Con tales conceptos en mente se desvanecen todas las dificultades con que topa Eric en su artículo sobre la colonización.
En primer lugar, las divergencias entre las actitudes frente al software libre no son contradicciones, sino meras diferencias; cada cual tiene su actitud particular, que no necesariamente contradice la de ningún otro; del mismo modo en que cada programador escribe programas (es de suponer) diferentes a los de cualquier otro sin contradecirlos. Cuando se considera que el desarrollo y el uso del software libre requiere recursos humanos escasos en cuanto a tiempo de desarrolladores y usuarios, se puede caer en la tentación de considerar cada diferencia como una contradicción potencial. Sin embargo, esto no hace las diferencias relativas al software libre más contradictorias entre sí de lo que lo son las que aparecen con el software propietario; de hecho, mucho menos: el software libre no puede sino hacer aparecer las incompatibilidades esenciales entre programas que intentan captar los mismos recursos (de computación, humanos); mientras que el software propietario introduce también oposiciones entre monopolios que intentan excluirse mutuamente con barreras artificiales consistentes en costes de utilización y desarrollo y la asuencia de las fuentes del programa.
En segundo lugar, Eric ve una contradicción entre la teórica proclama de libertad en las licencias del software libre, que permite que todo el mundo pueda modificar cualquier cosa, y la práctica gragaria por la cual los hackers siguen reglas estrictas de conducta al compartir el código. Pero no constituye mayor contradicción que el hecho de que en aquellos países en los que existe libertad de asociación los individuos no crean docenas de asociaciones con ellos como únicos miembros. La libertad es un asunto de derechos civiles. ¡El derecho a hacer algo dentro de unos límites dados no significa que todas las cosas que puedan realizarse dentro de ellos se lleve a la práctica!. Lo cual quiere decir que la gente ya tiene bastantes dificultades al tratar con las limitaciones naturales del mundo físico y social, y no desea sufrir la molestia adicional de artificiosas reglas humanas más allá de lo que definen los límites mutuos de libertad.
Los tabús que Eric señala pueden por tanto explicarse en función de las limitaciones humanas que afectan a las actividades relacionadas con la programación, de las que en su mayor parte ya hemos hablado: mientras los programas no son apropiables y nunca lo serán, el desarrollo de los programas, al igual que el trabajo relacionado con el software, como su nombre indica, implica un gasto de recursos, y aquellos hackers que vean sobrevivir a sus trabajos serán los que optimicen la utilización de recursos escasos.
La programación implica en primer lugar conocimiento y comprensión de los fines y medios de los programas, que pueden a su vez subdividirse en fines externos (observables por usuarios no programadores) e internos (perceptibles por programadores que mantienen, mejoran o simplemente modifican el programa). Tal conocimiento y comprensión no son por supuesto apropiables, y la libertad es el régimen bajo el cual serán maximizables. Pero adquirir y coordinar el conocimiento requiere el uso de canales de comunicación y el acuerdo sobre los protocolos a usar; y los canales de comunicación fiables de alta velocidad
son un recurso escaso.
La parte de costes de tecnología hardware está disminuyendo con rapidez, como pone de manifiesto la aparición de Internet, que ya ha jugado de hecho un papel importante en la difusión de la información que ha hecho posible la cultura del software libre; este coste hardware de la comunicación ha sido siempre una preocupación crucial antes o fuera de Internet; e incluso en ella, la parte WWW, a pesar de sus limitaciones, ha jugado un papel importante en la dramática reducción del coste tecnológico relacionado con la creación de centros de difusión identificables con fiabilidad. Por supuesto, la predominancia de los costes tecnológicos en la difusión de información útil fuera de Internet ha ayudado a ocultar el coste de la apropiación de dicha información más allá del ocasionado por su difusión, de modo que los monopolios de la información se establecieron sin que el público se preocupara o incluso se diera cuenta de tal hecho, y sin que se considerara su (temible) impacto sobre el avance tecnológico.
