El profesor Brunelli, en un viaje sin retorno salió de Italia, su patria, cruzó el Atlántico, desembarcó en el puerto del Callao, y desde aquel momento su vida cambió diametralmente. Aldo Brunelli quedó hechizado por la belleza arquitectónica de la ciudad de Lima, por sus callejas viejas, su simbolismo histórico, la ambigüedad de su clima, por el otoño perenne y gris, por su tímida garúa y sus balcones coloniales.
Aldo Brunelli se declaró novio de Lima, "La Ciudad de los Reyes" y decidió restaurarle su señorío colonial. Él dejó atrás su pasado italiano y se aferró aplicadamente al paisaje limeño, quiso reconstruirle su historia, perennizar su belleza, y en su desesperación enamorada por devolverle el pasado a Lima, Brunelli al mismo tiempo se estaba re-inventando su propia historia, la misma que dejara abandonada al cruzar el Atlántico.
Brunelli entonces, se construye una historia, se establece en Lima, se casa, tiene una hija, al poco tiempo queda viudo, se atribuye un gran amor: Lima, diseña su propio espacio de juego en el mundo y lamentablemente también decide la suerte de su hija. El azar, digámoslo así, es quien "arroja" a Brunelli al continente americano, al Nuevo Mundo donde comenzará su nueva vida. En realidad desconocemos las razones que tuvo Brunelli para emigrar, pues es uno de los datos escondidos de este drama. Brunelli, como el ''Dasein" de la filosofía de Heidegger, está en el mundo lo cual es su modo de ser. El profesor Brunelli, como el "Dasein, puede vivir "auténtica" o "inauténticamente" y Brunelli existe en el modo de la autenticidad.
La teoría de la autenticidad de Heidegger está referida a la vida moral. Brunelli lleva una vida auténtica porque lucha por lo que cree justo y desde esta perspectiva es un ser con conciencia moral. Desde la perspectiva marxista, sin embargo, representada por el discurso de Huamaní que comparte Ileana, el comportamiento del profesor Brunelli es más bien inmoral porque privilegia de alguna manera el arte y de esta forma elude su compromiso con la realidad socio-económica de un país tan pobre y en vías de desarrollo, como el Perú.
El profesor rememora una antigua conversación con Teófilo Huamani cuando éste intentaba pedirle la mano de su hija: " Porque yo no apoyo su campaña. Porque, para mí los balcones representan la opresión." (p. 84) Más adelante en la conversación Teófilo Huamani le explica desafiante al profesor las razones por las que repudia los balcones:
"Los hijos de los conquistadores siguen despreciando a los hijos de los conquistados. Cuatrocientos años después, los abusos de la conquista continúan. Para que esto cambie, tenemos que sacudirnos de encima ese pasado. ¡Tenemos que quemar estos balcones, profesor!(p. 85)
Teófilo Huamani le increpa al profesor el hecho de que no apruebe su relación con Ileana:
"Si no es porque soy pobre, será porque me llamo Huamani y porque soy un indio. Será porque alguien nacido en una comunidad campesina, que tuvo que luchar con uñas y dientes para educarse, no es un buen partido para su hija". (p. 87)
Volvamos a la filosofía existencialista heideggeriana, donde la pregunta por el ser es la pregunta que le interesa a Heidegger, y sólo tiene sentido en la pregunta misma, en el ente único capaz de formular la pregunta sobre él, que es el hombre a quien Heidegger llama "Dasein" o "ser-aquí". El "Dasein" se presenta como apertura o salida al encuentro del ser.
Esta salida es un trascender desde la "nada", como un "estar en el mundo", un "quehacer" y un "proyecto", y en definitiva como una existencia y temporalidad finita.
Según Martin Heidegger, el "estar-en-el mundo", que es como encontramos al "Dasein", es siempre "estar-caído". El horizonte más indicado para comprender el ser es el tiempo, por eso los seres humanos deben ser entendidos en su historicidad, en su contínua transformación.
Es precisamente así como encontramos a Brunelli, aferrándose a la historia, transformando su discurso sin claudicar jamás a sus principios. Brunelli, así como el "Dasein", escoge su propia existencia, una vez "arrojado" al mundo...
Brunelli edifica su propia vida a partir de su "caída", y la intenta construir auténticamente a través del "cuidado" que constituye el ser del "Dasein". Recordemos que la esencia del "Dasein" reside en su existencia y su estado básico es "estar-en-el mundo". Es decir, el "Dasein" es en la medida en que está en el mundo; porque el "Dasein" es un existente en cuyo ser "le va su ser". No hay "Dasein" ni historia sin el ser.
El "Dasein" o "ser aquí" representa para Heidegger el "a-priori" o trascendental existencial y necesario para la develación o patencia del ser del ente.
