



El texto consiste en una pregunta, seguida, tras pausa, de una afirmación. Es una pregunta que instala la personalidad del autor con fuerza en el texto. Ante 'viejo amigo', muchos receptores del poema pueden hacer suya la enunciación, obrando como si fueran ellos mismos los que llaman así al Guadarrama. Pero 'mis tardes madrileñas' y 'que yo veía' no se pueden tomar como propias por cualquiera. Lo que sí debe hacer el receptor es imaginarse una situación en que esto se pueda decir: se trata simplemente de pensar que hubo unas tardes en Madrid en que el poeta veía el Guadarrama. En el texto no aparece un "yo lírico" genérico: es el propio Antonio Machado el que habla de su vida. Pero no de modo autobiográfico, sino como presencia necesaria de la experiencia que quiere comunicar. Estamos cerca, desde el punto de vista de la historia literaria, de que aparezca en el poema el autor con nombre y apellidos; pero ya se presenta como identidad propia y sobre todo separada de los otros y del mundo circundante.
La pregunta se plantea como diálogo entre dos personas explícitamente presentes en ella: 'eres tú', 'que yo veía'. Quizá convenga recordar aquí que el español, como otras lenguas romances, pero no todas, tiene una propiedad que ha llamado la atención en análisis sintáctico desde hace ya varios años: es normal la ausencia de sujeto explícito, de "sintagma nominal realizado fonéticamente", como se dice; y esto llama la atención hasta el punto de constituir uno de los parámetros del análisis (el de la "caída de PRO"). En otros términos, si aparecen los pronombres sujeto 'tú' y 'yo', confieren un énfasis especial a elementos que de otro modo estarían suficientemente representados por la morfología del verbo correspondiente. Suprimiéndolos, el texto sigue teniendo como sujeto de 'eres' y como sujeto de 'veía' a los mismos elementos; la ambigüedad de 'veía' se resuelve a favor de la primera persona, entre otras razones por la presencia de 'mis' en 'mis tardes madrileñas'.
La segunda persona del diálogo, el 'tú' del texto, no es el lector u oyente del poema. Se trata del propio Guadarrama: el receptor del poema queda así obligado a ser testigo del diálogo, excluido del conjunto de circunstancias en que se produce la pregunta. El texto queda independizado del receptor, y de la situación de lectura o declamación; esta propiedad es característica de lo que Bernstein (1970) denomina "código elaborado". Los códigos elaborados se basan en signos desarrollados articuladamente, en que la experiencia no se da por supuesta y en que se desarrolla explícitamente el análisis racional de la realidad. Los restringidos, por el contrario, consisten en signos condensados, que se emplean con gran cantidad de información implícita accesible solamente a quien comparta la experiencia personal sobre la que se basan. El discurso de quien emplea un código restringido no puede ser entendido si no se dispone del contexto del que depende.
Podemos emplear apropiadamente el término de registro elaborado en el sentido de que el texto es independiente de la historia personal de su receptor, y también de la de su emisor (esto último, en virtud de que los datos sobre el emisor que son necesarios figuran explícitamente en el texto). Pero, como vamos viendo, el texto requiere conocer ciertos principios socialmente establecidos para su interpretación. Sin ellos, el receptor está perdido. El ritmo, como hemos visto, es una instrucción al receptor acerca de cómo tomar el mensaje, es decir, sirve para indicar (y para crear) la función comunicativa del texto. La pregunta con que empieza instruye al receptor sobre su papel: no debe interpretar el 'tú' como referido a él, puesto que va unido a la aposición de 'Guadarrama'. el texto literario desdobla los papeles comunicativos: además del yo y del tú, figuran el autor y el receptor. En este caso el yo del texto representa al yo del autor, pero el receptor no coincide con el 'tú' de la pregunta inicial. ¿Cómo debe interpretarla entonces el receptor?
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