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San Agustín de Hipona - Doctrina

(10 opiniones)
Monografía creado por Diego Javier Bustamante Bustamante
07 de Marzo de 2007

4 - Doctrina

DOCTRINA


FE Y RAZON


En este estadio abarcaremos el estudio del pensamiento agustiniano, las profundizaciones de Agustín fueron fe y razón, motivo de su método. A la edad de diecisiete años adoptó según él mismo un planteamiento equivocado, influido por el maniqueísmo en el que rechazó la fe en nombre de la razón, su acercamiento a la fe católica le hacer ver que la razón no debe rechazar a la fe, pues no se encuentran en oposición, sino se colaboran entre sí. Su postura doctrinal se sitúa entre el fideísmo y el racionalismo, exhorta a comprender creyendo: Crede ut intelligas, comprender es el premio de la fe, defiende la validez de este principio. “La fe es útil para todos; también al filósofo”, es medicina que sana[1], valuarte que defiende[2], atajo que permite conocer pronto y sin fatiga las verdades esenciales para conducir a una vida sabia[3]: como también nadie cree “si antes no piensa que debe creer”.
La meta del esfuerzo de Agustín es “llevar a los hombres a la esperanza de encontrar la verdad”[4] con el programa de adhesión a Cristo y la reflexión filosófica. Da razones para creer en la fe católica:

“ Aún prescindiendo de la sincera y genuina sabiduría (…), que en vuestra opinión no se halla en la Iglesia Católica, muchas otras razones me mantienen en su seno: el consentimiento de los pueblos y de las gentes; la autoridad, erigida con milagros, nutrida con la esperanza, aumentada con la caridad, conformada por la antigüedad; la sucesión de los obispos desde la sede misma del Apóstol Pedro, a quien el Señor encomendó, después de la resurrección, apacentar sus ovejas, hasta el episcopado de hoy; y, en fin, el apelativo mismo de católica, que no sin razón solo esta Iglesia ha alcanzado (…) Estos vínculos del nombre cristiano –tantos, tan grandes y dulcísimos– mantienen al creyente en el seno de la Iglesia católica, a pesar de que la verdad, a causa de la torpeza de nuestra mente e indignidad de nuestra vida, aún no se muestre”.[5]

“Siendo norma de toda vida buena y dichosa la verdadera religión, con que se honra a un Dios único y con muy sincera piedad se le reconoce cono principio de todas las cosas; que el tiene su origen y de él reciben la virtud de su desarrollo y perfección, se ve muy claramente el error de los pueblos que quisieron venerar a muchos dioses en vez del único y verdadero, Señor de todos, porque sus sabios, llamados filósofos tenían doctrinas divergentes y templos comunes. Pues tanto a los pueblos como a los sacerdotes no se oculto su discorde manera de pensar la naturaleza de los dioses, porque no se recataban de manifestar públicamente sus opiniones, esforzándose en persuadir a los demás si podían; todos, sin embargo, juntamente con sus secuaces, divididos entre si por diversas y contrarias opiniones, sin prohibición de nadie acudían a los templos. No se pretende ahora declarar quien de ellos se acercó mas a la verdad; mas aparece bastante claro, a mi entender, que ellos abrazan públicamente unas creencias religiosas, conforme al sentir popular, y privadamente mantenían otras contrarias a sabiendas del mismo pueblo”[6]

“Pero Reaccionó como quiera la soberbia de los filósofos, todos pueden comprender fácilmente que la religión no se ha de buscar en los que, participando de los mismo misterios sagrados que los pueblos, a la faz de éstos, se lisonjeaban en sus escuelas de la diversidad y contrariedad de opiniones sobre la naturaleza de los dioses y del soberano de todo bien. Aún cuando la religión cristiana solo hubiera extirpado este mal, a los ojos de todos seria dignas de alabanzas que no se pueden expresar. Pues innumerables herejías separadas de la regla del cristianismo, certifican que son admitidos a la participación de los sacramentos los que sobre Dios Padre y su sabiduría y el divino don profesan y propalan doctrinas contrarias a la verdad. Así se cree y se pone como fundamento de la salvación human que no es una cosa de la filosofía, esto es el amor a la sabiduría, y otra la religión, pues aquellos cuya doctrina rechazamos tampoco participan con nosotros de los sacramentos.”[7]