Aldo Brunelli es fiel al llamado del "cuidado", cuyo sentido ontológico- de acuerdo a Ferrater Mora, en su Diccionario de Grandes Filósofos- es la temporalidad. El llamado del "cuidado" es la "vocación" a la cual el "Dasein" puede o no respetar. Brunelli respeta su "vocación", y por eso decimos que es fiel al llamado del "cuidado". Aldo Brunelli está "preocupado" por su propia posibilidad de "ser-en-el-mundo".
A través de la angustia", Brunelli, como el "Dasein", comprende su nihilidad ontológica -como dice Ferrater Mora-, y tiene la posibilidad de levantarse de esa"caída". Porque la angustia le dice al hombre algo y en particular a Brunelli, le dice su "nada". Brunelli se angustia cuando se le cierran sus horizontes vitales, cuando el mundo moderno, el mundo de la técnica y del progreso destruye el símbolo de la autenticidad de Lima que para Brunelli son los balcones coloniales. Aldo Brunelli se concentra en devolverle a Lima la "autenticidad" perdida para que así, su popria existencia también tenga "autenticidad".
El profesor no se desespera cuando en nombre del progreso siguen echando abajo los balcones coloniales porque todavía tiene esperanzas de rescatar más balcones, de convencer a más gente del valor histórico de los mismos. Brunelli se entrega a la angustia cuando el discurso de su hija no tiene ninguna conexión con sus sueños y es más un reproche terrible por haber dispuesto y dispuesto mal el tiempo de su vida.
Brunelli se angustia cuando el mundo ya no es capaz de ofrecerle nada, cuando su confianza en el mundo se rompe, cuando descubre su propia "nada". No hay en realidad un objeto de angustia "per se", es la misma "nada" la que origina su angustia. Por la angustia Brunelli queda a la "intemperie", expuesto y "arrojado" más que nunca. Esta angustia individualiza a Brunelli; todo carece de interés ahora para él; ya nada es importante, ni su causa, ni sus cruzados, ni aun sus balcones coloniales. Brunelli queda remitido a sí mismo y ahí se enfrenta a su "nada". La "nada" es lo que constituye y da sentido al ser del "Dasein". El no ser otras existencias constituye a cada existencia. Brunelli es Brunelli porque no es nadie más.
Es a través de su angustia, que Brunelli como el "Dasein" heideggeriano, comprende su nihilidad ontológica. La angustia "de-vela" el ser del "Dasein" o existencia desde su raíz de la nada que la constituye y desde la nada que la cierra como un "ser para la muerte". En la filosofía de Heidegger el ser está ligado al nihilismo. El "olvido" del ser en el ente constituye la esencia del nihilismo en Heidegger. El ser o manifestación del ente no puede hacerse sino desde el "olvido", o la nada del ser. Desde esta nada emerge el ser o develación del ente. La verdad consistiría en sacar de su "olvido" u ocultamiento al ser del ente. La verdad consiste en ese tránsito de lo óntico a lo ontológico; o lo que es lo mismo del ente al ser.
Brunelli decide terminar su tiempo en el mundo cuando tiene la primera gran duda acerca de la autenticidad de su vida y de su empresa. El profesor Brunelli, ante su caída tan definitiva, sólo piensa en la muerte como su única posibilidad, como la posibilidad por excelencia; una posibilidad totalizadora. En el diálogo de Platón; "El Fedón", la muerte se presenta como una liberación del cuerpo, es asumida como libertad. De la misma manera, sólo con la muerte o finitud completa, la posibilidad más insuperable, la vida de Brunelli recuperará su autenticidad. Ante la inminencia de la muerte, en tanto única salida para la personalidad de Brunelli, se configura, a través de la angustia, el sentido de su vida. Si Brunelli se angustia es porque es mortal.
La muerte es una amenaza constante a la cotidianeidad, es posible a cada instante y Brunelli sin embargo decide diseñar su propia muerte, tal y como diseñó su vida; en total libertad. Brunelli planea quitarse la vida y antes de eso piensa quemar sus setenta y ocho balcones.
Como Albert Camus dijera en su ensayo titulado "El mito de Sísifo": "Sólo hay un problema filosófico verdaderamente serio: es el suicidio" (p. 1). Desde esta perspectiva, Brunelli sería el filósofo por excelencia, porque se plantea la pregunta fundamental de la filosofía y encuentra además una respuesta y de acuerdo a ella decide actuar consecuentemente. Brunelli, opta por el suicidio después de pensar mucho acerca de su penosa circunstancia.
