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Tiempo para la vida - Maneras de malgastar el tiempo

Monografía creado por
25 de Enero de 2006
Ecología
El empresario que lo gasta en fabricar cosas, dice a las gentes que lo gasten ellas en consumir sus cosas.

No hay sucesión de días, sino el mismo día que se repite, y por eso los antiguos afirmaron que el tiempo no existe.

Pero el sacerdote nos pide devolvérselo a Dios, que es su legítimo dueño.

Y los autores de libros quieren que lo empleemos en leer lo que todos ellos han escrito.

Y los productores de cine nos dicen que la imagen es lo único que merece nuestro tiempo.

Y los músicos creen que no nos va a alcanzar el tiempo para escuchar toda la música que se ha compuesto.

Pero los agentes de viajes ponen avisos en las revistas diciendo que viajar es la mejor manera de gastar el tiempo.

El gobierno cree, sin embargo, que la patria es la única acreedora de nuestro tiempo, con derecho y ley.

Pero nuestra amada, nadie como ella para creer tener derecho a nuestro tiempo.

Hasta nosotros mismos pensamos en disponer de un poco de tiempo, el día que nos sea posible.

Y mi padre me dijo que no lo gastara, sino que lo guardara para la eternidad.

Jaime Jaramillo Escobar19

El socialismo cuesta demasiadas tardes libres, se quejaba Oscar Wilde. La democracia tiene esa misma dimensión temporal: lleva tiempo, mucho tiempo. El tiempo necesario para el contraste de pareceres, el uso público de la razón, el debate libre, la formación de consensos, la revisión de las decisiones, la exigencia de responsabilidades: la calidad de estos procesos es incompatible con la prisa. Las sociedades donde la gente “no tiene tiempo” no pueden permitirse la democracia.

(Dicho sea de paso: ésa es una de las razones del antagonismo profundo entre capitalismo –con su impulso hacia la constante aceleración—y democracia. Sin olvidar nunca que sin democracia en las fábricas y oficinas y campos, sin democracia en los centros de trabajo, no hay democracia. Y que sin democracia para decidir sobre la investigación científica y el desarrollo tecnológico, en este nuestro mundo de potencia tecnocientífica creciente, no hay democracia.)

Las cuestiones de la ciudadanía y de la responsabilidad van de consuno, y ambas han de pensarse en su dimensión temporal. Evoquemos aquella definición orteguiana de la nación como “proyecto sugestivo de vida en común”: resulta evidente que tal proyecto sólo puede concebirse inscrito en la duración, en cierta relación con la historia. Pero el ciudadano, sugería hace más de dos decenios el pensador francés Henri Lefebvre, se ha degradado en usuario y mero consumidor20. El primero piensa y actúa dentro de un campo de responsabilidades, y por ello dentro de la duración, del tiempo como duración. Reflexiona sobre las experiencias pasadas, intenta extraer las lecciones de la historia, y evalúa las previsibles consecuencias futuras de las diferentes opciones sociales. El consumidor, por el contrario, se desparrama en la búsqueda de las satisfacciones inmediatas, mientras su campo temporal se empobrece tremendamente.

La cuestión del sentido se entrelaza igualmente con el tiempo. Sólo somos capaces de dar sentido a nuestros actos y nuestra vida mediante su inserción en el tiempo como duración, en contextos de acción que se despliegan a lo largo del tiempo. La degradación del tiempo en sucesión de momentos inconexos nos sume en un sinsentido invivible. Por eso –como ha observado Jean Chesneaux en su agudo ensayo Habiter le temps—las crisis en nuestra relación con el tiempo son crisis de sentido21.

Las cinco “flechas del tiempo”

Casi todas las leyes básicas de la física, y en particular las de la mecánica y las de la física nuclear, son indiferentes respecto al sentido del tiempo. Ni las leyes de la electricidad, ni las de la mecánica cuántica, ni las de la mecánica distinguen entre el pasado y el futuro. Sin embargo, desde la perspectiva humana (y también para la vida orgánica en general) la característica más descollante del tiempo es precisamente su unidireccionalidad e irreversibilidad: de ahí la metáfora usual de la “flecha del tiempo” (que procede del astrónomo británico Arthur Eddington).

