Tecnonomadismo y pensamiento rizomático - Tecnonómadas y postrabajo
Monografía creado por Franco Berardi. Extraido de: http://sindominio.net/biblioweb/s/view.php?CATEGORY2=8&ID=46
20 de Diciembre de 2005
Ciencias sociales, Filosofía, Pensamiento y política
3 - Tecnonómadas y postrabajo
¿Quiénes son estos tecnonómadas?
Quisiera decir que el tecnonomadismo es la forma intelectualizada del postrabajo, en la medida en que organiza y se da a sí mismo el poder de transformar los circuitos productivos de información en la Red en circuitos de autoevaluación social y cultural.
La razón por la cual Barbrook entrevé en el tecnonomadismo una forma refinada de elitismo es una especie de misterio. ``En sus santos libros, Deleuze y Guattari propagan el mito de lo nómada para celebrar un tribalismo hippie. Durante los años sesenta, muchos revolucionarios pensaban que rebelarse contra lo tristes hábitos de la vida cotidiana constituía el mejor modo de destruir el capitalismo. En lugar de convertirse en dóciles trabajadores o en consumidores satisfechos, los hijos de las hormigas viven todos en tribus. ``Las subculturas de la juventud contemporánea acatan ese credo hippie de una redención por un modo de vida bohemio. La vanguardia intelectual europea se ve particularmente atraída por la versión nómada de esta leyenda. Son relativamente privilegiados, y se benefician de un grado avanzado de movilidad profesional y turística, son profesores, artistas, militantes, hacen negocios y entablan relaciones en conferencias, en inauguraciones y exposiciones, bien sea en el continente o no importa dónde. Hoy día, los discípulos de Deleuze y Guattari se consideran móviles, en su imaginación, incluso cuando se sientan ante la pantalla de su ordenador. Estos son los espantamoscas de la tecnocomunicación, una cybertribu que sigue los flujos y se pasea en los espacios del mundo virtual 3.
Barbrook describe este estilo de vida (el postrabajo que interviene en los circuitos de la producción informacional) con el tono escandalizado de una vieja con bigote describiendo un ritual satánico. De acuerdo, es exacto que estos corrompidos esclavos, sometidos a los circuitos tecnomediáticos, hacen contactos en reuniones o en exposiciones artistas. Sí, viajan mucho. Pero lo que no queda claro es por qué eso debería ser considerado como la prueba de la corrupción de los Holy Fools Deleuze y Guattari.
La movilidad física y virtual está en el centro de la cultura de la comunicación y de las redes, ella hace integralmente parte de los procesos de producción de la información. Admitamos que los tecnonómadas no trabajan en minas ni en altos hornos, pero están expuestos a una nueva forma de neuroexplotación, y están en condiciones de catalizar dinámicas de transformación a escala de toda la sociedad.
Para no extenderme demasiado, diré que Barbrook se escandaliza por la posición anti-Estado tomada por Deleuze y Guattari. En la sombría realidad de la experiencia del proletariado industrial, Barbrook parece querer decirnos que no hay más que una única esperanza, y que esta esperanza está en el Estado, que es quien puede curar las heridas y aligerar los sufrimientos de la población obrera.
Yo no creo que el Estado haya algún día aligerado los sufrimientos de alguien y, seguidamente, haya necesitado mucho tiempo para reconstruir el marco de explotación capitalista.
Hoy día ése no es ciertamente el papel que juega el Estado, y nunca será ése el sentido. Y ello no es porque el Estado sea un diablo compuesto de demonios, sino sencilamente porque la capacidad política de gobernar, en una sociedad complicada por una proliferación de tecnocomunicaciones como es la nuestra, es miserablemente inadecuada.
El proceso de producción trenza un bucle rizomático y molecular de tal complejidad que no puede ser reconocido por una estructura de inteligencia central, y las corrientes económicas y semióticas abandonan los espacios que aún podrían ser gobernados por una política estática, por los dominios de lo virtual, en donde ninguna autoridad está en condiciones de ejercer un mandato. El mando se inscribe en los automatismos de la tecnología, de la finanza y del psiquismo colectivo, y la sociedad debe dotarse de la capacidad de tomar para sí la responsabilidad de su autoorganización.
