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Representaciones sociales - Ideas previas, actitud hacia la ciencia y representaciones sociales

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Creative Commons Monografía de Liliana Hebe Lacolla - 11 de Noviembre de 2006
Temas Relacionados: Ciencias socialesPedagogía
5. Ideas previas, actitud hacia la ciencia y representaciones sociales

Como se ha dejado planteado, en la pequeña sociedad que es el aula de clase también puede ser aplicada la teoría de las representaciones sociales. En mi experiencia como profesora de Ciencias de la Naturaleza, y a partir de las nuevas tendencias en su Enseñanza, me he interesado por las concepciones que los alumnos tienen acerca de algunos aspectos del área.

Dentro de esta línea he leído las investigaciones existentes y también tratado de detectar en mis alumnos sus "concepciones alternativas" respecto de algunos temas, en forma previa a su primer contacto formal con ellos en las aulas. Entre estos conceptos me preocupé, por ejemplo, en analizar qué entienden los alumnos por "ácido" y de qué manera su concepción interfiere en la construcción de este concepto desde el punto de vista científico.

Por otro lado, me han interesado también las propuestas didácticas que, basadas en una visión CTS (que busca relacionar la enseñanza de las Ciencias con la Tecnología y la Sociedad), tratan de revertir en los años ´70 el marcado descenso detectado en la matrícula de carreras científicas. Este enfoque, desarrollado por investigadores de Inglaterra, Alemania y Estados Unidos, atribuye la disminución en las carreras de corte científico a la "mala imagen" que la ciencia adquiere en el marco social a partir de los años ´60.

El hecho de tomar contacto con una teoría de origen sociológico como es la de Representaciones Sociales me permite interpretar los estudios anteriores según la mirada de esta línea de investigación, con la posibilidad de integrarlos bajo una misma óptica.

Ideas previas

A partir de la década de los ochenta, con "Ideas previas en la infancia y en la adolescencia" de Rosalind Driver (1985) comienza un verdadero catálogo al que recurren los profesores de ciencias para saber lo que sus alumnos piensan acerca de ciertos hechos o leyes científicos, antes aún de haber tomado contacto con las aulas. Posteriormente se comprueba que estas ideas persisten aun después de la educación recibida en el ámbito colegial, lo que habla de su estabilidad y resistencia al cambio, incluso luego de extensos períodos de instrucción escolar. Se plantean entonces estrategias didácticas específicas a fin de lograr el cambio conceptual (Gil, 1996), generando una línea de la didáctica de las ciencias que acepta que gracias a la resolución de los conflictos cognitivos que resultan de las contradicciones entre ideas previas y ciencia escolar surge la construcción de los conceptos científicos en los niños.

Aparecen así estrategias de aula, en las que se vuelve habitual que el joven explicite sus ideas intuitivas al plantear sus propias hipótesis ante fenómenos que le presenta el docente y que no pueden ser explicados desde las teorías por él sustentadas, provocándose un conflicto. Puede encontrarse una evidente relación entre el cambio de paradigma de los científicos que propone Kuhn (1962) luego de una crisis y el cambio conceptual que se intenta provocar en los alumnos. En ambos casos, la suma de anomalías (que en el aula suelen ser evidenciadas por la intervención docente) llevará a una insatisfacción que provoque la búsqueda de una nueva teoría que permita explicarlas. Esta perspectiva didáctica que recurre al mecanismo de generar en el alumno incapacidad para explicar algún hecho o tema en función de sus propios conocimientos es tomadas como punto de partida de muchos autores, dentro de los que pueden ubicarse las primeras propuestas de Posner y colaboradores.

En una investigación que realizara con una colega en el año 1999, analizábamos en un primer informe de avance, los resultados obtenidos a partir de los instrumentos aplicados para evidenciar el marco conceptual con el que arriban los alumnos a sus clases de ciencias. Afirmábamos entonces que sus preconcepciones dificultan la comprensión de conceptos químicos y biológicos, y que estos constructos que adquieren el status de teorías alternativas se han articulado a partir de diferentes experiencias de aprendizaje, sean estas escolares o no.