Físicos y cosmólogos saben que existen cinco formas diferentes de distinguir la dirección del tiempo22. La más importante de todas es la segunda ley de la termodinámica, o principio de entropía. Es quizá la más general de las leyes que ha descubierto la ciencia: se aplica a casi todo (también a la vida de los seres vivos, asunto sobre el que volveré enseguida). Esta ley afirma que la energía se degrada (disipándose en forma de calor) en sus sucesivas transformaciones; también puede enunciarse diciendo que la entropía de un sistema aislado no decrece nunca. Había menos entropía en el pasado, y habrá más en el futuro23.

“Cabe destacar que la segunda ley de la termodinámica no se refiere para nada al ‘flujo’ del tiempo. No dice nada de ese momento que llamamos ‘ahora’, el cual se desplaza inexorablemente hacia el futuro. La segunda ley tan sólo dice que el Universo se muestra diferente en las dos direcciones opuestas. A este respecto, no existe nada en la física que sirva para describir ese flujo. La física no dice nada sobre la velocidad a la que el tiempo ‘queda atrás’ con relación a nosotros.”24

La primera es, pues, la flecha entrópica. La segunda “flecha del tiempo” es la flecha cosmológica: la expansión del universo después del Big Bang (“Gran Pum”) inicial. La materia de que está formado el universo se hallaba más comprimida en el pasado, y estará más dispersa en el futuro. La tercera flecha tiene que ver con una partícula subatómica, el kaón, y podemos ignorarla aquí: es la menos importante25. Tras la flecha del kaón viene la cuarta flecha del tiempo, o flecha electromagnética: las ondas electromagnéticas (la luz, los rayos X, las ondas radioeléctricas, los rayos ultravioletas e infrarrojos...) se propagan hacia el futuro, nunca hacia el pasado.

Finalmente, la quinta flecha –la más importante para nosotros, junto con la flecha termodinámica—es nuestro sentido subjetivo del tiempo, una flecha psicológica. Mientras que el tiempo físico no conoce instantes privilegiados, ni hace uso de la noción del ahora, ésta resulta fundamental en nuestra experiencia vivida del paso del tiempo; la cual se relaciona con los procesos biológicos cíclicos (biorritmos) que se producen en el cuerpo.

Tiempo y entropía para los seres vivos

Todo lo vivo –y en particular todo lo humano—está sometido a la segunda ley de la termodinámica, el principio de entropía, que es un principio de degradación, desintegración y deterioro. Pero los seres vivos viven de su propia desintegración combatiéndola con la regeneración. Contra la disipación entrópica de la energía, las plantas aprovechan la luz solar para concentrar –en la fotosíntesis—energía bioquímica que después aprovecharán todos los seres vivos.



19 Jaime Jaramillo Escobar: Poemas principales, Pre-Textos, Valencia 2000, p. 281.

20 Entrevista en Les Nouvelles littéraires, 12 de julio de 1981.

21 Jean Chesneaux, Habiter le temps (Bayard, París 1996), p. 9 y ss.

22 Richard Morris, “Las cinco flechas del tiempo”, capítulo 8 de Las flechas del tiempo, Salvat, Barcelona 1994, p. 125 y ss. Importa subrayar que “cuando los físicos hablan de las flechas del tiempo, nada en esa noción tiene que ver con un flujo. Cuando hablamos de las ‘flechas del tiempo’, sólo queremos indicar con eso que el mundo se ve diferente en un sentido del tiempo que en el otro” (Morris, p. 204).

23 Un tratamiento más detallado del principio de entropía, en sus implicaciones ecológicas, en Jorge Riechmann: “Por qué los muertos no resucitan y el reciclado perfecto es imposible”, capítulo II.1 de Francisco Fernández Buey y Jorge Riechmann: Ni tribunos. Ideas y materiales para un programa ecosocialista, Siglo XXI, Madrid 1996, p. 208-229.

24 Richard Morris, Las flechas del tiempo, Salvat, Barcelona 1994, p. 115.

25 Aunque en general no se aprecia una flecha del tiempo en las reacciones nucleares ni en las reacciones entre los miles de partículas elementales descubiertas hasta hoy, los físicos conocen una excepción: existe una subpartícula atómica, el mesón neutro K (o kaón), cuya desintegración sí presenta una asimetría respecto al tiempo (pero no necesitamos aquí entrar en los detalles técnicos al respecto).
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Autor y licencia de 'Tiempo para la vida - Maneras de malgastar el tiempo'
Jorge Riechmann Extraído de: http://www.rebelion.org/seccion.php?id=24

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