo,
y cuelgo las salas que están acá dentro.
Los paños franceses no abrigan lo medio
que una santa bota de lo de Alaejos.
Con esto, y Anarda, por sin duda creo
que engordaré a palmos y creceré a dedos.
Y sin pena alguna, vergüenza ni miedo,
si Dios no me mata, moriré de viejo.
Después de yo muerto, ni viña ni huerto;
y para que viva, el huerto y la viña.
Allí conocieron la suavidad del Trebiano, el valor del Montefrascón, la fuerza del Asperino, la generosidad de los dos griegos Candia y Soma; la grandeza del de las Cinco Viñas, la dulzura y apacibilidad de la señora Guarnacha, la rusticidad de la Chéntola, sin que entre todos estos señores osase parecer la bajeza del Romanesco. Y habiendo hecho el huésped la reseña de tantos y tan diferentes vinos, se ofreció de hacer parecer allí, sin usar de tropelía, ni como pintados en mapa, sino real y verdadexamente, a Madrigal, Coca, Alaejos, y a la Imperial más que Real Ciudad, recámara del Dios de la risa; ofreció a Esquivias, a Alanís, a Cazalla, Guadalcanal y la Membrilla, sin que se le olvidase de Ribadavia y de Descargamaría. Finalmente, más vinos nombró el huésped, y más les dio, que pudo tener en sus bodegas el mismo Baco.
[Pinzón se finge médico y dice:]
Yo soy de nación gallego;
mi natural Rivadavia,
el doctor Parra mi abuelo,
gran médico de infusiones,
mi padre el doctor Sarmiento;
yo, que de razón debiera
llamarme conforme aquesto
también el doctor Racimo,
porque no lo consintieron
las aguas de aquel otoño
que las viñas corrompieron,
vine a llamarme en Castilla...ÁNGELA: ¿Cómo?
PINZÓN: El doctor Alaejos.
ÁNGELA: Todos son nombres vinosos.»
GER[arda]: De capellana os tengo de servir: Benedicite...
DOR[otea]:Dominus...
GER.Nos et ea que comituri somos, benedicat Deus in corporibus nostros.
TEO[dosia]: No tanta fruta, Dorotea; que estás muy convaleciente. Deja las uvas.
DOR: ¿Qué me han de hacer? Que ya estoy buena.
TEO: Toma estos higos, Gerarda.
GER.Por ti tomaré uno, que no lo hiciera por el padre que me engendró. Pero es menester que sepas que con el higo se bebe tres veces.
TEO: ¿Quién lo escribe?
GER: El filósofo Alaejos. ¿Pensaste que era Plutarco? Abrole por medio. Dame, Celia, la primera.
DOR[otea]: ¿Qué es eso, tía, que te suena en la manga?
GER[arda]: Un papelillo que estaba encima de la mesa deste caballero magnífico. Pareciéronme versos; y aunque es verdad que soy más aficionada a una bota de Alaejos que a las trecientas de Juan de Mena, por si es cosa que puede aprovecharte, me le puse en la manga. Léemele, por tu vida.
SOLANO: Jaramillo, éste tu amo
debe de ser hechicero,
escolar o nigromante;
porque aquellos embelecos
y aquestas transformaciones,
¿quién las hace sino aquellos
que andan de viga en viga
y vuelan de techo en techo?,
y si es así, Jaramillo,
dile que yo se lo ruego,
que no me convierta en ganso
sino en vino de Alaejos.
OBREGÓN: ¿Hay bota?
CAÑIZARES: Con munición
de Alaejos.OBREGÓN: Esa afrenta
tome Medina a su cuenta,
pues solos sus vinos son
los monarcas de Castilla.CAÑIZARES: Y a fe que en fe de su vino
dicen que Baco es vecino
de esta populosa villa;
más todo lo forastero
suele ser más estimado.OBREGÓN: ¿Qué hay más?
CAÑIZARES: Conejo empanado
y una pierna de carnero,
tan tachonada de clavos,
y para que en más se precie,
ojalada con la especie
villana por todos cabos
que se juntan las Molucas
en ella con Alcalá
di Henares.OBREGÓN: Cógense allá
robustos ajos.CAÑIZARES: Caducas
suspensiones de la taza
que tiemblan de puro añejas,
con un jamón, que en guedejas
se deshile, harán la plaza
que se te ande alrededor.
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