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San Agustín de Hipona - San Agustín

(10 opiniones)
Monografía creado por Diego Javier Bustamante Bustamante
07 de Marzo de 2007

2 - San Agustín

PERSPECTIVA GENERAL


San Agustín es una base fundamental en la Iglesia Católica, su pensamiento filosófico y teológico dio gran luz a la visión de la Iglesia, su defensa en las verdaderas de fe lo han convertido en un referente que incluso hoy, sigue siendo un personaje muy importante en la vida eclesial, en ese sentido creo necesario mirar la vida de este distinguido santo del pensamiento.

Agustín se distingue, por ser uno de los padres mas grades en el pensamiento occidental cuyo periodo de predominancia se dio hasta el siglo XIII, lo que influyo notablemente en la Edad Media (periodo cristiano).

Nació en Tagaste el 13 de noviembre del año 354, en la Provincia de Numidia. Su padre, Patricio, fue un pagano y su madre, Mónica, una mujer practicante de la fe cristiana, ella lo educó con los valores cristianos, “pero el bautismo de Agustín fue diferido, de acuerdo a la costumbre de la época común, aunque no deseable”[1]. Se formó fervientemente en el idioma latín, por el que mostraba mayor agrado, con un interés superior al griego, lo cual no quiere decir que Agustín no conocía el griego. En el 365 viaja a Madaura donde se preparo en la lengua latina y su respectiva gramática, el estudio de los clásicos latinos lo apartó de cierto modo de las costumbres cristianas. En el 370 muere su padre una vez convertido al Iglesia Católica. Estudio retórica en la ciudad de Cartago, con sus correspondientes peligros.

“Los estilos licenciosos del gran puerto y centro del gobierno, la visión de los ritos obscenos relacionados con cultos importados de oriente, combinados con el hecho de que Agustín, el meridional, era ya un hombre con pasiones vivas y vehementes, le llevaron a una practica, ruptura con los ideales morales del cristianismo, y no tardo en buscarse un amante, con la que vivió durante diez años, y de la que tuvo un hijo (Adeodato) en su segundo año de Cartago. Agustín sin embargo fue un brillante estudiante de retórica y no descuidó en nada sus estudios”[2]

La lectura de Hortensio de Cicerón lo guiaría en la búsqueda de la verdad, acepto sin ningún problema las enseñanzas de los maniqueos, ellos le ofrecían unas razones lógicas a su modo de definir el mal y el sufrimiento, por el contrario el cristianismo no le ofrecía razones suficientes para creer, “(…) los cristianos enseñaban que Dios creo el mundo entero que Dios es bueno; pero entonces, ¿Cómo podían explicar la existencia del mal y del sufrimiento? Los maniqueos, en cambio, tenían una teoría dualista, según la cual hay dos principios últimos, un principio bueno el de la luz, Dios u Ormuzd, y un principio malo el de las tinieblas, Ahriman”[3], son dos principios opuestos con tinte claramente gnóstico, el alma del hombre esta compuesta por luz, principio bueno, mientras que el cuerpo esta compuesto por materia grosera, corruptible y por lo tanto principio malo. Agustín era un “oyente” dentro del maniqueísmo; es decir no precisamente era un practicante moral de sus enseñanzas: “Los maniqueos condenaban el comercio sexual y las comidas de carne (principio malo: lo corpóreo, lo material), y prescribían practicas ascéticas, como el ayuno, esas practicas obligaban solamente a los elegidos, ‘oyentes’, nivel al que pertenecía Agustín”[4].