Quisiera decir que el tecnonomadismo es la forma intelectualizada del postrabajo, en la medida en que organiza y se da a sí mismo el poder de transformar los circuitos productivos de información en la Red en circuitos de autoevaluación social y cultural.
La razón por la cual Barbrook entrevé en el tecnonomadismo una forma refinada de elitismo es una especie de misterio. ``En sus santos libros, Deleuze y Guattari propagan el mito de lo nómada para celebrar un tribalismo hippie. Durante los años sesenta, muchos revolucionarios pensaban que rebelarse contra lo tristes hábitos de la vida cotidiana constituía el mejor modo de destruir el capitalismo. En lugar de convertirse en dóciles trabajadores o en consumidores satisfechos, los hijos de las hormigas viven todos en tribus. ``Las subculturas de la juventud contemporánea acatan ese credo hippie de una redención por un modo de vida bohemio. La vanguardia intelectual europea se ve particularmente atraída por la versión nómada de esta leyenda. Son relativamente privilegiados, y se benefician de un grado avanzado de movilidad profesional y turística, son profesores, artistas, militantes, hacen negocios y entablan relaciones en conferencias, en inauguraciones y exposiciones, bien sea en el continente o no importa dónde. Hoy día, los discípulos de Deleuze y Guattari se consideran móviles, en su imaginación, incluso cuando se sientan ante la pantalla de su ordenador. Estos son los espantamoscas de la tecnocomunicación, una cybertribu que sigue los flujos y se pasea en los espacios del mundo virtual 3.
Barbrook describe este estilo de vida (el postrabajo que interviene en los circuitos de la producción informacional) con el tono escandalizado de una vieja con bigote describiendo un ritual satánico. De acuerdo, es exacto que estos corrompidos esclavos, sometidos a los circuitos tecnomediáticos, hacen contactos en reuniones o en exposiciones artistas. Sí, viajan mucho. Pero lo que no queda claro es por qué eso debería ser considerado como la prueba de la corrupción de los Holy Fools Deleuze y Guattari.
La movilidad física y virtual está en el centro de la cultura de la comunicación y de las redes, ella hace integralmente parte de los procesos de producción de la información. Admitamos que los tecnonómadas no trabajan en minas ni en altos hornos, pero están expuestos a una nueva forma de neuroexplotación, y están en condiciones de catalizar dinámicas de transformación a escala de toda la sociedad.
Para no extenderme demasiado, diré que Barbrook se escandaliza por la posición anti-Estado tomada por Deleuze y Guattari. En la sombría realidad de la experiencia del proletariado industrial, Barbrook parece querer decirnos que no hay más que una única esperanza, y que esta esperanza está en el Estado, que es quien puede curar las heridas y aligerar los sufrimientos de la población obrera.
Yo no creo que el Estado haya algún día aligerado los sufrimientos de alguien y, seguidamente, haya necesitado mucho tiempo para reconstruir el marco de explotación capitalista.
Hoy día ése no es ciertamente el papel que juega el Estado, y nunca será ése el sentido. Y ello no es porque el Estado sea un diablo compuesto de demonios, sino sencilamente porque la capacidad política de gobernar, en una sociedad complicada por una proliferación de tecnocomunicaciones como es la nuestra, es miserablemente inadecuada.
El proceso de producción trenza un bucle rizomático y molecular de tal complejidad que no puede ser reconocido por una estructura de inteligencia central, y las corrientes económicas y semióticas abandonan los espacios que aún podrían ser gobernados por una política estática, por los dominios de lo virtual, en donde ninguna autoridad está en condiciones de ejercer un mandato. El mando se inscribe en los automatismos de la tecnología, de la finanza y del psiquismo colectivo, y la sociedad debe dotarse de la capacidad de tomar para sí la responsabilidad de su autoorganización.
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