Al mismo tiempo, no estamos ante el advenimiento profético de la inteligencia colectiva.6 La difusión masiva del uso de Internet y el formidable crecimiento del desarrollo del software libre y/o open source,7 aunque fundado esencialmente sobre la potencia de creación y de producción social de las ``comunidades virtuales, determina también, simultáneamente, ciertos límites.
En efecto, el paradigma comunitario, aunque sigue siendo, sin duda, enormemente eficaz dentro del estricto marco del desarrollo informático --y, en todo caso, enormemente más eficaz que el modelo ``taylorista, en el que la innovación se ve separada de la producción y de los usos, encerrada en laboratorios profesionales y en el sistema del código propietario-- se revela al mismo tiempo decididamente demasiado cerrado para hacer frente a la multiplicación y diversificación de las figuras sociales que actúan sobre los territorios de la comunicación.
Junto al modelo del usuario/actor cualificado, simbolizado por la figura del hacker, junto a las formas de autoorganización comunitaria que abundan en el ciberespacio, aparecen asimismo las múltiples declinaciones del internauta-masa, un conjunto proteiforme de sujetos para los cuales, en el mejor de los casos, la relación con Internet es por principio una relación de uso de servicios u, ocasionalmente, de ``redireccionamiento de estos servicios para un uso personal o colectivo.
Este ``internautariado, si es capaz de producir usos inteligentes de las redes, como en el caso del movimiento de los profesores del invierno del 2000 en Francia, se ve rápidamente encerrado en el espacio marcado por la oferta comercial que existe en las webs. Un ejemplo significativo: la presencia masiva de listas de correo del mundo asociativo o militante en los servicios de portales comerciales como eGroups, Listbot (Microsoft), Voila (France Télécom), Topica, etc.
No hay que hacerse ilusiones, el uso del software libre y de los recursos comunicativos de Internet que se apoyan en él, aunque haya sobrepasado los círculos restringidos de una ``élite de programadores y haya llegado a numerosas comunidades amplias y abiertas, sigue siendo un hecho enormemente minoritario. El modelo del internauta-consumidor, usuario pasivo y cliente potencial de los portales web, continúa siendo en gran medida el modelo dominante y lo seguirá siendo, ya que el acceso a Internet seguirá difundiéndose también entre aquellos que se ven excluidos tanto de la historia de la red como de la larga marcha de la informática libre y de las rebeliones subjetivas que han contribuido a construir Internet por lo menos en la misma medida que la dirección militar de Arpa.8