Inicio / Wikis / Monografías / Simbología: realidad y sueño en El lugar sin límites de José Donoso - El infierno sin límites (I)

Simbología: realidad y sueño en El lugar sin límites de José Donoso - El infierno sin límites (I)

(2 opiniones)
Monografía creado por Dietris Aguilar. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero24/jdonoso.html
23 de Septiembre de 2006

2 - El infierno sin límites (I)

La obra1 comienza con un epígrafe de Marlowe por demás significativo. Dice Mefistófeles: “El infierno no tiene límites”, igual que el espacio donde transcurren los hechos de esta novela. Indudablemente, ésta es una parte más que esclarecedora, en la medida en que se nos habla de un lugar que no es otro que el infierno. Quizás uno de los interrogantes a resolver será conocer la razón por la cual los personajes estén inmersos en ese mundo infernal.

Precisamente, este espacio posee una serie de elementos y/o características que sustentan la idea del infierno y también, paradójicamente, su contrapartida: el paraíso.

 

En el nombre del Padre (o la simbología divina)2

Aparecen muy claramente a lo largo de la obra, elementos y personajes con determinados rasgos que hacen irresistible (al menos, en una primera lectura) la asociación con el Paraíso:

-Las viñas de Don Alejo remiten a la imagen bíblica de ‘la viña del Señor’, es decir, al conjunto de fieles: todo el pueblo le pertenece, todos son sus hijos.

-La figura de Don Alejandro: el hombre “todopoderoso”, el que todo lo sabe y todo lo tiene. Aparece descripto como un dios, nada escapa a su conocimiento; sabe quién es quién en el pueblo y conoce el modo de tratarlos. Contactado en todo momento con figuras estratégicas a sus propósitos, “tenía los hilos del mundo en sus dedos” (p. 98). Vendió las tierras de un lugar que se iba “para arriba” y esgrimió el sueño de la electrificación del pueblo como un arma contundente. Con su manto de vicuña y sus cuatro perros, Don Alejo digita sus actos como piezas de ajedrez: ahora, en la compra de las casas; antes, en la votación para ser senador. Padre de todos los nacidos en su fundo, menos de Pancho. Su apellido (Cruz) es un vocablo plurisignificativo.

-Según la Real Academia Española, las acepciones de cruz son:

a- Patíbulo formado por un madero hincado verticalmente y atravesado en su parte superior por otro más corto, en los cuales se clavaban los pies y las manos de los condenados a este suplicio.

b- Imagen o figura de este suplicio.

c- Insignia y señal del cristianismo.

d- En los libros y otros escritos, puesta antes de un nombre de persona, indica que ha muerto.

e- Peso, carga o trabajo.

La cruz para el cristianismo es su símbolo de culto porque es la imagen del lugar donde Jesús (como otros tantos hombres en aquella época) padeció y perdió la vida. Representa la redención de los hombres: la entrega de la vida del cuerpo para la resurrección del alma. Estos dos aspectos extremos se complementan en la figura de Don Alejo. Él representará, para algunos, sólo la promesa de la salvación; para otros, un castigo. Para Pancho Vega será una “carga” a largo plazo muy difícil de esquivar.

Asimismo muchos personajes tienen una imagen “positiva” del señor Cruz como el salvador. Cuando la Manuela huye de Pancho y Octavio que pretenden darle una golpiza, ésta desea cruzar el río “porque más allá del límite lo(a) esperaba Don Alejo que era el único que podía salvarlo(a)” (p.131) y porque “Una palabra suya basta para que estos rotos se den a la razón...” (Ibid.). Gracias a él tendrán la luz (electricidad) “Aquí en el pueblo es como Dios. [...] Y es tan bueno que cuando alguien lo ofende (...) después se olvida y los perdona”(p.74). En la campaña política, los hombres del pueblo debían irse a otros lugares a promocionar al candidato, a “propagar esa fe” (p. 66). Sin embargo, por razones que no comprenden, sumirá al pueblo en las tinieblas.

