En el rastreo de las posibles vías de contacto directo entre Antonio Machado (1875-1939) y el ámbito de la literatura uruguaya, los primeros datos condujeron, de inmediato, a Julio J. Casal y la Revista Alfar. A ese relacionamiento se dedica la primera parte de esta pesquisa, revisando de paso las posturas estéticas de Antonio Machado ante el advenimiento de las vanguardias de posguerra y de la década del 20 en España, de las cuales Alfar fuera vehículo protagónico.
De la fermental, convulsionada, y ya trágica, década del treinta, la personalidad literaria de Antonio Machado emerge como una figura emblemática de la dignidad y el compromiso de los intelectuales ante el momento histórico vivido por España. El planteo fue rastrear la conformación del "paradigma machadiano" a partir de una publicación uruguaya, concretamente, el Boletín de la AIAPE (Agrupación de intelectuales, artistas, periodistas y escritores). Su relevamiento muestra que la difusión de las posturas del poeta durante esa década (en materia ética, estética y de política cultural), así como la resonante cobertura de su muerte (una suerte de martirologio de ojos abiertos), fueron factores determinantes para la construcción de ese paradigma en el imaginario de las letras uruguayas. Relacionando el trauma histórico de la Guerra Civil española, con las posturas de A. Machado ante las circunstancias previas, y puntuales, a este hecho, la pesquisa se propone aportar datos para una hipótesis. La misma refiere a que el pensamiento del poeta, en los varios niveles mencionados, haya oficiado como factor coadyuvante del desmontaje vernáculo de las vanguardias de los años 20, prefigurando así, la conformación de un canon (crítico y poético) más volcado a la responsabilidad civil del compromiso literario y ciertamente desconfiado de otras búsquedas estéticas o de experimentación expresiva.
Ya en la década del 40 es posible visualizar la huella de A. Machado en los nuevos poetas del momento, subrayando la presencia de José Bergamín en nuestro país (a partir de 1948 y en distintas etapas hasta avanzada la década del 50) como un hecho determinante para que el vínculo con la obra de Machado se diera en forma más entrañable que hasta entonces.
La pesquisa continúa hasta esbozar su presencia influyente, como un sustrato decantado (y nunca tan explosiva como la de García Lorca) entre los poetas que se inician en los años 50 y 60. Allí puede visualizarse lo que he dado en llamar una "poética de la temporalidad", heredera, en buena medida, de A. Machado (y de su apócrifo más contundente, Juan de Mairena) quien puede considerarse ejerció un verdadero magisterio poético a distancia, para muchos escritores de estas latitudes.