A quienes negaban la posibilidad de los milagros respondía: “Este solo grande milagro nos basta; que el mundo haya creído sin milagros”[8], en su primera obra denominada Contra Academicos afirma: “a nadie es dudoso que una doble fuerza nos impulsa al aprendizaje: la autoridad y la razón. Y para mi es cosa ya cierta que no debo apartarme de la autoridad de Cristo, pues no hallo otra mas firme”[9]. La doble búsqueda de Agustín es a la vez, filosófica, teológica y mística, tres vertientes de ascensión hacia la verdad que San Agustín nunca separa. Su método supone la utilidad de la fe, la evidencia de la razón en cuanto sea posible y la aspiración a la sabiduría, que no es solo conocimiento, sino amor, posesión, gozo de la verdad, bien supremos del hombre[10]. A continuación presento de modo breve su filosofía, teología y doctrina espiritual.

FILOSOFÍA


Las fuentes principales de la que Agustín toma algunos puntos de vista con predilección por obras de filósofos reconocidos como Cicerón, Varrón, Apuleyo, Séneca, Gelio y Celso, Plotonio, Porfirio, con una notable preferencia a los filósofos Aristóteles y Platón, entonces irrefutables en cuanto a su manera de concebir algunas ideas cristianas; sin embargo rechazó mas tarde tesis erradas por el mismo como la generación del Verbo y la noción del Reino de Cristo y combatió “grandes errores” como la existencia de divinales menores, la necesidad y eternidad de la creación, la preexistencia y el pecado las almas, la teoría cíclica de historia, la metempsicosis y la concepción de la unión innatural, y, por tanto violenta del alma y el cuerpo. Aún más, en algunos puntos toma una posición de insólita severidad, como el tachar de insensatez al cuerpo de la naturaleza del hombre, o de delirio de grandes doctores, la doctrina de la reencarnación.[11]

PRINCIPIOS FILOSÓFICOS


A de los estudiosos, lo clasifican en tres básicamente. Interioridad, participación e inmutabilidad, resaltamos el primero por considerarlo de mayor interés y con afán de abarcar otros aspectos destacados, en otros acápites.

INTERIORIDAD: Lo descubrió al leer los escritos neoplatónicos, guiado por la doctrina de la creación[12], con su pensamiento característico Agustín practica el “Vuelve en ti mismo”, no buscando solamente la presencia del sujeto, sino para trascender a la verdad, porque “en el hombre interior mora la verdad”[13]. Como vemos esta verdad es superior a la mente, no se deja percibir con los sentidos, sino sólo la inteligencia, caracterizada por la objetividad, la necesidad, universalidad y por ende irrefutabilidad. Aunque no podemos decir que rechaza el conocimiento perceptible por los sentidos, sino los sentidos solo alcanzan parte de esa verdad. La certeza de vivir por ejemplo es un caso particular de es esta irrefutable percepción de verdad: “sé que vivo, se que pienso”[14], certeza que la duda no puede sacudir ni el error disipar, “pues si dudo vivo”[15], “si me engaño existo”[16].

“¿Y si te engañas?” “Si me engaño, quiere decir que soy. Quien no es no puede engañarse. Por tanto soy si me engaño, ¿como puedo engañarme que soy, si es cierto que soy si me engaño? Y, dado que yo sería quien se engaña, aunque me engañase, cuando se que soy, ciertamente no me engaño”[17]



[1] Confesiones 6, 4, 6

[2] Ep. 118, 32

[3] Ibíd. 102, 38

[4] Ibíd. 1, 1

[5] Ep. Manicheorum 4, 5

[6] De Vera Religione 1, 3, 5

[7] Ibíd. 5, 8

[8] De Civitas Dei 22, 5

[9] Contra Académicos 3, 20, 43

[10] VARIOS AUTORES (MCMLXI), Patrología I,(hasta el concilio de nicea), p. 483

[11] Ibíd. p. 484-485

[12] Cf. Confesiones 7, 10, 16

[13] Cf. De Vera Religione 39, 72

[14] De Beata Vita 7

[15] De Trinitate 10, 10, 14; 15, 11, 12

[16] De Civitas Dei 11, 26

[17] Ibid.
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