En un interesante artículo publicado en la revista Journal of Asian Martial Arts sobre una entrevista realizada al maestro del estilo Chen de Tai Chi Chuan Sr. Wang Xian, el mismo alude a la inexcusable necesidad de una ardua e intensiva práctica para la comprensión del sistema. En el mismo artículo se cita el carácter agrícola de la economía y la sociedad de la aldea de los Chen y la disposición de tiempo entre las etapas de siembra y recogida, tiempo que ha sido invertido desde generaciones en el desarrollo y trabajo del Tai Chi Chuan.
Esto nos hace replantearnos un poco la leyenda histórica de que el Tai Chi fue creado por el sabio taoísta Chang San Feng, personaje del cual existen pocos indicios que demuestren su existencia e incluso su intervención en la creación de este arte.
En las diferentes obras publicadas en Castellano del autor Douglas Wile, encontraremos suficientes argumentos para contrastar la idea de que esta visión romántica e idílica de la creación del Tai Chi Chuan a partir de la observación del combate entre una Grulla y una Serpiente por parte de un sabio, se corresponde más a una intención por parte de una clase alta de la sociedad china de darle una antigüedad respetable y enraizada en la cultura china más auténtica al arte, en un intento de reivindicar los valores de lo auténticamente chino, lo clásico frente a una incipiente influencia de lo occidental y lo supuestamente moderno.
El verdadero origen del sistema quizá nunca lo conozcamos. En el libro
T´ai Chi´s Ancestors: The Making of an Internal Martial Art, nuevamente del autor Douglas Wile, se transcribe un fragmento de la obra
Wu Yüeh ch´un ch´iu (Anales de los estados de Wu y Yüeh) en el que se relata un diálogo entre el rey Yüeh y una guerrera. Es interesante leer dicho fragmento ya que habla claramente de las características del Tai Chi Chuan, pero en una época muy anterior a lo que tenemos documentado. Concretamente esta obra fue compilada en la dinastía Han, dinastía en la que se restauró el canon de la historia china, si bien, dicha conversación se refiere a una época anterior incluso a la creación del imperio chino a manos del legendario emperador Shi Huang Ti.
Sería pues muy interesante abarcar estas dos líneas de trabajo para elaborar algunas conclusiones mucho más fructíferas. No obstante, dado que no es la intención de este trabajo, utilizaré esta asincronía de argumentos sobre el germen del sistema para intentar comunicar que, incluso refiriéndonos a la teoría romántica y popularmente extendida del desarrollo a partir del sabio Chang San Feng, el origen de los movimientos parte de una lucha, de un combate entre dos elementos de la naturaleza, representados en este caso por dos animales cuya representación podría igualmente valorarse de forma metafórica ya que existen sistemas de lucha que representan las naturalezas y energías de ambos animales en sus movimientos y en el espíritu impreso en los mismos por parte de los practicantes.
Para ello, la libertad de elección del lector y de maniobra en su búsqueda personal de verdades queda abierta. Lo que en esta parte del estudio nos interesa es concretar una cuestión. Si los sinólogos que han estudiado sobre el tema no se ponen de acuerdo sobre el origen de este sistema ¿Debe plantearse el practicante estas cuestiones para desarrollar su Tai Chi? Creo que es importante tener un determinado conocimiento sobre la información disponible al respecto con una única intención, conocer que la duda es general. Con ello, podemos evitar caer en las redes de los comerciantes de lo desconocido, de aquellos que prometen la transmisión de secretos que por el bien de lo humano debería de estar al alcance de todo el mundo.
Tal y como se titula uno de los libros de Wolf Lowental sobre sus experiencias con el maestro Cheng Man Ch´ing,
No hay secretos. No existen secretos que vender, existen verdades que transmitir. Que una persona supuestamente heredera del heredero del heredero, etc., nos indique que conoce un sistema que solo transmite a ciertos privilegiados no tiene que suscitar en nosotros más que una gran risotada.
El Tai Chi Chuan es un sistema de defensa personal desarrollado en un marco filosófico que predispone la comprensión de las distintas técnicas marciales incluidas en él al desarrollo de sutiles sensibilidades relacionadas con nuestra percepción energética del entorno. El desarrollo de estas sensibilidades implica inevitablemente una mayor concepción de las energías humanas y universales dado que ambas son sinérgicas. Esta comprensión de las fluctuaciones energéticas entre la tierra, el cielo y el hombre crean por medio de la práctica del Tai Chi Chuan una formula de enlace de estas energías, siendo el vínculo, la herramienta final para esta tarea, la fusión de la mente y del cuerpo en un único elemento comprendido como tal y sentido como tal .
Se tiende a mitificar el equilibrio mente-cuerpo como el paradigma de los avances en el desarrollo humano. Si enfocamos este equilibrio desde el punto de vista de la medicina tradicional china, gran implicada en los conceptos que se barajan en el Tai Chi Chuan, tendremos que optar por una visión integradora de ambos elementos, sin diferenciar órganos de mente por ser ambos, elementos de un mismo núcleo.
En este plano, lo que pensamos o hacemos incide directamente en el estado de nuestros órganos y, el estado de nuestros órganos incide directamente en lo que pensamos y por ende en lo que hacemos. He aquí el punto en el que el Tai Chi Chuan puede generar un equilibrio imprescindible para la armonía general del ser con su hábitat terrenal y universal.
