Esta situación no puede prolongarse por mucho tiempo. A la vez que el sujeto “se consolida”, aparece la cancelación de lo consolidado. Este movimiento oscilatorio es constante a lo largo de las cerca de 500 páginas del libro. Vemos a un Soares consciente de su peculiar naturaleza, que tiende a ser y a volverse otra cosa al mismo tiempo. Después de su doloroso “parto”, el sujeto comienza la desintegración de sí mismo. Para Soares, la vida es un instante entre una forma de ser y la siguiente. Un mismo ser se divide de una forma extraña que, por un lado, implica separación y distanciamiento y, por el otro, unión:
Todo en mí tiende a ser otra cosa; una impaciencia del alma consigo misma, como ante un niño latoso; un desasosiego creciente y siempre igual […] Soy dos, y ambos guardan su distancia-hermanos siameses que no están pegados. (LD, 10 / 53)
“Soy dos”, dice Soares. Duplicidad, en donde antes (¿después?) había sólo unicidad. Con ello, el sujeto del Libro comienza una incesante serie de transformaciones, en las que aparece, por ejemplo un yo que se afirma y que se niega. En Soares, asistimos a una escena conformada por los pares más disímiles. Un verbo se coloca al lado de su opuesto, los antónimos se dan la mano. Con ello, la atmósfera se enrarece más, en una serie de difuminaciones concéntricas, formada por el entorno de claroscuros y de bruma, las sensaciones difusas de Soares y la prosa misma del Libro.
· Duermo y desduermo. (LD 31 / 67)
· Oigo caer el tiempo, gota a gota, y ninguna gota que cae se oye caer. (LD 31 / 67)
· Encontrar la personalidad perdiéndola. (LD, 34 / 70)
· La artificialidad es la manera de gozar la naturalidad. (LD, 50 / 83)
· ¿Qué muero cuando soy? (LD, 63 / 97)
· Somos quien no somos. (LD, 94 / 125)
· Actuar es reposar. (LD, 107 / 134)
· Deseo lo que no deseo y abdico de lo que no tengo. No puedo ser todo ni ser nada. (LD, 231 / 231)
· Me pierdo si me encuentro, dudo si creo, no tengo si obtuve. (LD, 243 / 239)
· Todo cuanto somos es lo que no somos. (LD, 255 / 252)
Y así, por muchos pasajes más…
Las cosas se dicen y se desdicen. Arriba es abajo, en este mundo confuso en donde Escher o Möbius se sienten en casa. Gradualmente, la desintegración toca al propio ser que enuncia:
Yo de día soy nulo, y de noche soy yo. (LD, 3 /48)
O bien:
Soy yo otra vez, tal y como no soy. (LD, 436 / 385)
En los dos últimos ejemplos, el propio yo (cuya existencia, en un mundo coherente y racional, habría de encontrarse en la simple enunciación) es, pero al mismo tiempo no es. La individualidad ya conquistada se concede y se retira en un instante. En ambos casos, los enunciados comienzan y terminan en el mismo punto, en un Soy, o en un Yo, que aparece y a la vez se nos pierde. Llegamos al mismo sitio del que partimos. Con esto se completa la trayectoria oscilante de la subjetividad de Soares. La salida es el punto de arribo. ¿Pero cuál es ese punto? Con una imagen acústica, Soares nos habla de su singular multiplicidad:
Pienso si mi voz, aparentemente tan poca cosa, no encarna la sustancia de miles de otras voces, la sed de expresión de miles de otras vidas, la paciencia de miles de vidas, sometidas como la mía a lo cotidiano, al sueño inútil, a la esperanza sin vestigios. En estos momentos mi corazón late con más fuerza porque tengo conciencia de él. Vivo más porque vivo más grande. (LD, 6 / 50)