Regresa a Tagaste el 374, donde enseña gramática y literatura latinas, abrió además una escuela de retórica en Cartago, donde continuó hasta el 383, tenia una duda sobre el eterno conflicto de los dos principios existentes en la razón humana, la duda seria resuelta por un obispo maniqueo que visitaba Cartago, pero no halló en sus palabras el convencimiento intelectual requerido. Viajo a Roma turbado por las dudas y con cierta decepción del maniqueísmo, una vez en Roma abrió una escuela de retórica donde sus estudiantes no respondieron satisfactoriamente en especial por no cancelar los honorarios. Se traslada a Milán donde empieza a sentir agrado por el cristianismo, por los sermones pronunciados por San Ambrosio, la esperanza de su madre Mónica era de ver a su hijo con una vida correctamente realizada, pero él optó por abandonar a su primera mujer ante el temor de contraer matrimonio. Sin embargo la lectura de literatura platónica lo encaminaría en el cause de la búsqueda de la verdad, la traducción latina de Mario Victorino (probablemente las Eneadas de Plotonio), este pensamiento aclaraba la razonabilidad del cristianismo y le permitía ver mas allá de la realidad material, una idea espiritual inmaterial.

“Su lectura de las obras neoplatónicas fue un instrumento en la conversión intelectual de San Agustín, mientras que su conversión moral, desde el punto de vista humano, fue preparada por los sermones de San Ambrosio y por las palabras de Simpliciano y Ponticiano y confirmada y sellada por el nuevo”.

La obras literarias de Agustín son innumerables (hacemos mención en otro acápite), entre las mas primordiales tenemos a las Retractationes que es una obra fundamental para el estudio de los escritos de San Agustín para conocer su disposición interior y los motivos que inspiraron su composición, las confesiones, sermones pronunciados por él. San Agustín murió el 28 de agosto de 430.

ASPECTOS DESTACADOS


Desarrollaremos este tema en algunos apartados con el objeto de dar al lector elementos de juicio a fin facilitar mayor comprensión.

a) Desde el nacimiento a la conversión (354-386): En esta etapa queremos distinguir sobre todo sus problemas filosóficos y teológicos.

Sus problemas morales e intelectuales le hicieron entrar en una gran crisis durante algún tiempo, su padre orgulloso del éxito intelectual de su hijo en las escuelas de Tagaste y Madaura lo envió a Cartago a prepararse para ser forense, pero se necesitaban varios meses para reunir los bienes económicos y viajar, tiempo de ocio que lo invita a adentrar en vicios y seducciones, aspecto que lo llevara algún tiempo en su vida, pero a la vez lo invitara a la conversión. En 373 Agustín con su amigo Honorato seden a propuestas de los maniqueos, reflejadas en el dualismo en permanente conflicto y enfrentamiento, se sintió atraído por una filosofía libre sin ataduras a la fe, el maniqueísmo proponía explicaciones científicas de la naturaleza de sus misteriosos fenómenos, tenia gran predilección por las ciencias naturales, y la naturaleza demostraba a decir de los maniqueos “la naturaleza no guarda misterios para su dolor. Frecuentemente se sentía interpelado por el problema del origen del mal y al no resolverlo, reconoce dos principios opuestos, consecuentemente había de su parte una irresponsabilidad moral en una doctrina que negaba el libre albedrío y atribuía la comisión de un delito a un principio ajeno.

A pesar de que muchas cuestiones no le eran aún claras, se adhería, como siempre había hecho, a la autoridad de Cristo, y en ahora a la autoridad de la Iglesia “En mi corazón estaba firmemente enraizada la fe en la Iglesia católica (…) fe en muchos puntos amorfa todavía y vagorosa, fuera de toda norma doctrinal. Más, con todo eso, no la abandonaba el Espíritu, antes de día en día íbala absorbiendo e impregnándose de ella”.[5]

San Agustín se destaca en la docencia, uno de sus alumnos, Alipio lo siguió en sus concepciones maniqueístas, a las cuales posteriormente rechazará, en Cartago perfeccionara su conocimiento, su talento resplandeció y alcanzó madurez infatigable de las artes liberales, gano un premio de poesía y el procónsul Vindiciano le confirió públicamente la corona agonistica, luego repudia la doctrina del maniqueísmo, en su calidad de “oyente” el grado jerárquicamente inferior del grupo religioso. Las dudas de Agustín no se aclararon con las explicaciones de Fausto de Mieleve, un obispo maniqueo. El obispo católico Ambrosio logró convencerlo de algunas posiciones en algunos problemas.

