5 - Los epígrafes (II)

Monografía creado por Saïd SABIA. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/paratext.html
25 de Octubre de 2006

El segundo autor epigrafado es el español Pedro Calderón de la Barca, dramaturgo del Siglo de Oro español, conocidísimo tanto por sus más de ciento veinte comedias como por sus autos sacramentales cuyo número ronda los ochenta y de los cuales forma parte El gran teatro del mundo que es la obra de la cual está sacado el fragmento citado.

Resulta casi innecesario recalcar la importancia que tiene el ilustre dramaturgo español en muchos de los escritores en lengua española, y especialmente aquellos que se han ocupado en sus producciones de la condición del hombre, tema a todas luces presente tanto en la obra de Calderón como en la de Fuentes, aunque abordado de modos diferentes. En el dramaturgo español se trata de la perspectiva religiosa que guía su aproximación y conlleva, como era habitual en el teatro del Siglo de Oro, un adoctrinamiento de los destinatarios de los autos sacramentales, mientras que la preocupación del novelista mexicano es más de tipo existencialista y relacionada con problemas e inquietudes de los escritores contemporáneos como la soledad, la problematicidad y el sufrimiento relacionados con la elección como características importantes de la vida del hombre del siglo XX. Precisamente, en este contexto es donde creemos que hay que entender la inserción del texto epigrafado de Calderón:

"Hombres que salís al suelo
por una cuna de hielo
y por un sepulcro entráis,
ved cómo representáis
..."

Se trata de un fragmento de una réplica en diez versos del "AUTOR", representación de Dios y primera, por orden de importancia, de las "personas" [39] que intervienen en este auto sacramental alegórico de Calderón. Dicha réplica corresponde a los versos 628 a 637. Los puntos suspensivos que aparecen al final del epígrafe indican que falta el último verso (el 637) de la réplica: "que os ve el Autor desde el cielo." [40]

La muerte de Artemio Cruz es la historia de la trayectoria vital del protagonista, desde su nacimiento en 1889 (secuencia 12) hasta su muerte que se produce en la última secuencia de la novela, secuencia donde se confunden las tres voces y los tres tiempos de la vida del protagonista, en clara señal de la caída de las máscaras. En el momento de la agonía del protagonista, éste procede, en efecto, a un examen y un balance de toda su trayectoria vital, lo cual lo lleva a percatarse de lo absurda que ha sido su vida dado que en ella ha tenido que vivir "representando" un papel que no correspondía a su profundo y auténtico "yo". En este contexto es equiparable a los destinatarios de los versos calderonianos cuya vida, desde la cuna hasta el sepulcro, viene a ser, para el dramaturgo español, una "representación". En La muerte de Artemio Cruz, uno de los momentos más expresivos de la similitud entre el personaje de Fuentes y los "hombres" de Calderón se sitúa en la primera secuencia en primera persona, cuando su propia esposa sintetiza su vida diciendo: "¡Hasta en la hora de la muerte debía engañarnos!" (p.10), dando a entender que toda su vida había sido un engaño y una "representación".

Por otra parte, hay que recordar, en este contexto, que el planteamiento estructural de la novela, basado en el uso de los trípticos, recalca la separación que el autor establece entre la verdad interior del protagonista y la visión externa que del personaje tienen los demás a través de la versión que él mismo les ofrece y que el narrador omnisciente confirma en las secuencias historiadas.

En este mismo contexto de la representación, que implica desdoblamiento, es donde hay que entender el epígrafe de Stendhal, sacado de Le rouge et le noir y que corresponde al capítulo XLII del segundo libro [41]. Sabido es que esta novela es una obra importante en la literatura francesa del siglo XIX, pero también lo es en el ámbito de la literatura mundial por las muchas influencias que ha tenido en escritores de otros países y de otras lenguas. En efecto, Stendhal es una de las figuras más importantes que, en Francia, se asimilan al nacimiento de la novela moderna. Una de las bases de la escritura del autor de Le rouge et le noir es la preocupación por expresar la verdad despojada de todo tipo de artificios [42], lo cual lo lleva a adoptar, como elemento definitorio de la novela la noción de "espejo": "Un roman, c'est un miroir qu'on promène le long d'un chemin" [43]. De este modo, Stendhal se desmarca en relación tanto con el realismo de Balzac como con las reconstituciones históricas de Walter Scott. En su novela concebida como un espejo, desempeña un papel de primer orden el punto de vista desde el cual se percibe la realidad novelada. Este punto de vista es el del personaje central de su obra, Julien Sorel, a través de cuya percepción y experiencia el lector accede al universo narrativo que abarca tanto la conflictividad interna del personaje como la crítica formulada acerca del entorno social en el cual le ha tocado vivir. En este aspecto concreto vemos uno de los más importantes puntos de encuentro entre las figuras del héroe de Stendhal y el de Carlos Fuentes. En ambas obras, en efecto, la perspectiva predominante es la del personaje protagonista. Se complementa, también en las dos novelas, esta perspectiva con la visión del narrador que adopta y refuerza el punto de vista del personaje sobre todo en lo referente a la conflictividad característica de sus relaciones con su entorno.

