



De este modo, en las postrimerías del siglo XIX se anunciaban los cambios radicales que habrían de caracterizar al XX. El modelo proustiano de la búsqueda del tiempo perdido arraiga no sólo en un acendrado planteamiento metafísico, sino también en una desesperada noción de retorno en donde lo vivido no deja descansar al hombre sediento.
El aprendizaje de acuerdo con el sentido más radical que aparece expresado en A la búsqueda del tiempo perdido tiene que ver con la noción de reincorporación de elementos anteriormente conceptualizados. Porque, en verdad, todos los contenidos de la memoria están allí, hace falta redescubrirlos en una dimensión parecida a aquella que el mito de Dionisos proporcionaba. Cuando Marcel personaje entiende el mensaje de la magdalena mojada en la taza de té, ha llegado a comprender el hondo misterio que la memoria involuntaria le hace llegar. El camino de Swann se une al camino de los Guermantes y el personaje da sentido a todo aquello que hasta ese mismo instante no lo había tenido. Las grandes preguntas: ¿Qué es el amor?, ¿hacia dónde va la humanidad en su largo afán?, ¿qué encontraremos al final del camino?, ¿qué metafísica explica mejor al hombre mismo? quizás resulten todavía sin un sentido totalizador que las iguale, pero ahora el hombre puede formularlas con una mayor comprensión y con la conciencia tranquila de saber en realidad que al final del camino existe la auténtica certeza de que sólo volviendo a empezar, reiniciando el proceso estaremos en la verdadera senda.
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