Pero con Internet, el coste de distribuir software se ha aproximado a cero, y el coste predominante en la difusión es el factor humano. Ya que los humanos disponen de un tiempo limitado para leer y escribir información; necesitan referencias que los guíen en el océano de la información disponible; necesitan referencias sobre su distribución, sobre las que puedan descargar su preocupación de encontrar información fiable; necesitan centros de contacto para intercambiarla, en los que puedan confiar para obtener información útil, y tomar en consideración las posibles respuestas. Una densa red de tales puntos de contacto, en la que los programadores puedan intercambiar sus contribuciones, es lo que se denomina un
proyecto de programación. Un proyecto tiene una existencia bastante física, lo que se opone a los meros
objetos de programación que son ante todo información inmaterial. Un proyecto dado puede lanzar (con mayor o menor regularidad) objetos, pero no debe identificarse con ellos; tales objetos lanzados pueden olvidarse, compartirse por millones de unidades, o reutilizarse de manera divergente por diferentes proyectos aislados en el tiempo y el espacio del proyecto original que los produjo.
Los objetos de software no son jamás asimilables con la propiedad, independientemente de lo que uno lo intente. Las ideas no pueden poseerese. La propiedad de algo es natural cuando, y sólo entonces, algo tiene la propiedad intrínseca de la mutua exclusión. Que es el caso de los objetos físicos y los servicios, pero
no de las ideas. Por otra parte, los
proyectos de software son tan apropiables como cualquier bien físico; tienen una identidad en el mundo físico, independientemente de las partes de la noosfera que ya hayan sido exploradas o que se pretendan explorar más adelante; consumen recursos físicos (el trabajo de los hackers).
El aspecto principal no percibido por Eric en su artículo sobre la colonización es por tanto que la combinación de interés y fama que yace en un proyecto, lo que hace que la gente invierta su tiempo de programación, lo que él llama su
promesa, constituye el bien escaso que interesa a los que desarrollan software libre.
Como ejemplo de que los proyectos de software libre generan recursos y valor por sí mismos, sin necesidad de recurrir al uso artificial de la apropiación del software, podemos echar un vistazo a
RedHat software∞, que sólo escribe software libre (todas las versiones de redhat, que son software, son libres) y sin embargo vende un número de copias suficiente de su Official RedHat CD como para prosperar, ya que incluyen el interés, el empuje y la fama que constituye la esencia del proyecto RedHat, identificado en su marca comercial.
De hecho, si en el artículo de Eric sustituimos cualquier referencia a la propiedad de programas por referencias a la propiedad de proyectos (el mismo Eric usa en ocasiones esta expresión más adecuada), el resultado es casi totalmente correcto. En consecuencia, no puede decirse que los programadores colonicen la noosfera, la esfera de los programas, ya que es falso; los programas son algo inmaterial y no es posible mediante esfuerzo colonizador alguno u otra actividad cualquiera traspasar una "mágica" frontera y crear una propiedad en la noosfera. En su lugar los programadores colonizan una "imagen de la noosfera", la esfera de los proyectos de programación, que constituyen exploraciones físicas de la noosfera inmaterial (lo que da a la publicación de las "páginas principales" de un proyecto un valor de ocupación del territorio más que metafórico). Lo siento por la autoestima de Eric al haber encontrado otro eslogan de dos palabras de lo más aparente: "colonizando la noosfera". Pero la corrección de las ideas es más importante que los eslógans de impacto, y estoy seguro de que es también capaz de encontrar un buen eslogan que refleje las ideas correctas en lugar de las erróneas.
Tras corregir esta confusión, todo lo demás en el artículo de Eric resulta una consecuencia inmediata de las consideraciones anteriores, y las dificultades desaparecen. La gente puede poseer y de hecho posee proyectos que son más o menos prometedores; y la dinámica de su posesión es esa cosa fluida que Eric describe con precisión, pues la teoría de la colonización se aplica perfectamente a los proyectos en el campo del software.