En aquella ocasión se quisieron analizar ciertas ideas previas que dificultan la posterior construcción de conceptos químicos y biológicos por parte del alumno, como por ejemplo qué entienden los jóvenes por el concepto "ácido" y en qué sitios ellos creen que es habitual encontrar estas sustancias. Se detectó en este sentido que los estudiantes encuestados suponen que no pueden pertenecer a la misma categoría de "ácidos" las sustancias que aparecen en los seres vivos y los que se encuentran en cualquier laboratorio experimental. En este sentido algunos justificaron su creencia diciendo que “si fueran los mismos ácidos dañarían el cuerpo”. Aquí se demuestra la imagen con la que los estudiantes representan este concepto ya que si ellos creen que el ácido es dañino y quema, no lo pueden tener en su organismo, en la cocina o en las plantas.

Se hacía referencia también a que existen en los alumnos ciertas ideas estereotipadas (que ahora re-definiría como representaciones sociales) tales como que los ácidos “son mal olientes", "son peligrosos", "queman" y que estas ideas no permiten dar lugar a la construcción del concepto científico. Es decir, dificultan el logro de una concepción más amplia, que incluya ácidos orgánicos presentes en las frutas, los que se ingieren cotidianamente; o los que están presentes en nuestro organismo y que son indispensables para la vida - tales como jugos gástricos, ácido láctico y ADN. En ese estudio se hacía referencia a la necesidad de tener presentes estas ideas para plantear las estrategias didácticas que lleven a una construcción del concepto ácido válida para el campo de la Química (Inorgánica y Orgánica) tanto como para el de la Biología. (Catebiel, V. y Lacolla, L. 1999).

Es evidente que podrían entenderse mejor algunas características de las "ideas previas", por ejemplo su resistencia al cambio, si se analizan a la luz de la teoría de las representaciones sociales y el proceso que permite el enraizamiento de estas ideas.

Ideas previas y representaciones sociales

Se ha planteado más arriba que el conocimiento “espontáneo” o “ingenuo” de nuestros alumnos, que suele conocerse como ideas previas o preconcepciones, se asocia claramente con las representaciones sociales.

Al igual que lo describe Jodelet para el caso de las representaciones sociales, puede decirse que las ideas previas se constituyen a partir de nuestra propia experiencia para permitirnos interpretar los fenómenos del mundo cotidiano. Pero también se conforman a partir de las informaciones, conocimientos y modelos de pensamiento que recibimos y trasmitimos a través de la tradición, la educación y la comunicación social.

Pozo (1998) identifica diferentes orígenes para las ideas previas y por eso distingue las que poseen origen sensorial, social y cultural. En el caso de las preconcepciones de origen cultural, la procedencia de las mismas es justamente el entorno social y cultural del alumno, de cuyas ideas se impregna. En esta visión, el estudiante llega a las aulas con una cultura, es decir con una serie de creencias compartidas por el grupo social al que pertenece, que le han sido socialmente inducidas sobre numerosos hechos y fenómenos. Así podemos descubrir que las concepciones alternativas que nuestros alumnos presentan acerca de ciertos conceptos científicos, aún antes de haber tenido un acercamiento formal a los mismos, provienen de la representación construida socialmente difundida a través de los medios de comunicación y divulgación. A este respecto, Pozo encuentra que en la "sociedad de la información" en la que vivimos, los medios desempeñan una función cada vez más relevante en la difusión de ciertas concepciones alternativas, ya sea a través de su intento de divulgación como por medio de la publicidad.

Así puede decirse que las representaciones sociales tanto como las ideas previas, son conocimientos socialmente elaborados y compartidos. En ambos caso puede observarse que se trata de un conocimiento práctico que permite dar sentido a los acontecimientos y actos que finalmente terminan por resultarnos familiares, participando así en la construcción social de nuestra realidad.

Evidentemente en esta visión se entiende que no hay un conocimiento universal en ciencias y que por lo tanto cada alumno construirá los conceptos de un modo muy alejado de la tabula rasa de Aristóteles. Por el contrario, su pertenencia a una sociedad particular hará que haya una forma peculiar en que ese sujeto pueda aprender los conceptos, y que no solamente la escuela será el medio para hacerlo. Es decir, el docente que posee una visión actualizada de la enseñanza, tiene presente que ciertas representaciones sociales sobre el conocimiento científico a enseñar podrán incidir sobre el modo en que los alumnos realicen un aprendizaje significativo.

Por otro lado, debemos recordar que hay conceptos científicos que en el lenguaje cotidiano poseen un significado diferente que en los modelos científicamente aceptados como correctos. Así, resulta habitual que los alumnos posean, por ejemplo, una representación del concepto "ácido" como una sustancia corrosiva y agresiva y esta visión actúa como una idea previa que el docente debe tener en cuenta para abordar el estudio de los numerosos ejemplos de ácidos importantes desde el punto de vista bioquímico que no encajan en esta concepción.

