4 - Los epígrafes (I)

Monografía creado por Saïd SABIA. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/paratext.html
25 de Octubre de 2006

Después del título, el elemento paratextual de mayor relieve que suele acompañar una obra e informar sobre su contenido, es el epígrafe. Tanto es así que para algunos críticos que se han ocupado del estudio del paratexto, el epígrafe constituye una manifestación extradiegética que gobierna toda la lectura de la obra y forma parte de esos elementos que el texto contiene siempre sobre su modo de empleo, señalados por Tzvetan Todorov [28]. Entre los críticos mencionados, se puede citar a Philippe Lejeune que afirma que esta manifestación perigráfica "commande la lecture des textes auxquels elle préside". [29]

Una definición sencilla del epígrafe puede ser la siguiente: es una cita de autor que suele aparecer después de la dedicatoria, en las obras donde ésta figura, generalmente acompañada del nombre del autor y/o de la obra de la que está sacada. Sobre sus funciones, Fabrice Parisot afirma lo siguiente:

"Pré-posée ou proposée aux abords du texte, elle est un élément paratextuel fondamental chargé d'intentions dont la seule présence vise à une stratégie destinée à orienter sur le sens, sur le message narratif instillé, distillé tout au long du récit." [30]

Lejos de ser, pues, una práctica inocente, el epígrafe viene a ser parte de una estrategia intencionada de inscripción del texto dentro de un ámbito de pensamiento o una línea de producción ideológica o estética. Por medio de ella, el autor inscribe su producción dentro de una corriente determinada o la entronca con la de un autor en particular, o varios autores con quienes su obra tiene afinidades o conexiones. En otros casos, la conexión se establece entre un elemento en particular de la obra del citante y otro elemento de la obra citada. Tal es el caso, por ejemplo, de un personaje, una situación o una idea que se defiende o, al contrario, se critica. Es, por lo tanto, un fenómeno a la vez intertextual y transtextual. El lector tiene que tenerlo presente a la hora de descodificar el texto, aunque en realidad, la tarea de comprobación de los nexos existentes entre texto y epígrafe(s) suele tener lugar generalmente a posteriori. Una vez finalizada la lectura de la obra es, en efecto, cuando el lector suele volver a considerar los epígrafes y comprobar la presencia de éstos en el texto y la forma con que lo han influenciado.

De las seis obras que estudiamos en este trabajo sólo dos contienen epígrafes: La muerte de Artemio Cruz y La ley del amor. La primera contiene cinco epígrafes, cuatro de autores diferentes y uno sacado de una canción popular. La segunda contiene seis epígrafes: cuatro son fragmentos de poemas de los "Cantares Mexicanos", uno de los "Romances de los señores de Nueva España" y un trabalenguas.

Antes de pasar a examinar los epígrafes de Fuentes, conviene señalar las siguientes observaciones relativas a la forma de citarlos y hacerlos figurar en la página que los contiene. De arriba abajo, las citas aparecen por orden cronológico de autores y obras. Así, pasamos de una cita de Michel Eyquem de Montaigne (1533-1592) publicada por primera vez en 1580 [31], a otra de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) publicada en 1645, a otra de Henri Beyle (1783-1842), más conocido por su seudónimo, Stendhal, y por su obra: Le rouge et le noir publicada en 1830 [32], luego a otra cita del poeta mexicano José Gorostiza (1901-1973), sacada de su segunda y última obra, Muerte sin fin, publicada en 1939 [33]. Termina con dos versos de un conocido corrido popular mexicano.

Es revelador que Montaigne figure en primer lugar entre los autores epigrafados por Fuentes. Ello es así no sólo porque en esta disposición se atiende al criterio cronológico, sino también por la importancia de los nexos entre la figura y la obra del pensador y humanista francés, y el planteamiento global, temática y estructuralmente, de La muerte de Artemio Cruz.

En efecto, Montaigne es conocido por ser el autor de una obra única, Essais, cuya edición definitiva se hizo en 1595, tres años después de su muerte. Se trata de una obra en tres libros y 107 capítulos. El primer libro es dedicado a unas observaciones de tipo político y etnográfico, así como a unas reflexiones filosóficas sobre la muerte, la soledad, la educación y la amistad. Todos estos temas están presentes, como antes se ha visto, algunos de ellos incluso de modo acuciante, en la novela de Fuentes, por lo que es posible establecer una primera relación de orden temático entre las dos obras. El segundo libro está más centrado en el retrato que hace Montaigne de sí mismo y de sus sentimientos, mientras que el tercero ahonda en la reflexión y comporta el relato de los viajes del autor.

