""
La dedicatoria es una práctica por medio de la cual el autor homenajea a una persona o a un grupo de personas haciendo figurar, al inicio de su obra, el nombre del destinatario de su homenaje. Suele aparecer inmediatamente después de la página que reproduce la portada con el título de la obra y el nombre del autor. En algunos casos su formulación es breve y se limita al uso de la preposición "a" seguida del nombre de la persona a quien se dedica la obra. En otros casos, la formulación es algo más extensa e inclusiva de los motivos por los cuales se dedica la obra al destinatario del homenaje.
Existen de la dedicatoria dos tipos diferentes: el primero es aquel que consiste en que el autor dedique, de su puño y letra, un ejemplar de su obra a una persona en concreto, caso que se da en ocasiones particulares de contacto personal, de carácter privado, entre el autor y el destinatario de la dedicatoria, o con motivo de un acto público, como la presentación de la obra recién publicada, por ejemplo, que suele ir acompañado de una sesión de firmas de autógrafos en la que el autor formula una dedicatoria a la atención de las personas que se presentan ante él con un ejemplar de su obra en la mano. El segundo tipo de dedicatorias es aquel que figura, impreso, al inicio de la obra, en todos los ejemplares puestos a la venta y que, por tanto, forma parte del paratexto autorial que aquí nos interesa. Este tipo de dedicatorias tiene por principal función dejar constancia de la deuda que tiene el autor con la(s) persona(s) o entidad(es) destinataria(s) de la dedicatoria: amigos o familiares que de alguna manera contribuyeron a la elaboración de la obra, inspirándola o facilitando las condiciones de su realización, autores, pensadores, personajes históricos hacia quienes el autor siente admiración o con cuya obra la suya propia tiene algún tipo de relación. Desempeña, pues, una doble función: por un lado es un reconocimiento de deuda y un homenaje dirigido al destinatario de la dedicatoria, y por otro lado, de cara al lector, funciona como condicionante de la lectura y descodificación del texto ya que establece una relación directa entre, por una parte, el destinatario de la dedicatoria y/o su obra y, por otra parte, el contenido de la obra que el lector está invitado a interpretar teniendo en cuenta esta relación.
En las obras que aquí se estudian, tres no llevan ningún tipo de dedicatorias: Al filo del agua, Pedro Páramo y Palinuro de México. Las otras tres sí contienen dedicatorias, una a un personaje conocido, Charles Wright Mills (1916-1962) a quien Fuentes dedica su novela, y las otras dos a personas del entorno familiar de Ángeles Mastretta y de Laura Esquivel.
En el primer caso, Fuentes entronca su obra con la labor desarrollada por el escritor norteamericano en el campo de los estudios sociológicos y, más concretamente, en relación con la lucha de clases y el papel de las élites [25]. En efecto, Wright Mills preconiza, en su obra, la investigación de los hechos contemporáneos que interesan a todos los ciudadanos y adopta una postura crítica, independiente de los grandes centros de poder. De este modo, se deja constancia de la relación de amistad que unía al novelista mexicano y al sociólogo norteamericano que el autor califica, en su dedicatoria, de "compañero en la lucha de Latinoamérica". Sabido es que La muerte de Artemio Cruz se publicó en un momento especial en la historia de Latinoamérica: la revolución cubana acababa de tener lugar (tres años antes de la publicación de la obra) y significaba, más que una esperanza, una posibilidad real para los países hispanoamericanos de liberarse de las muchas dictaduras que, en esa época, controlaban su destino. En esta novela, el autor establece, en efecto, un paralelo entre las dos revoluciones cubana y mexicana y muestra cómo, irónica y paradójicamente, se critica a la primera por parte de Artemio Cruz que consideraba que la verdadera revolución era la que se estaba llevando en México. En esa época, el mismo Fuentes llevaba una intensa labor en pro de la liberación de los pueblos de Latinoamérica y tenía contactos estrechos con los responsables políticos en Cuba [26]. Charles Wright Mills une su voz a la de otros muchos intelectuales que defienden la causa cubana y celebran el triunfo de la revolución castrista, y forma parte del grupo de amigos de Carlos Fuentes al lado de escritores e intelectuales importantes como Alejo Carpentier, Guillermo Cabrera Infante, Pablo González Casanova o Norman Mailer. En esta época de guerra fría y dada la proximidad geográfica entre Cuba y Estados Unidos así como el peligro constante que ello significaba para la experiencia cubana, el hecho de poder contar entre los simpatizantes de la revolución castrista a un eminente intelectual estadounidense como era Wright Mills, venía a tener una significación particular. Ello es lo que justifica, a nuestro parecer, el hecho de dedicar La muerte de Artemio Cruz al sociólogo norteamericano. Corrobora nuestra interpretación el hecho de que, contrariamente a lo que es habitual [27], la dedicatoria de Fuentes a Wright Mills no figure inmediatamente después de la reproducción de la portada, sino después de los epígrafes, por lo que viene a ser condicionante en primer grado de la recepción del texto. Los lectores al tanto del pensamiento y del contenido de la obra de Wright Mills entienden que hay que descodificar la obra a la luz de las ideas del sociólogo norteamericano, y a aquéllos que no conocen su obra, Fuentes se lo presenta como "amigo y compañero en la lucha de Latinoamérica", por lo cual toda la obra viene a inscribirse en el marco histórico de la lucha de los pueblos latinoamericanos por la consecución de la libertad y la justicia. El caso cubano es, en este contexto, un ejemplo esperanzador a través del cual se examina y se critica la Revolución Mexicana.
En el segundo caso, el de Mastretta y Esquivel, la dedicatoria se dirige, como antes se ha dicho, a personas del entorno familiar de las autoras. En lo que se refiere a La ley del amor, la autora reserva una página independiente a cada uno de los destinatarios de la dedicatoria, la primera "A Sandra" y la siguiente "A Javier" sin más comentarios. En cambio, en Arráncame la vida, Mastretta deja constancia no sólo de su reconocimiento de deuda para con algunas personas de su entorno familiar, sino también de las condiciones de producción de su obra. Así, Héctor aparece como "cómplice" de la autora mientras que Mateo figura como "boicoteador". Destinatarios de su dedicatoria son también la madre de la autora y sus amigas, entre las cuales distingue, mencionándola con su nombre, a Verónica. El último grupo de destinatarios de la dedicatoria viene formado por Catarina y "su papá" como co-autores de la obra. Hay que señalar, pues, en esta dedicatoria de Mastretta, que este elemento paratextual supera los límites del homenaje para desempeñar la función de informar sobre algunas de las condiciones de producción del texto. Pero tanto en un caso como en el otro, las dedicatorias de Mastretta y Esquivel no trascienden los límites del ámbito familiar, contrariamente a la obra de Fuentes, mucho más conectada con el momento histórico de su producción así como con las corrientes de pensamiento e ideología que orientan y condicionan las producciones artísticas de modo general y las novelístico-literarias en particular.
""