Para Cuca, el ser masculino representado por Juan Pérez es siempre superficial y ambulante de manera que puede irse cuando quiera. Por el contrario, sus amigas no la abandonan nunca y siempre están con ella. Gracias a ellas, Cuca puede soportar la amargura de la vida. ‘El hombre de su vida’ la deja sola y de la misma manera la Revolución agrava su soledad poniendo distancia de por medio entre ella y su hija.
Para la mujer sufrida de la realidad, era solamente la lógica de la política mundial y no podía curar la soledad interna ni traer un cambio interior verdaderamente. Así, el mundo femenino y su soledad interna se sitúan en el centro de la obra como eje contrario al mundo realista lleno de los trastornos revolucionarios y del valor de lucha.5
Su mundo femenino se eslabona de manera intertextual con el contenido de las canciones de donde proceden los epígrafes a los capítulos:
1. Be careful, it´s my heart (Bola de Nieve)
2. Camarera del amor (Beny Moré) -también de aquí procede el título de la novela-.
3. Una rosa de Francia (Barbarito Díez)
4. Se acabó la diversión (Carlos Puebla)
5. Un cubano en Nueva York (Trío Oriental)
6. Lamento cubano (Guillermo Portabales)
7. Una cita de amor (La Freddy)
8. Miénteme (Olga Guillot)
9. Con mil desengaños (La Lupe)
10. Perdóname, conciencia (Moraima Secada)
11. Nostalgia habanera (Celia Cruz)
Lo anterior significa no sólo ampliar el texto de la novela hacia las letras de las canciones elegidas, sino tomar en cuenta la identificación de esa realidad, de ese mundo, con todos aquellos que escuchan y cantan esas canciones con la misma nostalgia con que las canta o las oye la protagonista.
a) El olor, el sabor y el placer corporal
La Habana antes de la Revolución está llena de todos los sentidos: olfato, gusto y oído y el placer corporal:
La Habana, con su humedad salitrosa, marítima, pegada a los cuerpos. La Habana, con sus cuerpos acabados de bañar, entalcados, perfumados, y sin embargo, grasientos.6
Estos sentidos se han incorporado de manera muy natural al mundo de las mujeres. Especialmente el olfato y el gusto son sobresalientes. En el primer encuentro, Cuca siente la presencia de Juan Pérez y la relaciona con la mezcla de olores de su cuerpo y después de 8 años, ella lo reconoce por ese mismo olor:
Un vaho, mentolado, un resoplido alcoholizado, se le coló en la oreja izquierda. Era él, de regreso: traía sendos vasos llenos hasta el borde de menta y de hielo, masticaba chicle, también de sabor a menta. (p. 52)
De vez en cuando, la novela incluye recetas y alusiones al sabor de la comida cubana sin motivo aparente:
Ésa era la ciudad azucarada, miel de la cabeza a los pies, música y voces aguardentosas, cabareses, fiestas, cenas, comida típica cubana: carne de puerco asado, con mojo. ¿Que cuál es la receta para hacer pierna de puerco asado a la criolla? Ingredientes: una pierna de puerco de seis libras, más o menos, una cabeza de ajo, tres cuartos de taza de jugo (pp. 32-33)
Por lo general, se conciben más familiares con las mujeres el acto y el lugar de cocina. Aquí en el texto, la cocina no representa el deber opresor sino que está cerca del sentido de lo delicado y de la satisfacción del cuerpo. La percepción sensorial tan fina toca límites con el placer sexual. Se describe con frecuencia la homosexualidad de las personajes y la hermosura del cuerpo de la virgen Cuca, que abrió los ojos al placer corporal frenético con Juan Pérez.
Sin embargo, La Habana sensual y corporal se acabó con la llegada de la Revolución. El olor de Juan Pérez desaparece y las recetas se vuelven inútiles debido a la carencia de los ingredientes. Los cuerpos escandalosos de la Mechu y la Puchu fueron castigados por ser lesbianas y les cambiaron los nombres por otros revolucionarios como Fala y Fana. Cuca se convirtió en trabajadora pública y botaba la basura para vivir. Pierde su belleza y se vuelve fea y vieja a causa de la malnutrición y la pérdida de los dientes. Estaban tan lejos los tiempos en que se arreglaba que un día ella sintió deseos de comprar una polvera con un dólar que había encontrado en la calle. Cuca se queja de su vida tan dura: “Si lo único que yo necesito para estar contenta es pan, amor y chachachá. Pero…No puedo ser feliz. Tan fácil que parece.” (p. 141)
Los bares luminosos se han cerrado casi en su totalidad y el Montmartre en el que dio la fiesta de cumpleaños de su hija ya perdió su gloria del pasado. Aquí, la escritora señala que la causa y el líder modelo de la Revolución oprimieron “cosas pequeñas pero primordiales”, de manera que no se puede devolver el sentido de vivir, y por eso la vida en la isla se ha muerto, está seca.
b) La solidaridad femenina
Desde el principio, Juan Pérez es un ser secundario tanto en la vida de la Cuca como en la importancia de su papel en la novela. Juan siempre promete el amor eterno pero en realidad andaba en prostíbulos y se casó con la hermana de Luis, su amigo muerto -una muerte de la que se sentía culpable-. Juan es un miembro de la mafia, y por eso era importante mostrar su masculinidad con una amistad machista y la fidelidad al grupo. Antes de regresar a Cuba, nunca siente remordimientos por Cuca y a veces gozaba la felicidad de recordar el amor pasado con ella.
