Una activa militancia de solidaridad y el consecuente clima de exaltación por la causa republicana pueden corroborarse en los enfoques que el Boletín mensual en formato tabloide de la AIAPE, comienza a publicar al inicio de la guerra en España (1936), y que se prolongan hasta 1944. Es posible detectar a través de este órgano que durante esos años la figura de A. M. fue constituyéndose para los agentes culturales vernáculos, en un sólido paradigma del "compromiso" del intelectual, en varios sentidos. Paradigma en tanto sus posturas estéticas, que a partir de 1931 vuelven a ser revaloradas por los más jóvenes poetas españoles, van a marcar incluso a poetas e intelectuales uruguayos en relación a sus propias opciones entre vanguardia y compromiso naciente. Un compromiso que comienza siendo de solidaridad, que tiene su raíz en lo socio-político, y que pronto se trasladará al plano estético. Un paradigma de dignidad y de libertad de pensamiento, por parte de un integrante de la Generación del 98 que se desmarca de la ideología elitista de sus propios coetáneos y apuesta a la defensa de una cultura popular en momentos en que la República española vive momentos dramáticos.
En varios planos, entonces (el vital, el político y el estético) A. M. será visto como un ejemplo del intelectual comprometido con las circunstancias históricas, o "a la altura de las circunstancias", como lo afirmara Guillermo de Torre (16). Desde el histórico primer acto del 14 de abril de 1931, en Segovia, A.M. había aceptado la presidencia de la Agrupación al servicio de la República; la AIAPE uruguaya se constituirá, con similares objetivos de solidaridad republicana, bajo la consigna "Por la defensa de la cultura", defensa ante el avance de los fascismos europeos, así como ante los muy cercanos enriedos autoritarios del propio país, con la reciente dictadura de Gabriel Terra (1933-34) cuya maniobra de fachada legalista se prolongó hasta 1938.
Mientras tanto, en España, la confrontación con el "purismo" dejaba paso a polémicas más determinantes para el futuro político del país. El desafío de la hora pasaba por consolidar la República, y estrechar vínculos entre cultura y pueblo. Así las Misiones Pedagógicas organizadas por Alejandro Casona, o el grupo de teatro universitario "La Barraca" dirigido por Federico García Lorca, viajando por los más remotos pueblos de la península, eran ejemplo de que la circunstancia histórica y los valores primordiales eran otros. Al respecto Cano Ballesta recuerda que "Antonio Machado, que vive intensamente los graves problemas del momento, halla muy conveniente este acercamiento de cultura y pueblo, y levanta su voz contra los que hablan de crisis de la cultura porque se la intenta hacer llegar al pueblo", para luego citar palabras del poeta: "Que las masas entren en la cultura no creo que sea la degradación de la cultura. El artista, como hombre, debe estar metido en las contigencias; también a él le atañen las cuestiones políticas y sociales" (17).
En un reportaje publicado en el periódico El Sol, (Madrid, noviembre, 1934) A.M. dará su posición personal al respecto de tan sonado tema: "La poesía jamás podrá tener un fin político, y en general, el arte. No puede haber un arte proletario ni un arte fascista". Su pensamiento al respecto de esta polémica puede leerse también en la colaboración que hace en 1934 para la revista Octubre, integrada por R. Alberti y catalogada de revolucionaria, titulada "Sobre una lírica comunista que pudiera venir de Rusia (18). Guillermo de Torre presenta la posición del poeta de esta manera: "el democratismo de Machado no le llevaba a ninguna supeditación servil (...) Se reservaba la libertad genuina del intelectual, la de disentir y poner reparos, buscando los límites exactos de cada cuestión. No aceptaba, por ejemplo, la idea de un arte para masas, que al cabo es un arte dirigido, sea cualquiera el signo político bajo el que se practique" (19).