Evidentemente preconcepciones como esta pueden entenderse a la luz de la teoría de las representaciones sociales, ya que es en el seno de una cierta sociedad o status social (y el aula de clase también reviste esta categoría) adonde se originan, mediante un mecanismo de objetivación y anclaje. Con la ayuda de la psicología social es posible explicar la forma en que se conforman y difunden estas concepciones de origen cultural y social.

Recordemos que en primer lugar, las teorías científicas al darse a conocer por medio de la difusión quedan reducidas a esquemas simplificados que generalmente se condensan en una imagen. Como se ha planteado, este paso se conoce como proceso de esquematización. Existe luego un proceso de naturalización por el cual los individuos entienden que esas construcciones sociales forman parte de la realidad, son hechos naturales. Además se produce la interiorización por la cual cada individuo se apropia de los productos culturalmente elaborados y los hace propios. Mediante esta suma de procesos, el conocimiento científico se transforma en conocimiento social y adquiere la forma simplificada de esquemas y reglas de conocimiento.

Al analizar este proceso se hace evidente que, como dice Moscovici (citado por Jodelet, 1986), la ciencia es la fuente de las representaciones. El mundo científico es inaccesible al individuo no "ilustrado" y por esta causa, sólo puede tener acceso a esta suma de ecuaciones y conceptos expresados con símbolos si logra traducirlos a términos familiares. Cuando existe un hecho que impacta a la población, como es el caso de una bomba atómica o de un hecho de contaminación del suelo o el agua, se produce un acercamiento de los neófitos a los temas científicos. Para Moscovici, el único modo de comprender el impacto de la difusión de los conocimientos científicos y tecnológicos en el medio sociocultural es el estudio de las representaciones sociales.

Quizás un mecanismo similar sigue la construcción de los conceptos científicos que pretendemos enseñar a nuestros alumnos en el medio social del aula. Y si se considera esta posibilidad, es claro que la propuesta de un cambio conceptual en el aprendizaje de la ciencia sólo se puede lograr rompiendo previamente con las nociones de sentido común, que generalmente no son más que representaciones sociales.

Por ejemplo las ideas sobre salud y enfermedad, nutrición, reproducción, medio ambiente, cambio climático, etc. que poseen nuestros alumnos son adquiridas y compartidas por la sociedad de la cual provienen (provenimos). Al ciudadano medio toda esta información de origen científico le llega por los múltiples canales de difusión que lo bombardean (televisión, radio, periódicos, Internet, etc.) y tiene necesidad de "asimilarla". El hombre corriente intenta entonces reproducir el contenido de las ciencias para obtener un conocimiento de sentido común que le sea de utilidad. Y en este proceso es donde se engendran las representaciones sociales. Por tal motivo Pozo y Gómez Crespo (1998) afirman que los conocimientos de sentido común (ideas previas), son frecuentes en ciertas áreas del conocimiento biológico que suelen ser culturalmente más significativas para el ciudadano medio.

Moscovici (1986) dice al respecto: "cada vez que aparece una nueva teoría y capta la imaginación, observamos como miles de personas hablan de ella, intentan comprender su significado y en qué las concierne." Recordemos que detrás de las llamadas ideas de "sentido común" se encuentra un cuerpo de conocimientos al que los individuos normalmente recurren cuando desean comprender el mundo en que viven.

Por lo tanto, nuestros estudiantes, como sujetos de una realidad sociocultural, llevan al aula las representaciones que han sido forjadas en su sociedad de pertenencia acerca de muchos conceptos que se han filtrado por múltiples canales de comunicación y difusión. Y, como puede apreciarse, aunque las representaciones sociales se manifiestan en diferentes dominios del conocimiento, en la enseñanza de las ciencias químicas o físicas así como en la enseñanza de la biología o la educación para la salud deben ser muy tenidas en cuenta.

Si consideramos que las RS son base de concepciones alternativas fuertemente arraigadas en la mayoría de nuestros estudiantes, podemos interpretar por qué ellas pueden interferir con el aprendizaje de los conceptos científicos.