-Pancho Vega es una suerte de “hijo pródigo” que vuelve cada tanto, no en busca de algún perdón, sino de desafío y revancha. Quiere hacerle “ver” con su rebelión a Don Alejo que puede escaparse, o al menos, que intenta salir de ese lugar no paradisíaco (infernal) al que siempre regresa.

 

Ver o no ver: ésa es la cuestión

Sin duda, la posibilidad de ver (o no) que tienen ciertos personajes condiciona el desarrollo de los sucesos. La disminución del sentido de la vista, en la mayoría de los casos, se produce por razones voluntarias:

-Ludovinia, ante la muerte de su marido, coloca en el ataúd sus anteojos y, por lo tanto, se queda sin ver. El objeto elegido para acompañar por toda la eternidad a su esposo no es casual: renuncia a la visión que implicaba la aceptación de un futuro sin viriles compañías. “Por Acevedo, decía, que era celoso. Para no mirar nunca otro hombre.”(p. 21)

-La Japonesa Grande tiene miopía y por ello, ese mote “oriental”, ya que sus ojos “no eran más que dos ranuras oblicuas bajo las cejas dibujadas muy altas” (p. 67). Cuando no podía ver, a pesar de que frunciera los ojos, sería la Manuela quien compensara la falta de visión.

Sin embargo, la pérdida de la vista también se da por distintos estados de ánimo, sea por tristeza, indiferencia o ira:

-[La Manuela] después de peinar a su hija [la Japonesita], comprende que ésta se quedará con Pancho (porque es mujer) y no con ella: “...su propia imagen se borroneaba como si le hubiera caído una gota de agua y él entonces, se perdía de vista a sí misma, mismo...” (p. 52)

-Pancho Vega, después de estar sentado junto a la Japonesita, quiere a la Manuela. Desea verla tanto que se pone ciego de la rabia.

-Mientras la Manuela preparaba su baile para Pancho, la Japonesita bebía para no ver y Don Céspedes, atento a los ladridos de los perros, “miraba a la Manuela como si no la viera” (p. 125).

Aún así, son otros personajes los que ven no sólo en su acepción de “poseer la visión”, sino también como acceso al “conocimiento” y a la “comprensión”:

-Los ojos azules de Don Alejo leen en los de Pancho “como en un libro” (p. 34): en ellos ve que éste no quiere que Octavio, su cuñado, sepa sobre la deuda.

-Después de soñar con un Wurlitzer, la Japonesita comprende que el proyecto de Don Alejo ya no es la electrificación del pueblo, sino que “Echaría abajo todas las casas, borraría las calles ásperas de barro y boñigas, volvería a unir los árboles de los paredones a la tierra de donde surgieron y araría esa tierra, todo para algún propósito incomprensible. Lo veía. Clarísimo.” ( ps. 59 y 60).

-Cuando en medio de la noche escuchan la bocina del camión de Pancho, Manuela puede ver en la cara de la Japonesita una sonrisa y comprende con ello que su hija también lo espera y desea.

-Pancho siempre se siente en desigualdad de condiciones frente a Alejo Cruz. Cuando pequeño, dice Pancho “me encuentra espiando entre los ligustros” (p. 97) porque quiere entrar al parque, aunque no quiere que lo carguen por jugar a las muñecas con Moniquita Cruz. Ahora, vuelve al fundo a saldar toda su deuda. Pero cuando llega “Pancho lo vio tan alto, tan alto como cuando lo miraba para arriba, él, un niño que apenas sobrepasaba la altura de sus rodillas.” (p. 96). Después, cuando Cruz se sienta y ellos [él y su cuñado] quedan de pie, “Pequeño se veía ahora. Y enfermo” (Ibid.)

-A Ema, la esposa de Pancho, sólo le basta ver para enamorarse o creer que se ha enamorado: “tuvo que casarse con el primero que la miró, para no quedarse para vestir santos” (p. 92).

-Pancho ha tenido dos visiones de Misia Blanca: esa noche en que salda la deuda con Don Alejo, la ve a través del vidrio empañado del comedor y le hace recordar a aquella otra, cuando se cortó la trenza y la colocó en el ataúd de la Moniquita: “él la vio nadando en sus lágrimas como ahora...” (p. 95). Siempre guardarían uno con el otro una distancia que, a la señora, la hacía intocable.