Un proyecto no se bifurca de forma arbitraria ya que la división implica una división de su capital, de su "promesa", en varias partes, lo que significa un menor retorno a la inversión en programación a menos que existan otras causas (tales como el reagrupamiento de otros proyectos distintos, o la desaparición de un desacuerdo interno importante) que hagan que uno de los proyectos resultantes aumente su atractivo por encima del que tenía el proyecto original. Aunque puedan limitarse los perjuicios ocasionados por una bifurcación del proyecto a base de compartir código entre las partes resultantes, existen costes proporcionales al grado de divergencia de los proyectos (lo que justifica la ruptura), por lo cual lo anterior es tan sólo un atenuante .
El simple hecho de que los proyectos puedan bifurcarse prueba que no pertenecen a la noosfera, ya que la bifurcación resulta un concepto escasamente aplicable a ideas platónicas inmutables. Los dos (o más) proyectos resultantes de una bifurcación parten de los mismos programas en la misma posición de la noosfera, lo que resulta incompatible con la posesión de los programas que una vez más requiere la idea de exclusión mutua; pero que es sin mebargo compatible con la idea de possión de proyectos que exploran la noosfera, si bien con recursos diferentes y una historia pasada y/o futura asimismo distinta.
Respecto a lo que Eric considera el segundo "tabú" del software libre, la oposición a realizar modificaciones fuera de la coordinación reconocida en un proyecto, puede considerarse un simple corolario del anterior, pues todo aquel que realiza modificaciones de este tipo actúa como lo haría dentro de su propia bifurcación del proyecto, aunque unos pocos parches no oficiales puedan ser incorporados (eventualmente) a las fuentes del proyecto oficial.
Podemos por tanto cuestionar que el software libre implique una economía basada en el regalo. Para empezar, la misma noción de "regalo" es confusa cuando se aplica al software tal como hace Eric en su artículo, por cuanto el software no es poseíble, pero resulta completamente significativa si la aplicamos a los proyectos y al tiempo de programación. Por tanto, podemos ver que de hecho mucho del software libre que se escribe y distribuye actualmente se realiza durante el "abundante tiempo libre" de los hackers que de esta forma regalan un tiempo de programación precioso sin recibir a cambio una compensación monetaria. Es decir que sí, que puede ser cierto que el el software libre
actual sea principalmente una cultura basada en la donación. Pero en ese caso el acaparamiento del software, al desplazar los ingresos desde los desarrolladores a los monopolizadores, del trabajo legítimo a la rapiña, distorsiona completamente el mundo del software: el capital se orienta hacia privilegios económicos artificiales y se emplea en imponer o utilizar leyes injustas, en lugar de invertirse en actividades útiles. Como resultado, los programadores capaces que se dedican al software libre no obtienen un reconocimiento de tipo económico, y el desarrollo de la mayor parte del software libre (o abierto) debe realizarse de forma gratuita, lo que explica porqué los hackers que se mueven en el mundo del software libre se ven forzados,
quiéranlo o no, a la donación de sus obras: la razón no es otra que los mecanismos de apropiación los excluyen casi totalmente de la economía predominante en el mundo del software. La gente que participa en el desarrollo de software libre puede en cierta medida involucrarse en una "cultura del regalo", algo que no se opone a una cultura de la competición; pero las reglas del juego han sido cambiadas y la competición se desarrolla entre recursos disponibles pero escasos, no entre recursos que son o bien inalcanzables o abundantes. En caso de que la ley se corrigiera y dejara de apoyar la apropiación del software al reconocer la artificialidad de la "posesión" en la noosfera, creo que el desarrollo del software así liberado llevaría a un floreciente mercado libre de los servicios relacionados con el software que tendría poco que ver, para bien o para mal, con una economía del regalo.
El fenómeno con el que cabe comparar de forma adecuada el desarrollo del software libre es la investigación científica teórica. De hecho, ambos proceden del mismo fenómeno general: la creación sistemática de nueva información. Y comparten un mismo origen histórico, ya que el mundo del software libre nació en universidades conectadas a través de Internet y fue creado por estudiantes y profesores en ciencias de la computación, matemáticas, física, química, y demás. En tales campos, la gente explora un espacio compuesto por objetos de información puros, que no pueden ser poseidos, aunque se pelee por la fama y por atraer el interés de otras personas a un campo de trabajo particular, de forma que los problemas que nos afectan puedan ser resueltos o puedan captarse fondos adicionales. Todo lo que digamos sobre la cultura del software libre es aplicable asimismo a la ciencia teórica y viceversa.