Cambio actitudinal

A partir de la reforma educativa que se aplicó en Argentina en 1994, comenzó a hablarse cada vez con mayor fundamento de los contenidos actitudinales como potencialmente evaluables a lo largo del proceso educativo. Apareció así la necesidad de determinar qué es una actitud así como también qué circunstancias educativas promueven las actitudes positivas en los alumnos. También comenzaron a realizarse en las últimas décadas numerosas investigaciones por parte de especialistas en enseñanza de las ciencias en la búsqueda de encontrar la causa de cierta actitud negativa en los estudiantes hacia el aprendizaje de las ciencias.

Como se ha dicho, existen investigaciones que han detectado que el interés de los alumnos por las ciencias, decrece notablemente al avanzar en el sistema de escolarización. En algunos países la gravedad del problema es tal que el estudio de las actitudes de los estudiantes se ha convertido en una línea prioritaria de investigación en los últimos años (Simpson et al., 1994). Hay quienes afirman que es necesario realizar un análisis de las características de la enseñanza de las ciencias y, muy en particular, de las visiones empobrecidas y deformadas que proporciona frecuentemente la enseñanza escolar de la actividad científica (Gil et al., 1991; Porlán, 1993) y que no favorece en los estudiantes una actitud favorable al estudio de las ciencias. Por otro lado, para ningún profesor de ciencias resulta novedoso plantear que la existencia de un clima de aula actitudinalmente positivo es indispensable para favorecer un aprendizaje significativo (Ausubel et al., 1976) y para desarrollar intereses en el aprendizaje de la Química.

Por otro lado, muchos investigadores manifiestan que aunque es frecuente oír por parte de los docentes que los estudiantes llegan desmotivados y sin interés a la clase de ciencias; es difícil hallar en los programas referencias directas o indirectas a objetivos o actividades de tipo actitudinal que ayuden a revertir este problema (Furió y Vilches, 1997).

Pero en definitiva, tanto los investigadores como los docentes son conscientes de que la actitud que un sujeto tiene hacia una disciplina, en este caso particular las Ciencias, reviste una decisiva importancia para el logro de la necesaria motivación en el aprendizaje de la misma. Y con razón se afirma que la adquisición de una actitud positiva o negativa hacia un objeto tiene que ver con lo que el objeto evoca: afecto, juicio, intenciones de acción.

Representaciones sociales y actitud hacia las ciencias

Por lo visto son variados los hechos e investigaciones en enseñanza de las ciencias que pueden ser explicados bajo el enfoque de las representaciones sociales. Para Moscovici (citado por Ibañez 1988) por ejemplo, existen tres ejes en torno a los cuales se estructuran los componentes de una representación social: la actitud, la información y el campo de representación.

La actitud es definida por este autor como la disposición más o menos favorable que tiene una persona hacia el objeto de la representación y por lo tanto expresa la orientación evaluativa en relación con ese objeto.

Moscovici afirma que en los diferentes grupos socioculturales, condicionados por su posición, jerarquía, grado de información y otras variables que se ponen en juego, son diferentes los universos de opinión que se manejan y por lo tanto la actitud favorable o desfavorable respecto del objeto de representación.

En general, diferentes estudios de psicología social definen a la actitud como una organización relativamente duradera de creencias (inclinaciones, sentimientos, prejuicios o tendencias, nociones preconcebidas, ideas, temores y convicciones) aprendidas acerca de un objeto, situación o experiencias dadas, las cuales predisponen a reaccionar de una manera determinada. Es decir que podemos considerar a la actitud como la predisposición de una persona a reaccionar favorable o desfavorablemente hacia un objeto, que puede ser una cosa, otra persona, una institución, lo cual evidentemente puede provenir de la representación social que se ha construido acerca de ese objeto (Moscovici, 1989; Escudero, 1985).

En general, se puede resumir que se identifica el concepto de actitud con la disposición o inclinación hacia alguien o algo, previa valoración, que se hace operativa en motivación y disponibilidad para realizar acciones de aceptación, rechazo, indiferencia u otras afines con la valoración (Pozo y Gómez Crespo, 1998).

Del análisis de esta definición se deduce que en las actitudes coexisten: un componente cognitivo, un componente afectivo y derivada de los anteriores surge la valoración, de la que resulta un componente de acción que conlleva determinados comportamientos, acciones, conductas, omisiones, etc. (Rabadán Vergara y Martínes Geijó, 1999). Aunque la conducta de un individuo particular puede servir para inferir una determinada actitud, no debe olvidarse que puede estar condicionada por múltiples variables.