Un aspecto interesante de la obra de Montaigne radica en su estructuración. En efecto, la obra que nos ha llegado es el resultado de la supersposición por parte del autor, de varios estratos. Al texto inicial, Montaigne ha ido añadiendo nuevos elementos, sin quitar los antiguos, de modo que el resultado final es una obra "en movimiento" como así la ha calificado Jean Starobinski [34]. En este aspecto también de la estructuración, es posible establecer paralelos entre las obras de los dos autores. La muerte de Artemio Cruz, en efecto, viene estructurada en trípticos recurrentes que se superponen los unos a los otros, siendo las secuencias en primera y en segunda persona versiones renovadas de los mismos contenidos relativos al cuestionamiento, por parte del protagonista, de su propio comportamiento y de las sucesivas opciones que fue tomando a lo largo de su vida.

Por todo ello, es posible pensar que Fuentes hace figurar a Montaigne en el primer puesto de los autores epigrafados debido tanto a los contenidos de su obra como a su estructuración, por lo que de esta forma se deja constancia de la deuda intelectual que Fuentes tiene para con el humanista francés cuya obra es conocida como una obra de difícil clasificación genérica, pero con la pretensión clara de ser una descripción de la condición humana. Precisamente, en relación con este tema de la condición humana, el texto propiamente dicho que se usa como epígrafe, "La préméditation de la mort est préméditation de liberté", hace referencia a dos de los temas más importantes en ambas obras, a saber: la muerte y el libre albedrío.

En la obra del autor epigrafado, este fragmento figura en el libro 1° de los Essais [35], en el capítulo XIX titulado "Que philosopher, c'est apprendre à mourir" y en el que Montaigne principia citando a Cicerón para quien "Philosopher ce n'est autre chose que s'aprester à la mort" [36]. En este capítulo, Montaigne formula unas reflexiones en torno a la muerte bajo todas sus facetas y significaciones así como las actitudes, variadas y contradictorias, del hombre frente a ella: la muerte como algo ineluctable, que los seres humanos temen pero a lo cual se tienen que resignar y aceptar como una fatalidad; la muerte como final del placer y del goce y que los hombres, por tanto, tienden a aplazar al máximo. Montaigne parte de sí mismo, pero también de algunos personajes ilustres de la historia tales Jesucristo y Alejandro, para mostrar que la muerte desconoce la edad y la grandeza y afecta por igual a papas, reyes y emperadores como a humildes desconocidos. Montaigne propone, contra este miedo, seguir el ejemplo de los antiguos egipcios que integraban la muerte en su vida cotidiana logrando, de este modo, hacer de ella algo habitual y, por tanto, desprovisto de peligro para ellos:

"Ostons luy l'estrangeté, pratiquons le, accoustumons le, n'ayons rien si souvent en la teste que la mort: à tous instans representons la à nostre imagination et en tous visages." [37]

En este contexto de la reacción que Montaigne propone que los hombres tengan frente a la muerte, es donde aparece el fragmento epigrafado. Al integrar la muerte a la vida, el hombre se convierte en sujeto del devenir y, consecuentemente, se libera del servilismo al que lo condena el miedo a la muerte:

"Il est incertain où la mort nous attende, attendons la par tout. La premeditation de la mort, est premeditation de la liberté. Qui a apris à mourir, il a desapris à servir. Il n'y a rien de mal en la vie, pour celuy qui a bien comprins, que la privation de la vie n'est pas mal. Le sçavoir mourir nous afranchit de toute subjection et contraincte." [38]

Por un lado, la muerte de la que se trata en la novela de Fuentes no es tanto la muerte física del protagonista como su muerte "moral" y, por otro lado, esta misma muerte es decidida, eso es: premeditada, por él mismo en el sentido de que Artemio Cruz sabía exactamente que una parte de sí mismo se estaba muriendo progresiva e ineluctablemente al proceder él a las opciones que eligió en detrimento de las otras opciones posibles que, consciente y por tanto deliberada y premeditadamente, fue abandonando.

2 opiniones

cristina

Estan demaciado largas los epigrafes
lo que yo se deben de ser, ni tan cortos ni tan largos
Dedicatorias y epigrafes.

Me encantaria que udtesdes me pasen todo el dato sobr las espigrafes.

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