¿Qué es el Tai Chi Chuan? ¿Se trata de un arte marcial, un método para el equilibrio de la salud o para el desarrollo espiritual del individuo? ¿Se puede hablar de Tai Chi Taoísta, Tai Chi espiritual o de diferentes tipos de Tai Chi?
Muchas preguntas que nos obligan a retroceder a lo históricamente demostrable y a lo que la misma práctica en sí puede llegar a sugerirnos. No podemos hablar de Tai Chi terapéutico, Tai Chi marcial, Tai Chi espiritual, en parcelas exclusivas pues con ello encuadramos en un aspecto muy limitado la grandeza de sentidos y de significados que el término en sí mismo implica.
Por supuesto que existen beneficios físicos en la práctica, ya a estas alturas decir lo contrario sería incoherente pues millones de practicantes lo demuestran en todo el mundo con los beneficios obtenidos a nivel físico y mental tras la práctica continuada de este arte. Igualmente, los orígenes marciales de este sistema son muy claros para cualquiera que haya indagado ligeramente en la numerosa documentación que existe al respecto. Espiritualidad, palabra de difícil aplicación contextual en los tiempos que corren, no obstante podríamos reflejarla como uno de los inevitables resultados de una práctica artística correctamente enfocada, desarrollada y comprendida.
Pensemos pues en una cosa concreta, existen diferentes estilos de Tai Chi Chuan, indiscutiblemente, el estilo germinal del sistema es el estilo creado en la aldea de Che´n Chia Kou. Geográficamente se encuentra dicho poblado muy cerca de donde se ubicó el monasterio de Shaolín en la provincia de Henan. Las similitudes entre algunos movimientos de las formas antiguas de este estilo y la de algunos estilos practicados en el monasterio de Shaolín, verdadero crisol de estilos de lucha, son indiscutibles, aún para el profano en la materia.
No obstante, los últimos hallazgos sitúan las características técnicas de los movimientos del estilo Chen en un tratado escrito por un militar, el general Chí Chi Kuang que vivió durante la dinastía Ming (1368 - 1644). Este general, conocedor de 16 estilos de lucha compiló las técnicas que estimó más importantes en un sistema de 32 movimientos que utilizó para el entrenamiento de sus tropas. Este tratado "El clásico del boxeo" pone de manifiesto los orígenes marciales de los movimientos. El historiador chino Tang Hao en 1937 ya cita este tratado como el origen del Tai Chi Chuan y lo cita a colación de haber encontrado entre los manuscritos de la familia Chen copia de las obras del general Chí Chi Kuang.
Los practicantes de Tai Chi Chuan, y digo Chuan, por que es el término correcto que debemos utilizar ya que utilizar exclusivamente Tai Chi se referiría al símbolo de la filosofía taoísta conocido como Yin Yang y estaríamos nuevamente mirando un solo árbol en vez de observar el bosque completo; los practicantes de Tai Chi Chuan son conocidos históricamente por su capacidad para salir airosos de combates con practicantes de diferentes estilos de lucha chinos. Términos como "El invencible" aparecen en numerosas ocasiones en las referencias bibliográficas que nos hablan de este sistema.
Con todo esto, no reivindico el exclusivo tono marcial del sistema, ya que para obtener una visión más productiva si cabe, para comprender la profundidad, el inmenso contenido que nos aporta esta práctica, debemos observarla como una planta en crecimiento. Lejos de identificar estos rasgos negativos o positivos, según se vea, pretendo comparar lo que puede ser el germen de algo que tras la maduración y crecimiento abarque facetas o significados mucho más amplios y coherentes con el entorno humano, físico y, porqué no, cosmológico que los que originaron su génesis.
Que los orígenes marciales del Tai Chi Chuan puedan generar algún tipo de incompatibilidad con los practicantes denominados pacíficos, no es más que un mensaje de cortas miras promovido quizá por una falta de conocimiento de los diferentes desarrollos de autodefensa que implica cada movimiento del sistema. Para ello debemos recurrir como siempre al sentido común.
Situémonos en el entorno histórico en el que se recogen estos primeros indicios del sistema. En torno al 1700, una época en la que en china no podemos hablar de respeto de los derechos humanos, aún hoy no podemos hacerlo, una época en la que la supervivencia de las familias frente a las guerras, los saqueos de forajidos y un largo etc. de amenazas de la vida y la convivencia, el individuo dependía en gran medida de su capacidad para la autodefensa, no es de extrañar que fuese esa una de las principales preocupaciones de éstas. En este marco, puede resultar bastante sencillo comprender qué llevó a los creadores o continuadores (más adelante aclaremos el motivo de esta palabra) de este arte a desarrollarlo e invertir tanta energía para ello.
En una ocasión le pregunté a un chino que cuales eran sus mayores preocupaciones en la vida y me contestó con la misma frase que escuche en una película hace ya bastante tiempo, comer y dormir caliente. Esa era la principal preocupación de un ser humano del siglo XXI. Por qué dudar sobre cual era la principal preocupación de un individuo en un entorno hostil hace 300 o 400 años. Resulta evidente.
Igual de evidente resulta el que en este sistema se contemplen aspectos muy diferentes de otras artes marciales. Para ello debemos entrar en la comprensión de diferentes filosofías, y es aquí donde parece que el Tai Chi Chuan se erige como un crisol en el que se funde un sistema de lucha con un sistema filosófico como es el taoísta. Podemos decir a boca llena, que lo que conocemos en la actualidad es el desarrollo de la fusión de ambos elementos. Estos elementos que pueden valorarse por separado como solemos hacer en occidente, son partes inequívocas de un mismo principio.
¿Podemos entonces hablar de Tai Chi Taoísta o no Taoísta, Marcial o no marcial, terapéutico, espiritual, etc.? Quizá sería posible ampliando o reduciendo mucho las miras y la capacidad para cercenar o subdividir conceptos que deberían ser admitidos en toda su magnitud. Si pudiéramos viajar en el tiempo, en una especie de arqueología del movimiento, encontraríamos un punto en el cual no hallaríamos ningún aspecto filosófico o espiritual en la práctica, pero seguramente, no distinguiríamos lo observado de otros sistemas pugilísticos chinos. Lo que hace al Tai Chi Chuan diferente de otros sistemas es su capacidad para reencontrar en movimientos marciales, los propios movimientos de la naturaleza. Este es un hallazgo que me ha costado más de 14 años de práctica sentir. Y digo sentir por que he leído mucho sobre este concepto, pero la lectura no deja de ser un pilar espinoso que ha veces nos confunde con la verdadera ruta del conocimiento en cualquier sistema psicofísico que no es otro que la práctica.
Entender y comprender a veces es muy diferente del sentir, y si algo buscamos con este trabajo, a veces marcial, a veces filosófico, a veces espiritual, es el sentir nuestro centro, nuestra relación con el universo y con las sutiles energías que en él interactúan.