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Sobre los fines y la metodología en los estudios sobre la mujer y las relaciones de poder en la sociedades occidentales desarrolladas - Origen histórico: crítica a la investigación feminista

(1 opiniones)
Monografía creado por Veronica Stoehrel. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero16/v_stoehr.html
31 de Agosto de 2006

4 - Origen histórico: crítica a la investigación feminista

Una gran parte de la crítica de las décadas del 80 y 90 ha sido que los estudios sobre la mujer se refieren a las mujeres en términos universales y generales. Una gran parte de la investigación académica se dedicó a tratar de encontrar una diferencia clara entre sexo biológico (sexo) y sexo culturalmente construido (género). Naturalmente que esta discución fue necesaria en sus comienzos, entre otras cosas por la dificultad de poder generalizar, pero después de varios años y de varios miles de páginas escritas empezó a parecer que las mujeres de carne y hueso habían dejado de tener importancia en el mundo académico humanista.

La cuestión de la diferencia entre sexo y género tiene su origen en la tensión entre dos posiciones difíciles de ser definidas, la esencialista y la constructivista. En su forma más ruda, se acostumbra a relacionar el esencialismo a la cuestión biológica y herencia genética. En su forma más sofisticada se relaciona también a las experiencias de la mujer, ya que estas pasan a ser una parte de la identidad femenina. La posición constructivista más extrema cuestiona toda definición de mujer fuera de las interpretaciones que podamos hacer de ella. La variante más suave considera al sujeto como un producto de la sociedad pero al mismo tiempo insinúa la posibilidad de existencia de una voluntad propia. Mi propia posición se encuentra en algún lugar entre la dos posiciones menos extremas. Considero a la mujer como un producto de sus experiencias y de la sociedad, pero también considero a todo sujeto como un individuo con una voluntad propia.

La pregunta sobre la definición de la mujer -desde un punto esencialista o constructivista- es relevante mientras se trate de generalizar sobre las mujeres. Pero si cambiamos nuestro objeto de estudio y en vez de referirnos a las mujeres en plural nos referimos a grupos específicos de mujeres en determinados lugares de tiempo y espacio sociocultural, no necesitamos continuar con esta misma pregunta. Lo que cuenta son las experiencias de grupos específicos de mujeres, sin que esto signifique que se le dé algún tipo de prioridad a los estudios puramente empíricos.

El movimiento liberal feminista, que luchó por la igualdad de derechos en cuestiones de trabajo, educación, salud, etc., pudo durante la decada de los 80 y los 90 sentirse satisfecho, por lo menos en una gran parte de los países desarrollados occidentales. En diferentes países se escribieron leyes generales y locales que prohibieron la discriminación de las mujeres. En este contexto, se escuchó entonces hablar sobre "post-feminismo", ya que las mujeres ahora podían hacer "lo que querían". Investigaciones actuales han demostrado, sin embargo, que no es suficiente con decretar leyes para obtener una igualdad entre hombres y mujeres ya que la posición subordinada de una gran parte de las mujeres tiene su origen en las relaciones estructurales de la sociedad. Las leyes son necesarias pero están lejos de ser suficientes. Las relaciones estructurales no funcionan por sí solas sino que son producto de determinadas formas de pensar y de praxis humanas. La lucha por la igualdad debe entonces ser dada tanto a nivel macro como micro.

Las feministas radicales y marxistas, cada una a su manera, se interesaron por la posición subordinada de la mujer, pero siempre a partir de un punto de vista universalista sobre ella. En un interesante libro publicado en 1989, reflexiona Carolina Ramazanoglu sobre el problema de teorizar sobre la mujer como grupo y sobre la dificultad de poder encontrar una definición de poder en la que diferentes mujeres se puedan reconocer. Las feministas radicales localizan el poder en determinadas estructuras e ideologías de la sociedad patriarcal y las feministas marxistas localizan el poder en las relaciones de producción y en las relaciones entre los sexos. Tanto el primer como el segundo grupo tratan de explicar las relaciones de poder entre los sexos buscando el "origen", buscando la situación social que ha puesto a la mujer -en plural y forma genérica- en una posición de subordinación.