Por el contrario, las amigas de Cuca la protegen y le dan ánimo para vivir. Aunque al principio la Mechu y la Puchu se burlan de la Cuca ‘guajira’, luego se convierten en las mejores amigas y consejeras de por vida. Así también eran las vecinas, el Fax y la Fotocopiadora, al igual que los animalitos, el Ratón Pérez y la cucaracha Katrinka Tres-Escobas, todos eran amigos muy fieles. Sin embargo, Cuca no logra tener una buena relación con su hija:
Ella es igualita a él, a su padre. Mis dos grandes amores me abandonaron como a un perro sarnoso. Menos mal que puedo contar con la Puchunga y la Mechunga, ellas sí que son fieles. Menos mal que vivo con Katrinka, mi cucarachita querida, y que el Ratón Pérez me hace las colas en el puesto y en la bodega. Es una suerte que el Fax, y Yocandrita se ocupen de mí. (pp. 139-140)
Poco después de cumplir quince años, María Regla salió con su amiga y regresó pálida muy tarde. Al verla, la madre se enteró de que ella había tenido un aborto; ella misma también había abortado dos veces antes de parir a su hija. Al nacer, la hija había heredado el nombre de “la Niña” de su madre, y después vive la misma experiencia que tuvo su madre como si fuera la condición inevitable de las mujeres. A causa de las propiedades biológicas de los órganos genitales femeninos, las mujeres siempre llegan a repetir el mismo acto de abortar, parir y criar a los niños.
En un sistema a favor de los hombres, las experiencias del cuerpo femenino -menstruación, relación sexual, aborto, parto, y criar a los niños, etcétera- no se ven desde punto de vista femenino sino se consideran demasiado superficial y mecánicamente. Esa experiencia dolorosa del cuerpo íntimo no se puede compartir con los hombres ni está bien entendida por ellos, de manera que resulta un aspecto que conforma la empatía, la solidaridad y la comprensión mutua entre ellas. Mediante la salud y la fuerza de su cuerpo, las mujeres se apropian del sentido de la vida como mujeres y como seres humanos, y con esos ímpetus llegan a defenderlo.
La hija rebelde se hace más generosa consigo misma y entiende la vida de la madre luego de conocer a su padre. También ella abrió sus ojos a la contradicción de la realidad cubana:
En otro momento hubiera salido en defensa del honor de la Revo, pero ese momento está ya muy lejos de ella. De su deseo de cambiar el mundo ha pasado a querer cambiarse a sí misma. No sólo de ropa, de mentalidad también. (p. 294)
En vez del lema de cambiar el mundo exterior, opta por el propio deseo lo que significa que ella adquiere otro sentido de la vida, más natural pero difícil de practicar sin importar a qué sistema social pertenezca. El sentido de la vida hay que buscarlo en sí misma y defender lo vivo contra lo que se ha petrificado.
c) Los elementos sentimentales
El título anuncia que la obra será una historia de amor demasiado sentimental y lacrimosa. Aunque la obra no desarrolla un romanticismo estereotipado que satisfaga nuestras expectativas, se destaca el carácter sentimental de la protagonista como en la letra de los boleros. El narrador dice:
Bueno, al grano, es el dramón de una mujer enamorada de un solo hombre, que no es lo mismo que de un hombre solo, ejem… Lo esperó toda su vida, pendiente, sin tan siquiera ella saberlo, de los boleros... (p. 171)
Cuca es tan sufrida y sentimental que ese carácter estereotipado de la mujer sumisa está muy exagerado y es casi irreal. Por ejemplo, ya que su boca no puede recuperar los besos de Juan Pérez, Cuca decide sacarse todos los dientes. Y tan grande es su añoranza que congela en el refrigerador un papel donde se escribieron los nombres de ambos para enfriar el amor de ella. A pesar del cambio social y de otra proposición de matrimonio que le llega, la vida de Cuca se centra en la espera del hombre de su vida.
Esa devoción ciega por el hombre se ha trasladado a la hija. Cuca deja de lado la enfermedad de su seno y gasta todo lo que tenía para el cumpleaños de María Regla. Además, ella acepta a Juan Pérez como su marido y como padre de la hija aun sabiendo que él regresó para rescatar un dólar del año 1935. Cuando la mandan a su pueblo natal, Cuca reflexiona sobre su vida y se despide de los amigos en su mente. Y en la radio se oye el bolero sentimental de Moraima Secada, que se parece mucho a su vida:
Pues me olvidé de todas / las cosas que en el mundo / hacen la dicha corta / y larga la agonía
Los labios de Cuca Martínez doblaban con amargura, pero sin resentimiento, el resto del bolero:
Perdóname, conciencia / razón sé que tenías / pero en aquel momento, / todo era sentimiento / la razón no valía. (p. 338)
El personaje es muy melodramático, señalamos antes, y ese sentimentalismo pertenece al carácter de las mujeres que han sufrido todo lo impuesto por el mundo. La escritora dice: “el personaje de este libro son las madres de mi generación: mujeres sacrificadas.”7 Mientras que seguía la vida exterior hirviendo con la causa revolucionaria y el gran cambio social, las mujeres hicieron durar el mundo particular en silencio y lucharon por la vida a su propia manera. Ellas han aprendido a vivir dentro del límite impuesto por el mundo de fuera.