Ya con los primeros filósofos como Sócrates, Platón, Aristóteles descubrimos las primeras posiciones sobre el liderazgo, las cuales hoy día aún se toman y reafirman. Evidentemente, como corren los tiempos, hemos dejado a un lado algunas de esas primeras ideas sobre el líder, como por ejemplo la concepción de F. Nietzsche sobre el líder como superhombre. Sin embargo, otras están vigentes y actualmente han cobrado más fuerza, lo que está dado por la crisis de creencias que hay en el mundo moderno.
Es por esta razón que se hace difícil conceptuar a un líder desde la actividad que realiza, acudiéndose, por ende, a la búsqueda interior de la persona como medio para comprender la esencia del liderazgo.[6]
Se ha demostrado que el líder solo inspirará confianza, base para lograr un seguimiento incondicional, a través de la integridad invariable de su persona. Para eso debe saber dominarse a si mismo, conocer sus capacidades y limitantes y como hacer un uso adecuado de ambas. A través de este conocimiento interior es que se logra ser un líder eficaz, lo que se traduce en algo primordial para él: que la gente tenga confianza y esperanza.
Ahora bien, no podemos quedarnos solamente en las características personales de los líderes, pues estaríamos cometiendo el error de simplificar su valor. ¿Consideraría a una persona, como, por ejemplo, Hitler un líder?; probablemente contestaríamos que si, en definitiva, supuestamente, cumple con todos los parámetros del liderazgo. Pero ¿qué aportaron estos personajes a la humanidad?.
No basta con tener seguidores y “lograr” los sueños propuestos, ya que hay que validar la legitimidad de los mismos. Es por eso que sólo debemos referirnos a un verdadero líder como aquel que aporta a lo sociedad crecimiento, no destrucción, dirigiendo desde el saber y no desde el poder. Eso nos ayuda a no caer en la tentación de ver al líder como el salvador del mundo en turno, pues no es así, el hombre no es perfecto y esa afirmación no es ajena a los líderes, desmitificarlos es el primer paso para descubrirlos y comprenderlos.
Analizando desde otra arista al liderazgo, encontramos a la Visión, elemento medular que identifica al líder. La visión juega un papel fundamental en el éxito de un buen liderazgo, pues constituye el motor principal que impulsa al hombre a buscar nuevos caminos y además es el punto de contacto con el resto de las personas. En definitiva, es la visión o sueño la que se comparte y por la que se decide caminar juntos, amén de las características personales del líder.
Mucho se podría hablar sobre la visión, pero es muy revelador lo que J. Kotter plantea en su libro, en donde dice que la Visión es la que sobrepasa las fuerzas que sustentan las condiciones actuales. Y como una visión, si no logra ser compartida, no tiene valor real, entonces la misma debe ser: imaginable, deseable, factible, centrada (clara para la toma de decisiones), flexible (debe dar cabida a lo individual y a los cambios), comunicable. Puede exigir sacrificios para dar paso a un futuro mejor, pero no ignora los intereses al largo plazo de ninguno de las personas involucradas en ella.[7]
Toda esta argumentación sobre el liderazgo demuestra que «la clave para crear y sostener la clase de organización triunfadora del siglo es el líder».[8] El liderazgo es el factor que otorga mayor autonomía a la fuerza de trabajo y por lo que determina que una organización triunfe o no. Aunque falle la estrategia, la cultura o los procesos cambien, si la empresa tiene un buen liderazgo tiene la llave del progreso.
Ya que el mundo de hoy está en constante cambio, motivado principalmente por los factores tecnológicos, no podemos concebir el desarrollo de la vida social y más concretamente organizacional sin la implicación de la tecnología, pero tampoco podemos concebir que este desarrollo se de sin la presencia de un líder, quien es el propiciador de estos cambios.
Acotándonos a esta última afirmación veamos qué condiciones “sine qua non” se deben dar en los líderes de la nueva economía, que faciliten la aceptación e implementación del cambio (especialmente tecnológico) en las organizaciones actuales. Como John P. Kotter plantea, «el proceso del cambio no se emplea de manera efectiva a menos que esté impulsado por un líder de alta calidad y no simplemente por una administración excelente».[9]