Tiempo y narración en el marco del pensamiento postmetafísico - Conclusiones
Ricoeur elucida y precisa el carácter temporal de la experiencia, señalando la intriga narrativa como el medio adecuado para esclarecer la experiencia temporal inherente al "ser-en-el-mundo". Así, la narración se eleva a condición identificadora de la existencia temporal y, a su vez, el tiempo como realidad abstracta o cosmológica adquiere significación antropológica81.
Por otro lado, la intriga narrativa no resuelve las aporías de la temporalidad sino que las hace fecundas, a la par que pone de manifiesto sus propias limitaciones. La narratividad, en efecto, pone en evidencia la imposibilidad de pensar el tiempo, pero es a la vez el medio más adecuado para elucidar su experiencia.
El presente "no se reduce a la presencia", porque el presente de la acción es el lugar activo donde se encuentran el pasado y el futuro, no admite una interpretación extática, sino dinámica, ligada al mundo de la vida. Remite, pues a una categoría del actuar, a la praxis.
La intriga abre un espacio en el que se presenta la vida como el campo de una actividad constructiva por la que intentamos reencontrar la identidad narrativa que nos constituye. Es ahora cuando se entiende claramente la teoría de la lectura que propone Ricoeur y que hemos ido anunciando a lo largo de este trabajo. El hombre es lector de su propia vida y acción, de modo que sólo la comprende, la articula y la recrea frente al mundo del texto. Este consiste en una articulación de lo heterogéneo, de tal modo que reencontrar la identidad significa reinventar la propia trama, haciendo que de la sucesión de acontecimientos surja el sentido.
Ello quiere decir que la narración identifica al sujeto en un ámbito eminentemente práctico: el del relato de sus actos. Es la narración la que posibilita la identificación subjetiva, perdida, como señalábamos con la disgregación del tiempo, pues la sucesión de acciones no se pierde ni en el mero proceso inconexo ni en las pretensiones sustancialistas82.
"La historia narrada dice el quién de la acción. La identidad del quien no es, pues ella misma más que una identidad narrativa. Sin el recurso de la narración, el problema de la identidad personal está, en efecto, condenado a una antinomia sin solución: o bien se piensa un sujeto idéntico a sí mismo en la diversidad de sus estados, o bien se sostiene que este sujeto no es sino una ilusión sustancialista" .
El yo del conocimiento de sí es el resultado de una vida examinada, contada y retomada, por la reflexión aplicada a las obras, a los textos, a la cultura. Esa vinculación temporal del Dasein, situada y finita, es la que hace imposible la mediación absoluta, lo cual supone la renuncia a Hegel, pero sí posibilita la comprensión de la identidad.
TN concluye en una identidad narrativa o narrada puesto que el pregunta heideggeriana por las experiencias originarias del yo se contesta por medio de la competencia para seguir una historia, es decir, participando interpretativamente en la narración de una vida. Es así como Ricoeur encuentra la referencia que sugieren los textos en la mímesis interpretativa que se da en la lectura.
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