Así llegamos a la segunda persona del narratario, pero el giro ha sido tan amplio que ese tú ha quedado completamente despersonalizado. Puede ser la imagen de un tercero que se refleja en un espejo imaginario, la del mismo narrador o la de su interlocutor que se está mirando. Queda librado al lector hacer lo que Eco llama un paseo inferencial, para desambiguarla. Eventualmente salir del texto, para buscar fuera las premisas probables que le permitan resolver la ambigüedad. …el lector se substrae a la tiranía del texto y a su fascinación para ir a buscarle desenlaces posibles en el repertorio de lo ya dicho.4 Eco se refiere en especial a antecedentes "cuadros" intertextuales.
Pero siendo la nuestra una lectura a posteriori, no necesitamos salir del texto para hacer nuestras inferencias. Es decir, aquellas deducciones que nos permitan conjeturar quién es el narrador del texto. Adelantemos algunas hipótesis:
Como el narrador se expresa a través de un discurso modal y adopta una posición omnisciente, podemos suponer que se identifica con el autor y articula las ideas de éste. El autor ha previsto esta posibilidad en su estrategia y la descarta incluyéndose a sí mismo como tercero en el texto:
"…el músico nicaragüence compañero tuyo (el narratario) y de Alonso Zamora Vicente, de Gregorio Montes, de Rafael Perez Delgado, de Camilo José Cela, de Dámaso Rioja, de Julián Marías y de Luis Enrique Delano en la clase de literatura española contemporánea de Pedro Salinas…" (pag.15)
Al mismo tiempo tiempo en que al nombrarse el autor real se desmarca de narrador y narratario, al colocarse junto a figuras históricas en la manifestación lineal, nos hace un guiño: "ojo, yo estuve allí y sé de lo que hablo". Lo cual es también un modo indirecto de hacerse cargo del texto.
Que dado el tono íntimo de ciertos pasajes narrador y narratario sean el desdoblamiento de una misma conciencia. Un monólogo interior articulado en la segunda persona:
"…estas palabras…te las recordaba constantemente tu abuela cuando eras pequeño, tu jamás tuviste un arco en tus manos ni ninguna otra arma, en tu familia las armas fueron siempre un recuerdo…ahora mientes descaradamente, mientes a tu familia… te mientes a tí mismo cuando hablas, cuando piensas y cuando estás callado…tú crees que quieres un café, pero a lo mejor no es cierto que quieras un café, no quieres un café y estás mintiéndote sin darte cuenta, quiero un café,…, no tú no quieres un café pero al final ya crees que quieres un café y hasta suspiras por tomar café, tú crees que quieres a Toisha y a lo mejor no es cierto que quieras a Toisha, no quieres a Toisha y estás mintiendo sin darte cuenta y por egoísmo, lo que quieres es acostarte con Toisha, quiero a Toisha, quiero a Toisha, quiero a Toisha…" (pag.269)
En otras partes sin embargo, el narrador contradice esta posición distanciándose del narratario para aleccionarlo o juzgarlo desde fuera.
"Tú déjate de espejos… y confórmate con vigilar el camino de tu sombra en la pared… Toisha te abraza con violencia y volvéis a amaros… Toisha se levanta, se lava, se peina un poco, se viste y se va…, tú le contestas uuu sin abrir la boca, es difícil decir uuu sin abrir la boca, y le haces un gesto que nada significa, te vuelves de lado y casi al momento te quedas placenteramente dormido…"(pag.284)
A veces al discurso del narrador se sobrepone el de uno de los personajes: tu tío Jerónimo, el hombre mayor que habla al sobrino inexperto y trata de aconsejarle. Ambos discursos llegan empero a identificarse y en el epílogo. Del narrador se pasa así subrepticiamente al tío Jerónimo como sujeto de la enunciación:
"Tu tío Jerónimo cree en las tres virtudes teologales, sí hijo, yo tengo fe en la vida, esperanza en la muerte y caridad con el hombre… también tengo caridad con España… pese a todo hay que ser patriota, sobrino, fíjate que no digo…" (pag.325)
Comienza hablando el narrador y sin solución de continuidad a través de los vocativos el discurso es asumido por el personaje.
Como podemos apreciar es muy difícil, en un discurso donde la ambigüedad es el rasgo más destacado, establecer un claro estatus para el narrador. Eco nos previene que dada la abundancia de espacios vacíos en la novela contemporánea, los paseos inferenciales del lector se vuelven más arriesgados, pero también advierte de la posibilidad de realizar varias previsiones que se excluyen, pero que no por eso resultan menos confirmadas.5
Nosotros asumimos esta tesitura y aceptamos las distintas posibilidades de identificación de la figura del narrador como eventuales. Destacando el signo de ambigüedad, como marca que necesariamente tendrá que transmitirse a su mensaje. Reis por su parte, destaca que el estatuto del narrador heterodiegético se relaciona sobre todo con los juicios de éste acerca del protagonista de la historia.6 En el caso de C.del D. es fácil seguir este desarrollo porque su historia se basa en la evolución de un personaje principal: Paulo. Pero el narrador celiano no se relaciona con un solo protagonista sino que, a pesar de que su atención puede centrarse en su narratario, éste sólo representa un personaje marginal más dentro del caleidoscopio total de los personajes.