Por otra parte, en el plano de la anécdota, la trayectoria del protagonista Julien Sorel es asimilable a la de Artemio Cruz en algunos aspectos de los cuales resaltaremos dos fundamentales e interrelacionados que nos parecen explicar la aparición del fragmento epigrafado de Le rouge et le noir: primero, los orígenes humildes de ambos protagonistas y su ascenso social y económico así como su ingreso en la alta sociedad gracias al hecho de haber contraído matrimonio con mujeres que pertenecen a esta misma categoría social (Mathilde de la Mole / Julien Sorel; Catalina Bernal / Artemio Cruz); segundo, este hecho no resulta exento de una conciencia clara de dichos orígenes y del hecho de que ambos protagonistas no pertenecen a esta clase social, por lo que el desdoblamiento será una presencia importante en el desarrollo y el desenvolvimiento de los dos. Dicho desdoblamiento significa que, de cara a los demás, es la falsedad y la "representación" que implica la duda inducida en el texto epigrafado por el uso del "peut-être", mientras que de cara a la interioridad del personaje, él viene a ser el único ("Moi seul") poseedor de la verdad que no admite la duda. En ambos personajes, la conciencia de su condición y de su verdadero ser conlleva sufrimiento. Por otra parte, la aparición del fragmento epigrafado en la obra de Stendhal corresponde a los momentos inmediatamente anteriores a su muerte, momentos en los que Sorel procede al establecimieno de un balance de la totalidad de su vida. En ello vemos otro paralelo con la novela de Fuentes ya que se trata, como es sabido, también de las últimas horas de vida de Artemio Cruz y que éste dedica, a su vez, a una valoración de su trayectoria vital.

Debemos señalar, en relación con esta obra de Stendhal y el aspecto que aquí se estudia, que este último hace en ella un uso intensificado del epígrafe. En efecto, de un total de 75, sólo los últimos cuatro capítulos no llevan epígrafes. Otro detalle revelador de la importancia del fragmento epigrafado por Fuentes radica en el hecho de que, a diferencia de la forma con que este último cita el fragmento de Stendhal (con el "peut-être" en cursiva), en el texto original este "peut-être" aparece con letras mayúsculas. Este detalle tiene su importancia ya que Stendhal, a lo largo de la narración, utiliza mucho la cursiva reservando las mayúsculas para la transcripción de los títulos. Aparte de estos últimos, las únicas palabras que aparecen transcritas enteramente con mayúsculas son precisamente estas dos: "peut-être", que en la obra de Fuentes aparecen en cursiva. El aspecto gráfico, pues, contribuye aquí a poner de relieve una concepción particular del componente esencial de ambas obras: el personaje. Cuando la elaboración minuciosa de la figura central de la obra consigue el efecto de crear en el lector la imagen de un personaje cuidadosamente elaborado y con un perfil claramente definido por oposición al mundo que lo rodea y al cual se opone, aparece el fragmento epigrafado para introducir una nota de relativismo inductora de la duda: "Pour les autres, je ne suis tout au plus qu'un PEUT-ETRE". De cara a su propia interioridad y su propio punto de vista que es el que adopta también el autor, Julien Sorel tiene convicciones inquebrantables, cualidad que se expresa por medio del primer fragmento del texto epigrafado: "Moi seul, je sais ce que j'aurais pu faire". Pero, por otra parte, el protagonista de Le rouge et le noir tiene conciencia de que existe otro punto de vista: el de los demás. La coexistencia de ambas perspectivas en un mismo fragmento textual dota al personaje de una dimensión moderna en el sentido de que a pesar de la firmeza de sus convicciones, Sorel tiene conciencia de la existencia de otro punto de vista correspondiente a la mirada ajena que lo define como un "PEUT-ETRE". Esta misma dimensión moderna, combinada con el relativismo es, como se puede apreciar a través del personaje de Artemio Cruz, la que lo caracteriza como un héroe profundamente humano para cuya correcta percepción y comprensión se requiere abordarlo desde varios puntos de vista.

El cuarto epígrafe está constituído por dos versos, el cuarto y el quinto del poema III, sin título, de Muerte sin fin, y compuesto por un total de 15 versos [44], del poeta mexicano José Gorostiza que, a pesar de no haber publicado más que dos obras, es considerado, junto con Carlos Pellicer y Xavier Villaurrutia, como uno de los poetas mexicanos más importantes del grupo de los "Contemporáneos". En palabras de Octavio Paz, la obra de Gorostiza es "con la de Jorge Guillén, la más inflexible y concentrada de la moderna poesía en español" [45]. Este poeta representa la tendencia más puramente espiritual de su grupo y es uno de los que mayor influencia han tenido en poetas y prosistas mexicanos de la segunda mitad del siglo XX.

Temáticamente, su poesía está marcada por el sello de la preocupación por el tiempo, la muerte y la ambigüedad, inducidos todos ellos por la antinomia de los términos constitutivos del mismo título de su obra: "muerte" y "sin fin". Al asociarse estos términos antinómicos, el efecto resultante es un juego de espejos (que ilustran los versos 13-15 del poema) en el que ninguno sale ganando. La muerte es, por definición, el término, el final del tiempo y de la vida. Al definirla precisamente por medio de la anulación ("sin") de su esencia ("fin"), el poeta anula a la misma muerte. Pero, al mismo tiempo, es posible privilegiar la interpretación contraria consistente en considerar que, siendo "sin fin", la muerte cobra mayor relieve precisamente como tal.

2 opiniones

cristina

Estan demaciado largas los epigrafes
lo que yo se deben de ser, ni tan cortos ni tan largos
Dedicatorias y epigrafes.

Me encantaria que udtesdes me pasen todo el dato sobr las espigrafes.

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