Uno de los primeros fines de las teorías feministas fue el de clarificar las diferentes relaciones de poder que situaban a las mujeres en una posición de inferioridad tanto en la familia como en el lugar de trabajo y tratar de encontrar una solución para cambiar esas relaciones de poder. Durante los 30 años que han pasado desde la segunda época de activa publicación de textos y de movimientos feministas, muchas teorías se han desarrollado -marxistas, psicoanalistas, socioculturalistas, postestructuralistas- y la investigación académica ha mostrado la complejidad de las preguntas que esas teorías tratan de responder. En parte a raíz de la complejidad de esas preguntas y en parte a raíz de otras causa de tipo estructural, ha aumentado la distancia entre, por un lado, la investigación abstracta de las universidades y centros de investigación y por otro lado los fines primarios de las teorías feministas de cambiar los tipos de relaciones que sitúan a muchas mujeres en posiciones de inferioridad.
Una gran parte de la literatura que existe dentro de la investigación feminista, o son estudios completamente humanistas teóricos sin ninguna relación a mujeres concretas o son raportes empíricos dentro de las ciencias sociales basados en metodologías cuantitativas sin cuestionamiento analítico ni de sus resultados ni de su metodologías. Cada vez se hace más clara la necesidad de acercar la teoría a la empiria y que las investigaciones feministas sean de provecho para las mujeres que se estudian o para las que intelectual -o emocionalmente- se posicionan en el lugar de las mujeres estudiadas.
El problema de la relación entre teoría y empiria tiene que ver con la relación entre la cuestión intelectual y la política. Este problema ha sido de preocupación de viejos y nuevos pensadores. Ya Max Weber (1904, 1919, 1991) razonaba sobre la cuestión de los fines de las ciencias sociales, que según él debería ser el de ayudar al ser humano a entender y clarificar diferentes hechos y praxis sociales. Weber pensaba que esto era posible de hacerse a través de variar la forma teórica de acercamiento y estudio de un problema. Por otro lado, también estaba convencido que en el proceso de investigación era posible separar "los hechos reales" de nuestra forma de ver esos hechos, o en otras palabras de nuestros valores y por lo tanto que era posible y necesaria la investigación "objetiva" del mundo social. El conflicto en su razonamiento se hace claro ya que cuando el investigador decide cambiar de perspectiva teórica lo que hace es un acto de valor. En otras palabras, la elección de diferentes perspectivas teóricas tiene consecuencias de valor y por lo tanto políticas.
Si el cambio de perspectiva en la investigación científica nos ayuda a entender y clarificar los hechos y las praxis sociales -razona Pierre Bourdieu (1984, 1991)- la elección de una perspectiva y no de otra es de gran importancia desde el punto de vista de las interpretaciones y resultados que podamos hacer de un mismo hecho empírico. Naturalmente que tiene consecuencias muy diferentes cuando, por ejemplo, "expertos" en relaciones matrimoniales -o los discursos que circulan en la sociedad a través de la televisión, novelas, películas, radioteatro, etc- le dicen a una mujer que sus problemas familiares son producto de su negación a aceptar su feminidad, a si las mujeres entienden que esos problemas son producto de ideologías patriarcales y de las estructuras económicas, sociales y políticas existentes en la sociedad.
La empiria no existe por sí sola, independientemente de cómo los investigadores la interpreten. El presentar raportes empíricos sin contexto explícito teórico es engañar al lector, hacerlo creer en una objetividad que es ilusoria. Las interpretaciones del investigador dependen del marco teórico seleccionado y el marco teórico seleccionado es un acto de valor. La investigación científica influye en las decisiones políticas y las decisiones políticas influyen en la elección de los temas que se consideran relevantes de ser investigados -o no- científicamente.