De lo dicho, puede asumirse que la actitud de los estudiantes respecto de la ciencia proviene, en parte, de una representación social que tienen de la misma y que ha sido aprendida por su pertenencia a una sociedad determinada en determinado momento. Es decir, que las actitudes son adquiridas, y por lo tanto la cognición interviene en su incorporación, por lo que se puede admitir que la aparición de una actitud depende del aprendizaje social que se realice en ese sentido.

En este marco se puede señalar que las actitudes implican una interrelación persona-persona o persona-objeto, ya que no se autogeneran psicológicamente, sino que se forman o aprenden desde referentes identificables (personas, grupos, instituciones, objetos, valores, asuntos sociales o ideologías). Como se puede deducir, la relación entre personas y objetos no es neutral sino que implica una motivación afectiva derivada del contexto social.

No resulta fácil establecer algunas de las variables que se relacionan o interaccionan con un individuo para establecer una actitud determinada, dentro de las cuales algunos autores señalan la autoestima, el sexo, las circunstancias familiares, el aspecto social, económico, cultural, estrategias didácticas, ambientes escolar, etc. las cuales, muy seguramente determinan nuevos matices en estas características (Escudero, 1985).

Pero fundamentalmente, la actitud tiene como base la representación social que ese determinado grupo socio cultural forma acerca de una situación o concepto, por lo que podría explicarse la actitud negativa hacia la ciencia comentada anteriormente como el resultado de una representación social que se ha ido construyendo acerca de la ciencia y sus implicancias. Existen en la bibliografía gran variedad taxonómica de actitudes hacia la ciencia, debido a que cada autor ha fijado sus propios criterios al estudiar actitudes muy específicas. Además aparecieron diversas propuestas didácticas enmarcadas en el enfoque CTS (Ciencia, Tecnología y Sociedad) que han tratado de revertir la actitud desfavorable hacia las ciencia evidenciada por los estudiantes.

A partir de las diferentes reformas educativas iniciadas en los últimos años en numerosos países iberoamericanos, resulta para todos aceptable que el desarrollo de actitudes en los alumnos exige que los contenidos actitudinales se reconozcan explícitamente como una parte constitutiva de la asignatura. Estos contenidos actitudinales deben promover no sólo actitudes y conductas específicas, sino también normas que regulen esas conductas y valores que permitan sustentar e interiorizar en los alumnos la forma de acercarse al conocimiento (Pozo y Gómez Crespo, 1998).

Por otro lado, ciertos estudios en el aula han mostrado que la representación que elabora un grupo sobre la tarea que debe realizar define actitudes, objetivos y métodos específicos para sus miembros. Por ejemplo, si la percepción que se tiene acerca de las tareas escolares las presenta como demasiado por encima de sus capacidades, éstas se transforman en obstáculos insalvables. Con la mención a este hecho se quiere demostrar de qué manera una representación puede incidir directamente sobre el comportamiento social y la organización del grupo, llegando a modificar su propio funcionamiento cognitivo. Por lo dicho, se advierte que el papel de las representaciones sociales en la enseñanza es tan importante que para Jodelet (op cit) el rendimiento de los sujetos frente a cierta tarea es diferente según la representación que ellos mismos tengan de la situación: “su rendimiento es mayor cuando su representación concuerda con el ejercicio que deben realizar y menor cuando no concuerda con él”. Esto puede explicarse si se entiende que la representación que elabora un grupo sobre la tarea que debe llevar a cabo define los objetivos y por lo tanto los procedimientos que este grupo de individuos debe poner en práctica. Un mismo hecho puede ser situado y analizado dentro de diferentes marcos de referencia y por supuesto de esta contextualización dependerá la forma en que reaccione este grupo social ante este hecho particular.

Si se considera como valor instrumental, deseable en todo ciudadano la generación actitudes positivas hacia las ciencias, es lógico pensar que su desarrollo debería incluirse como finalidades y objetivos del currículum escolar. Y que deberían encararse muchos más estudios tendientes a determinar el modo en que las representaciones que generan la actitud se construyen y evolucionan para poder planear estrategias didácticas efectivas.

Autor y licencia de 'Representaciones sociales - Ideas previas, actitud hacia la ciencia y representaciones sociales'
Liliana Hebe Lacolla Extraído de: http://revista.iered.org/v1n3/html/llacolla.html

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