"Tengo la impresión, al leer esta página,
de que ya he leído algunas de las palabras que figuran en ella,
y recuerdo frases casi idénticas que he visto en otra parte…"[i]
Es posible que, desde el punto de vista teórico, existan para el fenómeno de la intertextualidad, definiciones más ajustadas ( algunas del mismo Eco) que la que arriba presentamos. Pero seguramente ninguna de ellas poseerá para el lector el sabor de dejá vu, de algo experimentado y concreto, que revela esta frase extraída ella misma de una novela. Es el texto en sí, quien aquí nos habla de su propia naturaleza, de su capacidad casi ontológica de ser leído por y de leer él mismo a otros textos. En un tiempo indefinido en el que, como propone Borges, Kafka es leído por sus precursores.
"De pronto comprendí que a menudo los libros hablan de libros, o sea que es casi como si hablasen entre sí."[ii]
Es a éste diálogo inter libris al que queremos acceder. Como vecinas curiosas deseamos colocar una copa contra la pared de la biblioteca y escuchar esa íntima conversación; puede que tierna, feroz o simplemente contradictoria. Crítica viene de criticar que en su acepción más común es un término poco edificante y bastante chismoso. Podemos justificar nuestra intromisión, entonces, en esa sacra conversación de los textos, alegando que tan sólo es un vicio que nos viene de lejos. Pero cuidado porque la biblioteca es:
"…el ámbito de un largo y secular murmullo, de un diálogo imperceptible entre pergminos, una cosa viva, un receptáculo de poderes que una mente humana crea, incapaz de dominar, un tesoro de secretos emanados de innumerables mentes, que habían sobrevivido a la muerte de quienes los habían producido, o de quienes los habían ido transmitiendo."[iii]
Así que no importa cuanto nos esforcemos en escuchar; nuestra comprensión de ese misterioso diálogo deberá ser, por necesidad, siempre incompleta.
Se parte desde la experiencia de esa impresión de ya haber leído en otra parte lo que en determinado momento estamos leyendo. Quizás las mismas palabras u otras semejantes aplicadas a un concepto igual o paralelo. Algo que al momento nos permite percibir con mayor claridad lo que hemos leído o a la inversa, al recordarlo, nos ayuda a comprender mejor lo que leemos. Puede ser una sensación imprecisa o una certeza, pero siempre nos obliga a retroceder, recapacitar, buscar en nuestra memoria o en los anaqueles de la biblioteca esa voz sutil sobreponiéndose, sugieriedo, formando ecos.
El resultado de esa escucha será inevitablemente otro texto. Un texto virtual se irá formando con los hilos que provienen de aquellos que nos conmovieron. Un tercer texto en este papel y otros textos: un cuarto, un quinto, etc. en la mente de los que nos lean.
Pero ya es tiempo de presentar a los protagonistas de esta historia: los dialogantes, discrepantes y discutidores textos.
San Camilo 1936 de Camilo José Cela. Fue escrito en 1969 y dada la multitud de historias y personajes que lo pueblan es imposible o por lo menos muy difícil contar su argumento. Digamos a tono preliminar que la acción transcurre en Madrid durante los días anteriores y posteriores a la sublevación del 18 de julio de 1936.
Francisco Umbral publicó Capital del dolor en 1995. Este libro es una especie de bildungsroman donde el protagonista Paulo de dieciocho años vive su proceso de maduración en los años de la guerra civil en España.
A primera vista, aparte del fondo temático, estos textos no parecieran tener demasiado en común. Pero si el tema de la guerra civil es tópico en la novelistica española del siglo XX. ¿Qué tienen entonces de especial en su diálogo estos dos determinados textos? ¿cómo conversan? Lo que a su vez implica ¿qué se dicen? ¿cómo estructuran lo que se dicen? Dejémosles conversar y nos lo dirán ellos.
El método utilizado en nuestra escucha, es el de una lectura sincrónica y paralela. Semiótica, tratando de elucidar los distintos códigos que en ella se articulan, y de interpretar el mensaje literario en cuanto discurso estético imbuído de sentido.[iv]
Deseamos explicar cómo los textos articulan el sentido en lo que dicen y en lo que se dicen mutuamente.
Que la lectura sea sincrónica significa que desde un primer momento, hemos querido poner entre paréntesis todos aquellos elementos que rodean al propio texto (autor, época, circunstncias sociales externas, etc.). El subtexto, como lo llama Reis o las circunstancias de la enunciación según Eco. Ésto no quiere decir de ningún modo que esos factores no sean importantes, lo son y mucho según los niveles de comprensión que se adopten. Pero para nuestro análisis no resultan relevantes pues es la simultaneidad lo que hace la lectura dialéctica, lo que permite a los textos comunicarse entre sí, libres de limitaciones extratextuales y convertirse entonces en sujetos de su propio coloquio. Por todo esto hemos suprimido prioridades (cronológicas p.ej.) y les hemos dado un tratamiento paralelo. La lectura de los ejmplos que presentamos es reversible. Y no es necesario leer un cierto texto antes que el otro. Si bien por razones de orden, están distribuidos en la página de determinada manera.
Para realizar nuestro análisis nos hemos servido del modelo que Umberto Eco presenta en Lector in fábula [v]. Éste originariamente no fue creado para la lectura intertextual, sino para determinar los niveles de cooperación textual del Lector Modelo. Pero dada su gran flexibilidad y el hecho de que esté basado en una concepción del texto como un sistema de "nudos" o de "juntas"… en las cuales…se espera y se estimula la cooperación del Lector Modelo[vi] resulta una herramienta adecuada al tipo de estudio que nos proponemos.
Un modelo es siempre un artefacto y la adaptabilidad es la mejor de sus condiciones. Para adaptar el sistema a nuestros fines hemos considerados esos nudos o junturas en los textos que analizamos y tratado a cada texto como posible Lector Modelo del otro.
Como el L. M. no es una persona empírica, sino una abstracción metodológica (metatextual al fin) de la misma substancia lingüística de la que son creados los textos, creemos de buena fe que nuestra asimilación no puede ser contradictoria. Pues un esquema metatextual como tal puede articularse de distintas maneras según el tipo de proyecto teórico al servicio del que se encuentre.[vii] Para concretizar la representación formal de este proceso, nos hemos valido principalmente de los mismos textos. Dejándoles conversar y dejando que el lector los oiga, que es el mejor modo de comprobar si nuestras interpretaciones son escrupulosas y en realidad aciertan.