La comparación resulta perfecta en lo que concierne a la evaluación por iguales: ésta es la única forma aceptada de juzgar la calidad tanto en ciencia como en el software. De hecho, llegaría hasta extender la afirmación anterior a cualquier intercambio de información: es el juicio entre iguales el que asegura la mejor calidad de cualquier información, ya sea científica, técnica, financiera, o relacionada con cualquier aspecto de la vida, incluyendo los asuntos más comunes del día a día. Es éste mecanismo el que establece los precios en un mercado libre, en función de la información disponible. Y es por esto por lo cual la libertad de información resulta esencial para mantener el equilibrio en una economía de mercado, y por lo que la revisión entre iguales debería extenderse a todos los campos del conocimiento, para lo que sería necesaria la abolición de los privilegios actuales relacionados con la información, ya sean secretos, patentes, acuerdos de no difusión, o derechos de propiedad intelectual y de copia. Sin embargo, en aras de la brevedad, me centraré tan sólo en este artículo en el tema del software.
La noción de que el reconocimiento de la autoría debe ser respetado, de que se conserve la pista de cómo se creó la información, que constituye el tercer "tabú" del software libre percibido por Eric, está también presente en Ciencia. En primer lugar, tal seguimiento resulta sumamente útil cuando se investiga en campos que analizan procesos históricos, o se exploran temas relacionados entre sí. Y, de manera más prosaica, es necesario para asegurar un reconocimiento adecuado a los autores, de modo que sean ellos los que logren la fama o la vergüenza asociada a su trabajo, y se dediquen inversiones adicionales a proyectos que lo merezcan (que los proyectos que tienen reconocida una "promesa" dada se beneficien de recursos adicionales proporcionales a su mérito). Aquellos que borran tales huellas, que no les costaría nada mantener, causan a otros las molestias derivadas de la privación de una información útil, o les obligan a gastar recursos valiosos en su reconstrucción, a la vez que minan el proceso de la evaluación entre iguales. Tal actitud puede por tanto asimilarse al vandalismo gratuito o al robo cuando se realiza por interés; y es por lo que la costumbre lo desaprueba con firmeza y por lo que quizá debería ser incluso punible por ley.
No tengo más objeciones importantes al resto de los artículos de Eric S. Raymond. Terminaré diciendo que todas las confusiones y parcialidades que aparecen en sus artículos son típicos de su elección de la "política real" como principio de actuación en su activismo en pro del software libre. Un ejemplo de esta elección es haber cambiado con efectos retroactivos en sus artículos y conferencias el término "software libre" por "software abierto". No discrepo de la noción de ser eficaz promoviendo el software libre. Pero me opongo a acciones que pueden resultar atajos válidos a corto plazo y causar perjuicios a la larga, ya que en estos casos, en la búsqueda de un éxito puntual, se opta por apoyar fenómenos esencialmente erróneos en lugar de combatirlos.
Las leyes actuales han creado la noción artificial de "propiedad intelectual", y han hecho uso de ella como único modo de defender la necesaria validación de la información en un sistema de revisión por iguales. Estas leyes han corrompido completamente las instituciones económicas, ya que muchas corporaciones dependen de un modo crucial del monopolio de la información, también en el origen de grandes fortunas, más que de ser pagadas a cambio de la prestación de servicios reales. No deben realizarse compromisos con estas leyes, y debe lucharse contra su justificación, habitualmente errónea. Este es el principio fundamental de la filosofía del software libre. Lo menos que Eric podría hacer es evitar tales justificaciones, en lugar de apoyarlas. Es difícil luchar contra prejuicios que sirven para justificar enormes intereses financieros, por supuesto. Hace falta ser muy estricto precisamente porque la tearea es muy dura.