Los platónicos también le ayudaron a resolver dos problemas filosóficos fundamentales: El problema del materialismo y el problema del mal, el primero lo supero con descubrir su mundo interior y el segundo que el mal era la privación del bien o defecto. Para resolver su problema teológico recurrió a San Pablo donde aprendió que Cristo es no solo Maestro sino Redentor[6]. Una preocupación posterior fue elegir un modo de vivir el cristiano de la sabiduría, opto por vivir el celibato y abandonar la posibilidad del matrimonio, decidió seguir el ideal del apóstol: “Me habías convertido a ti plenamente, que ya no buscaba esposa ni perseguía esperanza alguna del siglo”[7].

Es decir en esta etapa Agustín pasa por una crisis moral, intelectual y religiosa, pero una pequeña aproximación de las Sagradas Escrituras, lecturas platónicas, Hortensio de Cicerón, los sermones de San Ambrosio, le aclararían ciertas dudas. Decide hacer filosofía partiendo del cristianismo.

b) De la conversión a su elección episcopal (386-396): Se prepara con interés a su bautismo, se inscribió entre los catecúmenos, siguió la catequesis de San Ambrosio y por él fue bautizado, con Alipio y Adeodato, en la noche del 24al 25 de abril, vigilia de Pascua: “y huyo de nosotros toda ansiedad de la vida pasada”[8]. Regreso a África con el fin de poner en practica “el santo propósito” de vivir al servicio del Señor. Antes de finalizar agosto dejó Milán y llegó a Ostia, donde su madre, Mónica enfermó repentinamente y murió. En 391 viajó a Roma y Hipona donde se intereso por la vida monástica, en Hipona quería “buscar un lugar donde abrir un monasterio y vivir con mis hermanos”, donde fue ordenado sacerdote, con ciertas discrepancias, pues a él no le interesada el hecho de ordenarse, luego de ser ordenado recibe la autorización de fundar el monasterio, “donde empezó a vivir según la manera y regla establecida en tiempos de los santos apóstoles”[9], intensificando el estudio de las ciencias teológicas, el ejercicio ascético y el ministerio de la predicación. Fue consagrado obispo el 395, o según otra opinión el 396, sirviendo primero como coadjutor de Hipona y luego –al menos desde agosto del 397– como titular de la sede, la “casa del obispo” se transformo por su voluntad en monasterio de clérigos.

c) Desde su elección episcopal hasta la muerte (396-430): Valerio obispo de Hipona, débil por su senectud, pidió autorización de Aurelio, obispo primado de África, asociar con él a Agustín como coadjutor suyo, lo consagró Megalio, primado de Numidia, aproximadamente tendría cuarenta y dos años y ocuparía la sede de Hipona durante treinta y cuatro años. Supo combinar de un modo correcto los deberes pastorales con las austeridades de la vida religiosa, como lo dijimos en el acápite anterior vivió en una comunidad de clérigos, que se comprometían a observar los consejos evangélicos, la casa episcopal de Hipona se convirtió en cuna de inspiración que formó fundadores de los monasterios que pronto se extendieron por toda África. Se caracterizo por la defensa de la verdad y por su ánimo de pastor. Asistió a los concilios de todo el mundo conocido, en Cartago el 398, 401, 407, 419 y Mieleve en 416 y 418.

Entre sus actividades cotidianas se destacaban el ministerio de la Palabra (predicaba sin interrupción de un modo admirable dos veces a la semana, sábado y domingo; a menudo todos los días, y aun dos veces al día). La audientia episcopi donde atendía y juzgaba las causas, y le ocupaba a veces toda la jornada, el cuidado de los pobres y huérfanos, la formación del clero, la organización de los monasterios masculinos y femeninos, visita a los enfermos, correcta administración de los bienes eclesiásticos[10]. Realiza numerosos viajes, en especial la defensa de la fe en contra de los maniqueos, donatistas, pelagianos, arrianos y paganos. En la conferencia de los obispos católicos fue el centro de atención, en el 411, solucionó el cisma donatista y la controversia pelagiana. Murió el 28 de agosto del 430, durante el tercer mes del asedio de Hipona por los vándalos, dejó sin acabar tres obras, entre ellas la segunda respuesta a Juliano (arquitecto del pelagianismo). Fue sepultado en la Basílica Pacis, la catedral, luego sus restos se llevaron a Cerdeña, luego a la basílica de San Pietro in Ciel d’Oro, de Pavia, donde hoy reposan todavía.