Ileana tiene también un discurso existencialista, ella misma explica su destino: "Como hija del profesor Brunelli, qué me queda. Estoy condenada a ser idealista". (p. 35)
Estas líneas de Ileana nos recuerdan aquellas de Sartre: "el hombre está condenado a ser libre". Ileana siente la angustia del tiempo malgastado, la desesperación ante la certeza de estar viviendo una quimera absurda. Ileana está "arrojada" a su suerte porque la madre le dejó al morir una carta pidiéndole que cuidara de su padre. Ileana intenta escapar de su destino impuesto, tan pronto como ve claras sus posibilidades. Es ella quien seduce a Diego, es ella quien lo convence para salir del país. Ileana se rebela ante su vida inauténtica, la conciencia de la temporalidad la apabulla; ve irse con horror su niñez y juventud y en medio de su angustia, convierte a un sujeto, a Diego, en objeto para su salvación; lo utiliza para huir de su cotidianeidad, de su destino forzado. Ileana tomará después las riendas de su propio destino, construirá ella misma sus horizontes de mundo, vivirá o intentará vivir una existencia "auténtica", ella se "hará a sí misma" también. A Ileana sólo le importa el pasado que le fue impuesto en la medida en que le sirve para denunciarlo. Ella cree en el futuro porque ella misma se lo está configurando. Para que Ileana pueda acceder a su futuro necesita antes exorcizar su pasado y en un discurso catárquico le reclama a su padre entre otras cosas:
"Haberme hecho vivir en este cementerio. Haberme hecho creer que estos balcones iban a resucitar. Los dos sabíamos que era una quimera y, sin embargo, hemos vivido como pobres diablos, gastando todo lo que ganabas en estos cadáveres. No sólo invertiste en ellos tus suelditos de profesor. También, la niñez que no tuve. La carrera que no pude estudiar. El trabajo que que me hubiera hecho independiente". (p. 99)
Brunelli realiza la primera parte de su muerte al quemar sus setenta y ocho balcones y precisamente escoge un balcón colonial en la esquina de una casa abandonada para terminar con su vida. Brunelli está sumido en la melancolía que la perspectiva de la muerte le produce, y quema con inenarrable dolor sus balcones que son sus tesoros, su razón de vivir. Más allá de la melancolía y la nostalgia, Brunelli siente en el alma el amargo sabor del fracaso. Cuando Brunelli ya está preparado para su muerte, otro ser marginal; un borracho de condición económica humilde que camina sin rumbo, se interpone en su destino:
"Un consejo, antes de irme. No se ahorque. A pesar de todo, la vida vale la pena. Se lo dice alguien con el que esta ciudad de mierda ha sido muy ingrata." (p.17)
Brunelli está muy descorazonado para interrumpir sus planes, sin embargo el balcón que Brunelli escogió para su muerte estaba demasiado apolillado como para resistir su peso y por tanto se desplomó. El borracho y el azar vestido de balcón salvan a Brunelli. El borrachito con su humor popular, su visión pragmática de la vida y su participación en la ficción de Brunelliconmueven al profesor que aunque anciano, todavía desea darle "autenticidad" a su vida. Aldo Brunelli empieza a hacer planes nuevamente:
"La cruzada ha experimentado una merma, con la partida de mi hija y de mi yerno. Y con este malhado incendio. Habrá que recomenzar desde cero. Usted y yo seremos la semilla. La cruzada rebrotará como los árboles después de la poda: más fuerte que antes. Creceremos, formaremos un ejército de soñadores. Devolveremos a Lima la gracia y la majestad que le corresponden por tradición y por historia...." (p. 116)
Los balcones coloniales, detenidos en el tiempo son un símbolo diacrónico en la obra, son ahistóricos según los ingenieros, políticos, y arquitectos que desean echarlos abajo. El signo diacrónico sería la propia ciudad de Lima, no la ciudad que la memoria romántica de Brunelliconserva, sino la Lima real, la que varía con los tiempos, la que se adapta al mundo moderno de la técnica y del "progreso", la novia infiel que ha traicionado a Brunelli, la que ignora el arte según el profesor, la ciudad sin alma como termina llamándola Brunelli sumido en la desesperación y el desasosiego.
Brunelli intenta involucrar al borracho que cambia su destino, en su empresa salvadora de balcones. Brunelli desea explicarle al borracho marginal los mensajes secretos que según él, los artesanos peruanos que construyeron los balcones coloniales dejaron plasmados en ellos, una suerte de código arcano para ser descifrado por los peruanos del futuro.
El borracho no comprende el discurso de Brunelli; pero se apiada de éste y le ayuda a levantarse de su "caída". El borracho es un buen representante del "hombre-masa", el que vive sin cuestionarse, que acepta la vida tal cual, que sólo protesta ante su destino haciéndose daño a sí mismo, a través del alcohol. El borrachito se solidariza con la miseria existencial del profesor a quien no conoce. Los dos son seres marginales que no tienen nada que perder.
Brunelli recupera las ganas de vivir mientras planea hacer del borracho su ayudante en la nueva cruzada que iniciará pronto. ¿Acaso Don Quijote y Sancho se hayan re-encarnado en una noche de bruma en los arrabales oscuros del Rímac, convertidos en el profesor y el borrachito?