No es fácil establecer hasta qué punto estas posiciones personales de A.M. fueron entendidas en su justa medida, en medio del fragor y la indignación generalizada de la época ante el avance de la reacción. El hecho es que, salvando sus diferencias ideológicas con el marxismo, y ante el triunfo del Frente Popular en 1936 (casi simultáneamente al levantamiento contra-revolucionario) A.M. adoptará una posición de primera línea en defensa de los valores y derechos republicanos. Así lo pone en evidencia el Boletín de AIAPE (Año 1, Nº3, 1937, pág. 7) al publicar un recuadro titulado "Antonio Machado y la juventud". El texto refiere a la designación de A.M. esta vez como Presidente de Honor de la Conferencia Nacional de la Juventud, realizada en Valencia, en enero de 1937. Las palabras del poeta son en tal sentido tan sinceras en la autocrítica generacional, como comprometidas con el presente: "A los que éramos hace treinta años jóvenes se nos hablaba de una revolución desde arriba. En el fondo, una transformación de España a cargo de los viejos, yo no he creído nunca en ella, y en esto estuve siempre en desacuerdo con los jóvenes apolíticos de mi generación (...) La revolución es siempre desde abajo y la hace el pueblo. Una gran parte de la juventud española ha abrazado valientemente la causa popular, y España tiene hoy lo que hace mucho tiempo necesitaba: una juventud sana y enérgica, capaz de mirar serenamente el mañana (...) Yo no soy un verdadero socialista, y además no soy joven; pero, sin embargo, creo que el socialismo es la gran esperanza humana ineludible en nuestros días y que toda superación del socialismo lleva implícita su propia realización (...) Confío en vosotros, que sois la juventud con que he soñado hace muchos años. Con vosotros estoy de todo corazón".
El Boletín de AIAPE (Año III, Nº23, enero-febrero, 1939) cubrirá de inmediato, a escasos días de sucedido, el fallecimiento de A.M. el 22 de febrero en la localidad francesa de Collioure. Se publica una doble página con un extenso editorial sin firma, varios poemas, y una tercera página, bajo el título "Un célebre discurso de Antonio Machado" que da a conocer el texto leído por el poeta ante el Congreso Internacional de Escritores (Valencia, 1937) titulado "Sobre la defensa y la difusión de la cultura". Allí puede apreciarse, igual que en el discurso a las juventudes, el desmarcarse de A.M. del pensamiento de Ortega y Gasset, cuando éste aun mantenía una filosofía favorable al liderazgo de las elites por encima de cualquier otro aporte gregario, "declarándose partidario, como única fuerza regente, de las minorías selectas" (20). Al respecto del concepto de hombre-masa, A.M. puntualizaba, y advertía, al final de esa conferencia: "Cuidado, amigos míos. Existe un hombre del pueblo, que es, en España al menos, el hombre elemental y fundamental; y el que está más cerca del hombre universal y eterno. El hombre masa no existe; las masas humanas son una invención de la burguesía, una degradación de las muchedumbres del hombre, basada en una descualificación del hombre que pretende dejarle reducido a aquello que el hombre tiene de común con los objetos del mundo físico: la propiedad de poder ser medido con relación a unidad de volumen. Desconfiad del tópico "masas humanas". Muchas gentes de buena fe , nuestro mejores amigos (refiriéndose a Ortega y Gasset) lo emplean hoy, sin reparar en que el tópico proviene del campo enemigo: la burguesía capitalista que explota al hombre, y necesita degradarlo; algo también de la iglesia órgano del poder, que más de una vez se ha proclamado instituto supremo para la salvación de las masas. Mucho cuidado; a las masas no las salva nadie; en cambio siempre se podrá disparar sobre ellas. ¡Ojo!".