-La realización de los “cuadros plásticos” entre la Japonesa y Manuela fue exigida por Alejo para que él y los otros “miraran por la ventana” (p. 106). La apuesta consistía en que la Japonesa excitara a la Manuela y el permiso de espiar a Cruz le posibilitó comprobar el cumplimiento del pacto.

-En el baile final, excepto la Japonesita y Don Céspedes, todos quieren ver a la Manuela: Cloty, las otras mujeres y Pancho que “vio por fin los ojos de la Manuela iluminados enteros, redomas, como se acordaba de ellos entre sus manos y los ojos de la Japonesita iluminados enteros...” (p. 125) también.

En conclusión, la mirada es el contacto visual con sucesos o personas, pero también es seducción y desafío. Frente a frente los ojos de losa de Alejandro Cruz y la mirada negra de Pancho Vega: uno, con la visión de poder de ese pequeño mundo que domina y el otro, con la vista puesta en su independencia del “señor feudal”. Ni uno ni otro parecerán, al final, librarse de un destino inexorable. Nadie. Ni la Manuela, cuya mirada seduce hasta al más hombre (o al que cree serlo). Ni Pancho Vega, que vuelve al pueblo para disfrutar con su baile; para estar con ella, pero ésta no quiere verse porque no puede. Cuando Manuela le arregla el cabello a su hija aquella misma noche, ella no quiere mirarse al espejo porque es un “índice de la realidad”: ella es Manuel González Astica, un viejo maricón disfrazado de muñeca.

El único que parece verlo todo con ojos poderosos es Don Alejo, pues hasta en la noche en que se conocieron, la Manuela se estremeció con su mirada. Asimismo, todos los hombres que asistieron a aquella fiesta nocturna por consejo de sus esposas debían acercarse para que “él (Cruz) los viera en su celebración” (p. 65). Incluso, el coito con la Japonesa Grande es cumplido por sus deseos: una casa por verla copular con el maricón. Aunque éste es un acto de amor falso para engañar, quien cae como “víctima” de la trampa es la propia Manuela.

Lo cierto es que Cruz es el único que posee, dentro de ese pueblo, la facultad de ver la realidad; los demás, de un modo u otro, enmascaran esa realidad con un sueño que no les deja ver sus propias miserias.

Valora este capítulo: (2 opiniones)
Tu nombre debe tener tres caracteres como mínimo.
Es necesario que te des de alta con una cuenta de correo válida.
Es necesario que te des de alta con una cuenta de correo válida.
El contenido del título de tu opinión debe tener tres caracteres como mínimo.
Es obligatorio que selecciones una valoración del recurso.
El contenido del comentario de tu opinión debe tener tres caracteres como mínimo.

Opina sobre este monografía



* Valoración:
* Nombre:
* Correo electrónico:
* Título:
* Comentario:

Wikis relacionados con 'Simbología: realidad y sueño en El lugar sin límites de José Donoso - El infierno sin límites (I)'

Sin noticias de Gurb es una novela escrita en forma de diario de un extraterrestre... Más »
El texto que sigue es la versión ampliada de una comunicación presentada al congreso '1898.... Más »
Josep Palau i Fabre, poeta barcelonés nacido en 1917, es uno de los máximos representantes... Más »
En los últimos años, el desarrollo basado en componentes se ha convertido en una de... Más »
Luis Landero, nacido en un pueblo de Badajoz (Alburquerque) en 1948, publica su primera novela... Más »
Autor y licencia de 'Simbología: realidad y sueño en El lugar sin límites de José Donoso - El infierno sin límites (I)'
Dietris Aguilar Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero24/jdonoso.html CopyLeft
Este contenido ha sido recopilado por el equipo de Wikilearning. Todo el contenido recopilado se ha obtenido respetando y comunicando en nuestro site la licencia de cada fuente.
Wikilearning tiene permiso expreso por escrito de los autores para publicar los contenidos que ha extraído de otras webs, incluyendo su uso comercial.
¿Estás seguro de que deseas eliminar este capítulo?