El demiurgo, el hipotético responsable de la creación del universo estuvo -lo podemos conjeturar- en una verdadera encrucijada, en lo relativo al diseño del más elaborado de sus prototipos. Mortal o inmortal, no sería otro el dilema en lo relativo a la creación del hombre. En una vida sin fin el valor de las cosas se difumina; en una existencia finita, en cambio, todo se pierde con la muerte. En medio de un conflicto evitación-evitación, el demiurgo debía decidirse… El hombre fue mortal. Las dificultades derivadas de su elección saltan a la vista. ¿ Cómo valorizar las acciones del hombre a pesar y a partir de la conciencia de su finitud ? El demiurgo diseñó, creó la condición humana de cara al futuro, de manera que abundara en tensiones a través de las cuales el individuo y la sociedad no sólo difieren, aplazan, solapan las meditaciones relativas a su perentorio final, sino que además potencian su sentido. En medio de las opciones disponibles, el demiurgo -justo es reconocer- dio prueba de su ingenio.