Tras la pista de Antonio Machado - Machado en la valija y en el corazón de José Bergamín

5 - Machado en la valija y en el corazón de José Bergamín

Monografía creado por Luis Bravo. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero11/machado.html
24 de Agosto de 2006
El bienio 1948-1949 marca una serie de coincidencias. El primer punto a destacar es el exilio montevideano (1948) del escritor español José Bergamín, quien será una fuente directa para el acercamiento aun más entrañable de A.M. entre los, por aquellos años, jóvenes de la generación del 45. Bergamín había sido desde siempre un estudioso y un fervoroso adepto de la poesía de A.M. Entre 1924 y 1940 publicó cuatro trabajos sobre el poeta, entre ellos el prólogo a una edición titulada Obras (Editorial Séneca, México, 1940) en la cual figuraban, como un tesoro, los poemas militantes de la última hora del poeta (La guerra, por ejemplo) y las prosas de Mairena, entre otros textos que en España, a esa altura, eran impublicables. La poeta Amanda Berenguer confirma plenamente que un conocimiento más profundo de A.M. llegó, en su caso, de la mano de Bergamín. Conserva incluso el recuerdo de esa edición de Obras que le regalara don "Pepe Bergamín", con la que, junto a su marido, el escritor José Pedro Díaz, viajaron llevándola con ellos de polizonte, a España, en 1950. En algún momento que tuvieron oportunidad, leyeron esos textos "censurados" a algunas personas que se les acercaron para estrechar vínculos. Berenguer también cuenta que en Segovia se acercaron hasta la casa donde había vivido el poeta. Allí, sin hablar gran cosa, pues eran años de mordaza, una señora les condujo por las habitaciones que rezumaban una tremenda austeridad. De esa íntima peregrinación aparece un breve testimonio en Autobiografía (El monstruo incesante, Arca, 1990): "Visitamos la casa desolada de Antonio Machado en la Calle de los Desamparados, en Segovia: las paredes encaladas, la cama sencilla de hierro, la escalera estrecha por la que subimos, el balcón que daba sobre un paisaje árido por el que corría allá abajo el cauce semi seco de un río. ¿Dónde estaban Guiomar y los chopos temblorosos?".

Cuarenta y cinco años después de ese viaje, otra poeta uruguaya, Gladys Castelvecchi, publica el poema Carta íntima a Don Antonio Machado (Por costumbre, E.B.O., 1995) cuyo argumento es una visita a esa misma casa. En otras circunstancias el lugar igual mantiene su aire de pobreza, aunque dependa ahora del Ayuntamiento. Castelvecchi confiesa con picardía cómplice, el destino del gajito de una planta que se trajo, para su jardín, de aquel lugar. Si bien la anécdota parece ser real, adquiere significación si interpretamos el crecimiento de ese gajo en el jardín de la poeta, como elemento simbólico de una reconocida herencia o prolongación machadiana, en la poesía de Castelvecchi.

....................................

"Tu casa tiene un jardín

y el jardín tu busto grave

con un aire de decir

¿por qué me han clavado aquí?

Yo trepé por la escalera viejecita de madera

que subías con cansera.

No pude conocer más por una razón muy seria:

la llave la custodiaba el Señor Ayuntamiento

y como era la siesta

dormía el Ayuntamiento.

Y ahora ¿cómo confieso

que de un tiesto que colgaba

de la escalerita viejecita de madera

robé un gajito (dos, tres)

de una plantita cualquiera?

Y han crecido aquí en mi casa

con océano por medio,

y yo los cuido y los quiero

como a usté, mi don Antonio (...)".

El poema, uno de los más entrañables que se hayan dedicado a A.M. en nuestro país, finaliza con dos versos que confirman, a su vez, ese valor ético, emblemático, que ya desde la década del ´30, había construido el imaginario intelectual vernáculo en torno a la figura de A.M., dice: "(...) usted que es signo en la frente / mejor de la España entera".

Otro texto de similar impronta, pero con la diferencia de haber tratado personalmente al poeta, es el "Retrato a Antonio Machado" de J.J. Casal (Cuadernos Julio Herrera y Reissig, Nº7, Segunda Serie) publicado, justamente, en 1949. La primera y última estrofa son las más emotivas y dan la pauta de la cercana amistad que unía a Casal con Machado:

"Abrías las manos y fluía el trigo

de un paisaje de azar cuando llegabas.