A partir de la muerte de A.M. la movilización de AIAPE se intensificó, máxime al recibir la información de que los refugiados españoles en Francia, no habían sido ni bien recibidos ni puestos a resguardo, sino que venían siendo maltratados y hacinados en campos de concentración, bajo el mando de tropas integradas por soldados senegaleses. Así lo testimonia el tocante artículo enviado desde Estados Unidos por Angel del Río (el mismo que fuera amigo de García Lorca y lo recibiera como profesor en la Universidad de Columbia, en 1930) titulado "La muerte del Poeta de España, Antonio Machado" (AIAPE, NºIII, Nº27). Del Río relata, al detalle, sobre las opciones que A.M: fue haciendo desde la caída de Valencia hasta la penosa peregrinación que, junto a su madre, y a un contingente de refugiados, lo llevaría finalmente a la frontera francesa y a su muerte. En un fragmento se cuenta: "Machado habló con un grupo de amigos y camaradas. Les dijo que había ofrecido sus servicios a varios departamentos del ejército sin éxito alguno y explicó porqué a diferencia de varios ilustres colegas suyos, no podía aceptar un refugio en el extranjero, uno de los muchos que le habían ofrecido en Europa, en Rusia, en América". Del Río cita luego las palabras de poeta: "No hay más elocuencia en España que la del soldado. Es triste estar condenado como yo a la de la pluma. La única moneda con que podemos pagar lo que debemos a nuestro pueblo es la vida". Este tipo de información relevante sobre Machado y su heroica actitud de resistencia, brindada en el fragor de los hechos por el Boletín de AIAPE, será un ingrediente fundamental para crear una adhesión profunda hacia su persona, moldeando el paradigma mencionado. En tal sentido las últimas palabras de Ángel del Río en ese artículo, bien podrían pasar al acervo del imaginario de los intelectuales uruguayos, en torno al poeta: "En Machado el hombre y el escritor alcanzaron una profundidad cada día mayor, al punto de que al año de empezar el conflicto se le juzgó no ya uno de los cuatro, sino el primer poeta de España".
En la misma entrega de inicios de 1939 el Boletín publica un llamado del Comité de Ayuda de intelectuales radicados en Francia (integrado entre otros por Picasso, Jean Cassou, Louis Aragon, José Bergamín) denunciando los campos de concentración de San Cipriano de Argelés, advirtiendo de la necesidad de rescatar a los refugiados españoles del trato intolerable dado por las autoridades de ese país. AIAPE, organiza el envío de ayuda a dicho Comité, mientras realiza en esos meses un gran homenaje a Antonio Machado, en el Ateneo de Montevideo. Aparece así una extensísima lista de la agrupación, en carta a Jules Supervielle (en ese momento en Francia) nombrándolo embajador de los "intelectuales demócratas uruguayos" ante el "gobierno de la intelectualidad mundial que hoy ha sentado su sede en París", para plegarse al mismo y a la ayuda a los refugiados españoles.
Hasta aquí lo relevante de la cobertura del Boletín de la AIAPE es que arroja, con evidencia, a la figura de A.M. como una personalidad nucleadora del conflicto vivido en España y de las opciones, siempre comprometidas, que éste fuera haciendo a lo largo del mismo.
En el plano de la concepción o del pensamiento ético-estético, cabe preguntarse, en qué medida el "caso Machado" coadyuvará para reafirmar en nuestras letras, una nueva orientación. Y aunque se precisaría una mayor profundización de análisis al respecto, me inclino a pensar que el desplazamiento de los ismos surgidos en el Uruguay durante la década del ´20 (dígase el Nativismo de Fernán Silva Valdés, el particular ultraísmo de Alfredo Mario Ferreiro, el polirritmo de Parra del Riego, entre otros) hacia una poética de mayor inserción del poeta en la temporalidad (en el sentido incluso de atender a la circunstancia histórica y social) estuvo marcado, no sólo por los acontecimientos bélicos en sí mismos, sino también por el posicionamiento de un poeta como A.M., que se erigirá en referente sustantivo para tales cambios. En tal sentido es ilustrativa la actitud de un poeta como Juvenal Ortiz Saralegui (1907-1959) quien a sus veinte años publicara un poemario de sesgo ultraísta, Palacio Salvo (1927), y que luego, junto a su íntimo amigo J.J.Casal, renegara de tales vanguardismos, hasta llegar incluso a sentir de cerca el "compromiso social" de la poesía, mediante el legado español. Así lo dice él mismo: "Dos acontecimientos han producido verdaderas conmociones en mí: la guerra de España y la conflagración mundial. Más aquélla que esta, que a los jóvenes de entonces nos llenó de lucha y de poesía. Nos protegían, por una razón de sangre más familiar, un pueblo hambriento de justicia, sus tradiciones culturales y la flor de sus poetas sacrificados. ¡Días trágicos de García Lorca, Miguel Hernández, Unamuno, Antonio Machado!¡ En qué desmedida proporción nos inundó de solidaridad y amor! Fue legítimo que nos incorporáramos a la llamada "poesía social" (alguna vez fue anti-social la poesía?) y que escribiera yo La Rama ardiente (1942) y el Canto a Roosvelt (1945)" (21).