La crítica de las décadas de los 80 y de los 90 partió del tercer mundo, de diferentes grupos étnicos, de las mujeres de color norteamericanas y de las mujeres lesbianas. De la misma forma que las primeras feministas americanas y europeas habían considerado los discursos dominantes en la sociedad como un producto de la experiencia masculina, de Occidente, de la raza blanca y de la clase media, ahora fueron acusados los discursos feministas como producto de la experiencia perteneciente a mujeres de raza blanca, de Occidente, de clase media y heterosexuales. La crítica ayudó a clarificar el hecho de que las experiencias de las mujeres de la clase trabajadora son distintas que las experiencias de las mujeres de la burguesía, que las experiencias de las mujeres pertenecientes a grupos étnicos minoritarios no son las mismas que las experiencias de las mujeres nacidas dentro del país, que las experiencias de las mujeres del tercer mundo no son las mismas que las experiencias de las mujeres del primer mundo y que las experiencias de las mujeres heterosexuales no son las mismas que la de las mujeres homosexuales.

Las diferencias entre grupos de mujeres ha naturalmente dificultado la posibilidad de definir el poder de una manera que sea común para todas ellas.

La dificultad de generalizar a las mujeres como grupo ha llevado a muchas feministas a una calle sin salida y a tener una sensación de falta de poder. El razonamiento ha sido que si no podemos hablar de la mujer en términos generales y genéricos, entonces tampoco podemos encontrar soluciones políticas comunes.

La necesidad de generalizar y encontrar una solución común -una necesidad muy occidental y un producto directo de las viejas ideas de la Ilustración-, y la imposibilidad de hacerlo, puede decirse que ha sido una de las mayores causas del estancamiento del feminismo. Esta misma necesidad de generalizar en términos teóricos en el campo de investigación humanista, también ha contribuido a que se haya olvidado la existencia de mujeres biológicas en este campo de investigación.

La cuestión es si realmente necesitamos generalizar para poder encontrar estrategias políticas relativamente comunes, o si siquiera podemos cambiar las relaciones de poder con estas estrategias comunes.

El tratar de explicar por qué la mujer se encuentra en una posición subordinada también ha sido una de las tareas del psicoanálisis femenino. Desde los tiempos de Freud han habido una cantidad de psicoanalistas y sociólogas-psicoanalistas que han tratado de explicar la subjetividad e identidad femenina generalmente desde un punto de vista esencialista. Las teorias lacanianas sobre la sexualidad del individuo han sido utilizadas para deconstruir el concepto de "Mujer" y para considerar la sexualidad como una construcción de la sociedad. En un -todavía fascinante- libro de hace ya 16 años, Janet Sayers (1986) nos resume el psicoanálisis postfreudiano, que trata de explicar la subjetividad femenina y, explicita -e implicitamente- la relación de la mujer con el poder. Comienza con el psicoanálisis esencialista -a través de los trabajos de Adriene Rich, Karin Horney y Luce Irigaray- para luego reflexionar sobre la teoría de relación a objeto en los trabajos de Nancy Chorodow, Carol Gilligan y Evelyn Fox Keller, los cuales Sayers considera que son un desarrollo de los escritos de Melanie Klein. A pesar del reconocimiento que Sayers hace de la importancia histórica de esas pensadoras psicoanalíticas, las critica porque ninguna de ellas es capaz de explicar cómo es posible -si uno estudia la historia- que las mujeres hayan hecho resistencia a la dominación masculina. No deja de ser interesante que ni el psicoanálisis ni las feministas liberales, marxistas o radicales hayan logrado explicar los procesos de resistencia en las sociedades desarrolladas occidentales.

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