En la práctica, movemos el cuerpo a un ritmo, movemos la respiración a un ritmo y movemos el pensamiento a un ritmo. Movimiento, respiración, pensamiento, intención, técnica, todo queda entrelazado provocando una interacción entre las energías diferentes que mueven cada uno de estos apartados. Cuando nos referimos a la mente, observamos a ésta como a todo el ser en su conjunto. Quizá la mayor fuente de desequilibrio del ser humano parte de esta visión divisoria de su propia integridad psicofísica.
La voluntad, el enfoque unificado de la mayor parte de nuestras energías, dirige en gran medida nuestras acciones. Lo que los científicos definen como una estructura casi mecánica, entiéndase mecánica como desarrollada por el hombre, la naturaleza lo genera como resultado de una serie de materializaciones energéticas que no siempre se corresponden con el encuadre que las limitaciones de nuestro pensamiento racional pueda hacer.
La persona es por lo tanto una materialización de las diversas sustancias energéticas del universo y por ende, el equilibrio con éste es inevitable. ¿Dónde puede pues residir el desequilibrio en el que la gran mayoría vive? El pensamiento es el responsable de dicho desequilibrio, pues es el que interpreta las situaciones de nuestra vida, las compara, las evalúa y crea las hipótesis sobre nuestra existencia, rompiendo lo que sería una natural comprensión y admisión del ritmo natural de las cosas. De alguna forma, la práctica del Tai Chi Chuan, abre esta comprensión, al conectar el pensamiento con un ritmo universal que le devuelve a su amplitud de onda correcta, impidiendo que la energía de nuestro pensamiento tome otras direcciones de desarrollo que tiendan a desequilibrarnos interiormente, aunque nuestra existencia siga siempre el inevitable curso de su destino definido por la dirección de la energía universal.
Esa dirección generadora, inabarcable, incomprensible, en la que todos los seres nos vemos envueltos como en una infinita carambola de un billar universal, el origen y trayectorias de ese fenómeno fue definido por los sabios taoístas como el Tao, lo que no se puede definir, pues en su definición intervendría nuevamente nuestro pensamiento y por lo tanto no sería la interpretación correcta. Se puede sentir el tao, se puede acariciar por medio de la práctica del Tai Chi Chuan. ¿Cómo?
Recibí una enseñanza hace algún tiempo de un maestro, en toda la amplitud que podamos darle a la palabra, en la que me comunicaba de una forma simple, sencilla, hasta podría parecer pueril, como el Tai Chi Chuan reproduce las energías de la naturaleza y como debemos buscarlas a través de la práctica. Dado que en su momento procuré transcribirlas, puedo ponerla al alcance de todo aquél que busque sobre ello, ya que en mi caso ha permitido una aclaración contundente de algunos aspectos cuyas dudas me obligaban a utilizar sobremanera el pensamiento, lo cual siempre suele resultar problemático para el desarrollo personal.
9 de la mañana, playa de Benajarafe en Málaga. El mar rompe con su ruido constantemente la imagen solitaria de la playa y comunica con intensidad su presencia. En esta intensidad, pregunto, ¿Cuál es nuestra relación con semejante fuerza?, ¿Qué tiene el Tai Chi Chuan que ver con esto? La conversación:
- Observa por un momento algo que sistemáticamente se produce en el mar. ¿Qué observas?
- Nada, tan solo un montón de olas
- Quizá deberías sentarte más a menudo frente a esta playa y descubrir por ti mismo lo que te voy a enseñar .
- Dispongo de poco tiempo.
- Te equivocas, dispones de todo tu tiempo.
- ¿Y bien?
- Existen tres fuerzas que se repiten constantemente, en algunos casos, unas antes que otras, pero siempre son esas tres fuerzas.
- ¿Cuáles?
- Una primera fuerza en la que el agua es arrastrada por la arena de la orilla, una segunda en la que esa fuerza se revierte en la dirección del mar, haciendo ascender la ola en una especie de inspiración y finalmente una energía explosiva que vuelve a lanzar la masa de agua en la dirección de la orilla.
- Y eso ¿qué tiene que ver con el Tai Chi Chuan?
- Todo. Cada movimiento en el Tai Chi Chuan agrupa esas tres fuerzas. Cuando te agarran, inicialmente cedes lo suficiente para crear desequilibrio en el contrincante, tras esa cesión y por el control del arrastre llegas a un punto de control sobre el mismo para finalmente romper sobre él con toda la energía absorbida durante el ciclo.
- ¿No es esa una visión muy marcial de la energía de la naturaleza?
- Observa la marcialidad como un lienzo en el que puedes representar las fuerzas que te cito, también las puede representar un bailarín, un pintor, un escultor, son las inevitables fuerzas que la actividad artística nos destapa. En el caso del Tai Chi Chuan, el beneficio es aun mayor. No sólo nuestro cuerpo representa los movimientos de la naturaleza, nuestra mente, genera los movimientos de energía a través de un ciclo respiratorio similar, inspiración, compresión y exhalación .
De esta experiencia y de esta aplicación intencionada de conceptos posteriormente en la práctica, se desprende una evolución de la comprensión no solo del movimiento o de la técnica, también lo hace una evolución de la comprensión del universo y por lo tanto un mayor desarrollo del ser humano.
Por este motivo, cuando se habla de distintos tipos de Tai Chi, entiendo que solo estamos cortando ramas de un árbol en vez de regarlo con la práctica y nutrirnos de sus frutos mientras el árbol crece ayudado por todos los que practican.
La práctica es la verdadera poseedora de los secretos del arte. Sus orígenes, que pueden ser importantes para nuestra sed de conocimientos teóricos, no deben influir sobremanera en nuestro enfoque de la práctica, pero debemos obtener siempre que podamos la visión más plural y abierta posible para poder comprender la magnitud de lo que estamos tratando.