En la luz de tu pecho se encendía

el sueño de las últimas cigarras"

...................................................

Fuiste doblando esquinas por el mundo

hasta que te perdiste en una de ellas.

Yo amaba la ceniza de tus ojos

recogida a lo largo de tu pena".

Dos números después, los Cuadernos Herrera y Reissig (Nº9, 1949) lanzan una serie titulada "Retratos", del director de la publicación, Ortiz Saralegui. En el dedicado a Antonio Machado, hay un verso que parece coincidir con el final del poema de Casal, dice: "en la verde ceniza de tu pena". También en 1949, al cumplirse los diez años de la muerte de A.M., Bergamín publica por primera vez en nuestro país un artículo de su autoría dedicado al poeta: "Antonio Machado y su sombra: In memoriam (1939-1949)" en la Revista Escritura (Nº7,1947-1950) de la cual será un colaborador permanente.

En ese año Berenguer comienza a escribir su libro-poema El Río (1949-1952) uno de cuyos tres epígrafes iniciales convoca a A.M.: "Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira;/ cambian la mar y el monte y el ojo que los mira". En éste hay una sección ("rápidos") dedicada a José Bergamín, así como "Delta" inicia una "serie española" que incluye "España presente" y "Córdoba", poemas donde da cuenta de paisajes desolados que aluden a esa España diezmada por la guerra. Resulta sintomático que El Río sea reconocido por la poeta como el primer libro válido de su obra, dejando de lado otros anteriores como Canto Hermético (1941) o Elegía por la muerte de Paul Valéry (1945) marcados justamente por su cercanía a un purista como Valéry. Este giro, caracterizado por Emir Rodríguez Monegal como "el tránsito de la poesía poetizada a la poesía experiencia" (22), índice de la personal maduración lírica de la poeta, también puede ser entendido como consecuencia de la huella profunda dejada por la posguerra española, y por los poetas que representaron su tragedia (García Lorca y Machado son rastreables en pasajes de El Río) en quienes la circunstancia temporal adquiere decisiva importancia. Ya a manera de síntesis de su trayectoria como artista de la palabra, Berenguer establece en la citada Autobiografía, la decisiva importancia de estos dos poetas, y de un pintor, en su búsqueda poética, dice: "Las palabras de Machado: "se canta una viva historia contando su melodía", y las de Valéry: "hone d´etre comme la Pythie", más el "ostinato rigore" de Leonardo, me planteaban una inquietante propuesta".

Editado por La Galatea (la imprenta doméstica de Díaz y Berenguer) se publica La luz de esta memoria (1949), primer poemario de Ida Vitale, también integrante de la Generación del 45´. Allí aparece un poema en el que los paratextos son sumamente significativos: el título es "Elegías de Otoño", está dedicado A José Bergamín, y lleva un epígrafe de A.M. "¡Esta lira de muerte!". Consultada al respecto, para esta pesquisa, Ida Vitale confirma la gravitación de Bergamín, mientras brinda su lectura valorativa de A.M.: "Obviamente la figura de Bergamín resultó removedora porque ofrecía el marco para colocar un mundo de lecturas, y no sólo españolas. Juan Ramón y Machado aparecían como Escilas y Caribdis, los dos escollos inevitables del 98. Bergamín les unía, discreto, a Unamuno, que quizá le fuese a él, el más entrañable. Machado era el gran lírico "natural", del hallazgo que nos acompaña siempre, ("Alamos del amor cerca del Duero", por mucho tiempo inexplicable hasta que descubrí su "química", su sabio juego de aliteraciones). En general prefería su poesía última, no claro por el trasfondo de la guerra sino por una cierta presión, una cierta irreparabilidad. Juan Ramón era la búsqueda permanente, la insatisfacción y la sabiduría irrefutable. En cuanto a ese poema, la dedicatoria, la cita: siendo de desarrollo más ambicioso que otros, y debo haber creído que mejor, era obvio que se lo dedicara a Bergamín, el primer "maestro" que conocía (ahí importaban más que los conocimientos, la personalidad, la vida vivida, su resonancia siempre dispuesta ante cualquier tema). Las citas no implican la aceptación de una obra entera sino reconocer la exactitud de un verso, en este caso de un autor que estaba en su aire".

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