PERFÍL HUMANÍSTICO


Agustín es: Filosofo, teólogo, orador, místico, poeta, escritor, pastor[11]. Destacar su quehacer intelectual es sumamente urgente, pero mas aun su alma espiritual donde surgen todos esos principios filosóficos y teológicos de su sistema.

Altaner escribe: “Unía en sí este gran obispo la potencia creadora de Tertuliano, la vasta inteligencia de Orígenes, con el profundo amor de Cipriano a la Iglesia; la aguda dialéctica de Aristóteles; con idealismo alado de Platón; el sentido practico de los latinos, con la inteligencia especulativa de los griegos. Por esto es, sin duda, el mas grande filosofo de la época patrística, y hasta se puede afirmar que el mas importante e influyente teólogo de toda la Iglesia. Su obra encontró ya en sus mismos días, entusiastas admiradores”[12]

En el ámbito del cristianismo organizó la primera síntesis de filosofía, algo de suma importancia en la historia de Occidente, se interesa en temas del ser, la verdad, el amor, la búsqueda de Dios, antropología, la eternidad, el tiempo, la libertad, el mal, de la Providencia y de la historia, de la felicidad de la justicia y de la paz. Se adentro en los misterios cristianos, dando como resultado un vigoroso progreso dogmático: la doctrina de la gracia, la Teología de la Trinidad, la redención, de la Iglesia, sacramentos, doctrina moral, doctrina social y política, defendió apasionadamente el cristianismo en todas sus formas, la vida monástica, condenó los errores paganos, judíos, de los cismáticos y de los herejes, siempre teniendo una gran respeto por su oponente, ser bueno con los que yerran.

Se constituyó en maestro de retórica, aplicando apoyos pedagógicos a sus estudiantes con el objeto de enseñar correctamente, esto lo pone en progresión al pensamiento bíblico y eclesiástico. Sus cualidades intelectuales se conjugan con su moral intachable: noble, generoso, sabio, necesidad profunda de la amistad, amor vibrante a Cristo, a la Iglesia, a los fieles, ascetismo moderado y a la vez austero humildad sincera, que no teme reconocer sus errores[13]. Su modestia ante la Iglesia es agraciada “¿Soy, acaso, yo la (Iglesia) católica? (…) me basta permanecer en ella”[14]. En este sentido la Iglesia siempre le mostró apoyo, y dio su venia sobre todo en lo que se refiere a la doctrina de la gracia, los teólogos posteriores le han otorgado un sitial importante, incluso Santo Tomás. La complejidad de su pensamiento nos da razones para observarle: a) profundidad de pensamiento, b) multiplicidad de escritos, c) variedad en las temáticas planteadas, diversidad de lenguaje, y como todo ser humano su incertidumbre se nota al iniciar su camino.



[1] Confesiones, 1, 11, 17.

[2] COPLESTON, Frederick: Historia de la Filosofía ( de San Agustín a Escoto), Vol II, Edición Ariel, Barcelona, p. 51
[3] Ibid.

[4] Ibid.

[5] Conf. 7, 5, 7, trad. Riber

[6] CANALS, Vidal (1991): Textos de los Grandes Filósofos, Curso de Filosofía Tomista, p. 411.

[7 Conf. 8, 13, 30

[8 Ibid. 9, 6, 14.

[9 Posidio, Vita 3, 1-2.

10 Posidio, Vita 3, 1-2

[10] VARIOS AUTORES (MCMLXI), Patrología I,(hasta el concilio de nicea), p.

[11] Cf. VARIOS AUTORES (MCMLXI), Patrología I,(hasta el concilio de nicea), p. 415

[12] Patrologia, Madrid 1962 p. 399-400

[13] Cf. Confessiones, Retractationes

[14] Cf. VARIOS AUTORES (MCMLXI), Patrología I,(hasta el concilio de nicea), p. 418
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