Tras la pista de Antonio Machado - En el inicio fue Alfar

2 - En el inicio fue Alfar

Monografía creado por Luis Bravo. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero11/machado.html
24 de Agosto de 2006

Las pistas parecen indicar que la relación de Antonio Machado (A.M., de ahora en adelante) con las letras uruguayas tiene un punto de confluencia, comprobable, hacia principios de la década del ´20: la Revista Alfar, y su mentor, el poeta Julio J. Casal (1889-1954). Dicha publicación estableció un puente de intercambio fundacional entre la poesía española y la del resto de hispanoamérica, denominándose al principio Revista de Casa América-Galicia, adoptando el nombre de Alfar a partir del Nº34. Su entrega se divide en dos épocas: 1921-1928, editada en La Coruña, España, y entre 1929-1954, en Montevideo. Considerando que la etapa montevideana, duramente criticada entre otros por Rodríguez Monegal, ha opacado la relevancia de la etapa española, se impone revisar, a los efectos de esta pesquisa, la relevancia de Alfar en su primera época, cosa que han hecho con más justicia los críticos españoles que los uruguayos (1).

Desde 1909 J.J. Casal cumplía en Galicia funciones diplomáticas como cónsul de nuestro país, desarrollando también en Madrid, una intensa actividad cultural, como conferencista y poeta, que desembocaría en la legendaria publicación. El proyecto contó desde el inicio con la colaboración de señalados escritores de la Generación del 98, entre ellos, Miguel de Unamuno, Antonio Machado y Azorín, algunos a quienes la familia Casal conocía personalmente. La poeta Selva Casal, hija menor del matrimonio Casal-Muñoz, recuerda que su madre, María Concepción, solía evocar la bonhomía y la bohemia, siempre proverbiales, de A. M. Incluso las cartas recibidas por J.J. Casal, de Unamuno y de A.M. fueron exhibidas, junto a los primeros Alfar coruñenses, en un homenaje que se le hiciera al poeta uruguayo en la década del ´50 en la Galería de la Asociación Uruguaya de Escritores.

En la celebración del 25º aniversario de Alfar, donde participara el recién llegado José Bergamín, J.J. Casal evocaba la gestación de aquel proyecto de confluencia poética: "Galicia...Andaba un viento frío por las calles de la vieja ciudad cantábrica. Pero nosotros teníamos fuego en el corazón. Y para recorrer los caminos de la noche nos alcanzaba con la lámpara de nuestros versos. En un juego de peligrosa poesía nació Alfar. Queríamos imponer nuestra religión de escritores y se entabló la lucha (...)" (2).

En la misma conferencia hace el recuento de quienes colaboraron en la fundación de la misma, y al primero que nombra es a A.M.: "(...) de todas las distancias nos alcanzó el lenguaje de la sangre, la esperanza de los nuevos, las abejas laboriosas de los consagrados: miel de Antonio Machado, de Miguel de Unamuno, de Gabriel Miró y hasta nosotros fueron llegando (...)" (3). Sigue una impresionante lista de colaboradores que, como se sabe, abarcó, además de los noventayochistas, a gran parte de los poetas de la naciente generación del 27. Entre éstos Casal destaca la presencia de Rafael Alberti, "el más nuestro de todos", con quien mantendría una estrecha amistad, viajando juntos a distintos puntos del país en las estadías orientales de Alberti y María Teresa León, durante su prolongado exilio rioplatense, etapa en la que Alberti se asumirá com uno de los principales difusores de la obra y de la vida de A.M. La lista de colaboradores de Alfar continúa con: Vicente Aleixandre, Emilio Prados, Luis Cernuda, Manuel Altolaguirre, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, los amigos granadinos García Lorca y Moreno Villa, además de los ya veteranos Juan Larrea, León Felipe, y sobretodo Juan Ramón Jiménez. Alfar integró a su vez a los más destacados pintores de la época ( Salvador Dalí, Esplandiu, Bores, Francisco Miguel, Cebreriro, Abelenda) con el infatigable talento de Rafael Barradas en primera línea, ilustrando gran parte de las carátulas. Pero el puente intercultural tendido por Alfar era de ida y vuelta, por lo que no es difícil deducir que durante esos fértiles años ´20, la revista cumple con establecer un contacto más directo y fluido, entre los artistas españoles y la cultura uruguaya. En ese sentido parece más que una feliz coincidencia de fechas el que, entre 1919 y 1924 (4), A.M. escribiese el cuaderno borrador de Los Complementarios (5) donde figura esa curiosa, y a los efectos de nuestra pesquisa, llamativa mención, a Montevideo. Me refiero a la escueta biografía del segundo de los poetas del "Cancionero Apócrifo (doce poetas que pudieron existir)", que en rigor serán catorce, donde aparece "Víctor Acucroni" de quien se dice: "De origen italiano. Nació en Málaga, en 1879. Murió en Montevideo, en 1902". Acaso la vinculación con Alfar podría ser la referencia puntual que diera motivo a ese destino de su joven apócrifo, fallecido en Montevideo a los 23 años. Del tal Acucroni sólo queda el testimonio de cinco versos que juegan con la semejanza del sonar y el soñar: "Esta bolita de marfil sonora/ que late dentro de la encina vieja,/ me hace dormir.../ En sueño,/ un ave de cristal -¿mli!- en el olmo suena".

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Monografía de Luis Bravo. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero11/machado.html CopyLeft
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