



La mayoría de los monitores hoy en día son todavía de rayos catódicos, donde el emisor de electrones del tubo catódico, emite un haz de electrones. AI impactar cada uno de estos sobre un átomo de fósforo de la capa sensible que recubre interiormente la pantalla, el átomo de fósforo emite una radiación visible -que es la que ve el operador- y una radiación electromagnética (Rayos X), cuya energía depende de la que llevaba el electrón. A su vez la energía del electrón depende de la tensión e1éctrica bajo la que fue liberado. En resumen, el nivel de energía de la radiación electromagnética (Rayos X) creada en el interior del tubo catódico, es proporcional a la tensión e1éctrica que se ha aplicado al ánodo del tubo.
Los tubos catódicos de las pantallas -tanto de los terminales como de las televisiones domésticas- funcionan a unas tensiones anódicas muy bajas -entre 12 y 20 KV-, por lo que producen rayos X de muy baja energía y muy poco poder de penetración (en medicina, por ejemplo, las tensiones, utilizadas son diez veces superiores).
Así y todo, estas radiaciones son absorbidas por la propia pared del tubo catódico, cuyo espesor se calcula para que pueda absorber las radiaciones creadas en su interior, y por la caja o carcasa del aparato.
La IRPA (Asociación internacional de Protección contra la Radiación) dice claramente que, hasta el momento, no existen riesgos para la salud debidos a las radiaciones emitidas por las pantallas de visualización.
La emisión de radiaciones en los terminales con pantalla catódica debe acogerse en todo caso a la norma promulgada por el Consejo de las Comunidades Europeas: "Las radiaciones ionizantes del terminal con pantalla catódica medidas a 10 cm. de la superficie de la pantalla deben ser inferiores a 0,1m. Rem/h.".
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