Hace unos cincuenta años, Norbert Wiener inventó una máquina que realizaba los cálculos necesarios para mejorar la eficacia de un avión de tiro antiaéreo. El mecanismo de cálculo de esa máquina ha dado lugar a numerosos estudios sobre el funcionamiento de la mente humana basados en la analogía existente entre los sistemas lógicos y biológicos, y tanto el estudio de esas analogías como el de la fabricación de máquinas como la de Wiener reciben el nombre de cibernética.
Pero (que no se asuste el lector de estas páginas) aquí no vamos a hablar ni de psicología ni de máquinas, sino de palabras. Por ejemplo, este término que en los últimos años encontramos con frecuencia en la prensa, cibernética, significa etimológicamente «arte del piloto», del kybernetes. Sin embargo, como ocurre frecuentemente con las palabras que se ponen de moda, el significado de cibernética se ha visto matizado en función de los intereses del momento, de manera que cuando hoy se habla de lo cibernético se alude generalmente a otro tipo de pilotos y a otro tipo de máquinas: los ordenadores y los que con ellos «navegan» por el espacio informático.
Parece un hecho indiscutible que los ordenadores personales ocupan actualmente un lugar (más o menos destacado) en nuestras vidas. Nos guste o no, sin darnos cuenta o conscientemente, ahí los tenemos: los procesadores de textos, las bases de datos, los programas interactivos o la Internet forman parte de las herramientas que empleamos habitualmente tanto los profesores como los estudiantes.
El objetivo de este artículo es llamar la atención sobre algunos términos específicos que el estudiante de español como lengua extranjera necesitará manejar para referirse al «espacio cibernético» o ciberespacio, pues parece que (al contrario de lo que ocurría hasta hace pocos años, cuando para referirse a lo relacionado con la Internet bastaba con conocer las palabras inglesas) cada vez es mayor la tendencia a buscar expresiones que se ajusten más o menos a la estructura de la propia lengua, en este caso, del español. De manera que el aprendiz de español que desee «navegar» por el ciberespacio hispanohablante o compartir con otros hablantes de español sus intereses relacionados con la Internet deberá saber cómo referirse a esas nuevas realidades en la lengua meta.
Muchos de los términos generados por la difusión de la Internet responden a los procedimientos morfológicos de formación de palabras, es decir, la prefijación, la sufijación o la composición; pero en dicho ámbito son numerosos también los neologismos formados mediante los mecanismos de creación léxica que se basan en la abreviatura: las siglas, los acortamientos y las combinaciones de fragmentos de palabras. Es a las formaciones de este segundo tipo a las que se refieren las próximas páginas.