El primer síntoma colectivo y tangible de esta cristalización del «sucismo» tiene lugar a finales de 1998 con la aparición de la antología Feroces, radicales, marginales y heterodoxos en la última poesía española, realizada por Isla Correyero y editada por la editorial barcelonesa DVD, dirigida por Sergio Gaspar [121]. Tal y como ha señalado Eloy Fernández Porta, en «la idea de heterodoxia poética elaborada por Correyero [...], Wolfe, aunque no antologado, es una presencia implícita, y mencionada como precedente [...]».[122] Nacida de la necesidad de dar a conocer un tipo de poesía desencadenado en mayor medida por la obra de Wolfe, esta publicación supuso la confirmación de distintos movimientos poéticos más o menos realistas, más o menos «radicales», «marginales» y «heterodoxos», pero siempre críticos con la ya fosilizada retórica de los seguidores de la poesía de la experiencia. Entre esos distintos movimientos -no del todo perfilados todavía y en ocasiones interrelacionados-, destacan el neorrealismo y los ya mencionados poetas abiertamente comprometidos (adjetivo últimamente en boga y que a fuerza de ser insistentemente repetido está adquiriendo un significado holgado y difuso). Bien mirado, en Feroces no se opera una ruptura abrupta (tampoco entre la poesía de la experiencia y los novísimos la hay en sentido estricto), sino una vuelta de tuerca más en relación con el tibio pseudorrealismo que aquella poética practicaba. Esta vuelta de tuerca que ensayan los feroces se concibe, mayormente, desde una libertad formal que el clasicismo de la poesía de la experiencia desdeñaba y desde la confrontación con una situación social e intelectual tenidas por insatisfactorias.
En palabras de Eloy Fernández Porta, «Feroces sacó a la luz a principios de los noventa el modelo poético que en su día se llamó realismo sucio [...]» [123]; a lo que habría que apostillar que no sólo. Sea como sea, entre los «sucistas» reconocidos por la crítica, encontramos en la antología a David González, a García Casado, a Violeta C. Rangel y a Graciela Baquero. También hay autores como Antonio Orihuela, Manuel Vilas o la propia Isla Correyero que, aunque no tildados de «sucistas», tienen -como ya hemos visto- elementos neorrealistas. No están, en cambio, Iribarren o Wolfe, calificados por la crítica como los más «sucistas» de todos, y en ambos casos su ausencia se debe a la negativa de los dos autores a ser incluidos en el volumen. Hay unas declaraciones de Wolfe a este respecto:
-Su heterodoxia, en cualquier caso, es incluso contra los heterodoxos. Se negó a que le incluyeran en la antología Feroces. Radicales, marginados y heterodoxos en la última poesía española.
-No me interesa encasillarme en ningún grupo. Huyo de esas clasificaciones como de la peste. [124]
La antología de tendencia Poemas para cruzar el desierto (2004) ha aparecido recientemente en la colección Línea de Fuego, la cual -como ya hemos dicho- ha publicado obras del propio Wolfe y de otros neorrealistas más o menos reconocidos (Karmelo C. Iribarren, David González o Eduardo Errasti), así como de autores hasta entonces prácticamente inéditos (Pepe Ramos, Michel Gaztambide, Ignacio Recio, Pablo G. Bao o, próximamente, Pablo Casares). En el prólogo, el antólogo -y director de la colección- Ángel Sierra toma postura y declara decantarse por la poesía realista practicada por estos y por los demás autores incluidos. Aparecen en la selección, entre un total de más de treinta poetas, todos los autores «de la casa» salvo Wolfe, que al igual que ocurriera con Feroces decidió quedar fuera. Con todo, Wolfe es el más claro referente del volumen. En la entrevista de David Taberna a Sierra (titulada «Una antología de poesía cercana al realismo sucio reúne a treinta escritores “comprometidos”»), leemos:
Dos nombres envuelven los Poemas para cruzar el desierto [...] Uno de los de los últimos escritores malditos, Charles Bukowski -«una referencia en la antología»- y el escritor [...] Roger Wolfe, que además de abrir la antología con uno de sus poemas, es el autor del título de esta recopilación de textos. [125]
Otra antología que incluye a bastantes de los autores mencionados aquí es Poesia Espanhola, Anos 90, de Joaquim Manuel Magalhães, aunque, al igual que Feroces, no es una selección que se ciña a una única tendencia. En sus páginas encontramos, entre otros, a Manuel Moya, a David González, a Antonio Orihuela o a Pablo García-Casado. En el epílogo de esta obra, José Ángel Cilleruelo apunta con tino algunas características comunes no sólo a estos autores sino a todos los incluidos en ella:
La nueva generación de poetas españoles se ha beneficiado de una conjunción de factores que han facilitado esta variedad de caminos poéticos. Aunque no se trata tanto de una característica de este grupo de edad concreto, como de un signo de la época que a ellos les ha afectado de manera directa. Estos factores son, a grandes rasgos, la multiplicación de los itinerarios de formación y de información culturales (ampliación de estudios, conocimiento de lenguas, viajes y estancias en el extranjero... y sobre todo una oferta cultural -libros, teatro, cine...- compleja y dinámica); la decadencia de los magisterios culturales tradicionales (universidades, publicaciones...) a favor de una descentralización constante de las influencias; y, en suma, un entorno social que al facilitar las comunicaciones y el ágil acceso a la información debilita las tradicionales estructuras piramidales en el medio literario y al mismo tiempo cultiva otro tipo de relaciones, que por nacer de un modo más libre, reúnen a poetas de diferentes edades sin que entre ellos medie una distancia jerárquica. [126]