El joven Rey era hijo de Amenophis III o de supuestos nobles egipcios, aunque algunos historiadores consideran que era hijo del famoso Faraón Akhenatón.
No hay datos reales y fehacientes de quiénes eran en realidad sus padres.
Su verdadera nombre era Tutankatón. Vivía en un Palacio Real donde era educado y preparado en la Ciudad de la Luz ó también llamada por los arabes como Amarna ó Tell-el-Amarna que había fundado el Faraón “hereje” Akhenatón, trasladando la otrora capital que era Tebas 300 km más al norte convirtiendo esa parte del desierto en una ciudad de oasis y grandes Palacios.
Allí vivirían aproximadamente 50.000 personas bajo este reinado.
El Palacio Real estaba construído en forma de tres abanicos, el primero correspondía para la Reina madre Teje (conocida también como Tii, Tiyi, etc.), el segundo para la Reina Nefertiti y el tercero para la Princesa Meritatón heredera del reino.
Esta última Princesa era una de las seis hijas del Faraón Akhenatón.
Tutankatón conocería allí a la Princesa Ankhes-en-pa-Atón llamada por nosotros Akhesa. Ella se convirtió en su gran amor que duraría toda su corta vida.
Vivió en una época de muchos cambios. Era la Dinastía XVIII.
La historia nos dice que Meritatón y el príncipe Semenkh, supuesto hermano de Tutankatón se habían desposado constituyendo éstos los futuros Reyes de Egipto.
Aparentemente Semenkh se habría dedicado al sacerdocio y la princesa Meritatón habría sido enviada a otro Templo alejándose de toda actividad Real por razones que desconocemos. Allí pasaría el resto de su vida, dedicada a la oración, plegaria y otras actividades menores.
No hay rastros fehacientes sobre éstos.
El Faraón Akhenatón que otrora fuera Amenophis IV cambiándose de nombre al asumir al monoteísmo a todo Egipto, fue quien revolucionó la vida egipcia al convertir la religión dejando de lado a todos los Dioses por el sólo culto al Dios Solar, encontrando varios enemigos para tal fin. Desde la gente del clero, sus más férrimos enemigos hasta la gente común, su población.
Tuvo varios intentos de asesinato, y hoy se considera que pudo haber muerto de forma violenta.
Akhenatón que quiere decir ”El que brilla por Atón” estaba casado con la hermosa Reina Nefertiti.
Sus últimos años de gobierno son inciertos al igual que la desaparición de la Reina. No se sabe qué sucedió en este período.
Aún hoy no se han hallado sus tumbas. El reinado continúa siendo un misterio.
Akhenatón escribió el Pequeño Himno de Atón y el Gran Himno de Atón que se pueden hallar casi en forma completa en la tumba de Ay, su Primer Ministro.
Al morir éstos asume Tutankatón como Faraón dentro de la Dinastía XVIII
(aunque algunos historiadores consideran que reinó por un breve período el Príncipe Semenkh), pero debió cambiar su nombre, de Tutankatón, “Símbolo viviente de Atón”, por Tut-ank-Amón, “Símbolo viviente de Amón”.
También debió trasladar la capital a su antiguo lugar, es decir Tebas, reestableciendo la antigua religión egipcia.
Pronto la Ciudad de la Luz se apagaría, el culto a Atón moriría, todos marcharían a Tebas.
El joven que tendría unos 9 años de edad aproximadamente se casaría con la Princesa Ankhes-en-pa-Amón hija de los Reyes fallecidos.
Su mandato fue próspero para Egipto pero debió luchar junto a su esposa con varios problemas dentro del clero egipcio y con algunos militares que no lo veían como Rey.
Compartió con Akhesa grandes y difíciles momentos durante su reinado.
Su muerte muy temprana fue tan sólo a los 18 años de edad.
Una vez en la ciudad y superadas las pruebas rituales Tutankamón era ya el nuevo Rey Faraón de las Dos Tierras acompañado por su esposa la Reina Akhesa, Ankhes-en-pa-Amón, “La que vive por Amón”, según el clero.
Era el año 1361 A.C. aproximadamente. Se había convertido en el onceavo Rey de la Dinastía XVIII de Egipto.
El joven Rey volvería a establecer el festival de Opet donde el niño Rey sería un Dios viviente.
Varios momentos de tensión rodearían su corto reinado de aproximadamente 10 años. Complots militares, chantajes, espionajes y mentiras formarían parte del mismo.
El Jefe del Ejército era el General Horemheb, quien había compartido ya el gobierno durante el reinado del Faraón Akhenatón. Lo conocía de joven, fue él quien lo instruyó en las armas.
Todos veían en el General Horemheb y en los sumos sacerdotes un complot para derrocarlos.
La salud de Tutankamón era regular, en más de una ocasión se desfallecía y se descomponía.
En sus viajes por Egipto quedarían impresionados en Gizeh por la espectacularidad de las grandes Pirámides.
Recorrieron dentro de ellas y vieron la magnitud y la magia de sus antepasados, construídas más de mil años atrás de ellos. Quienes ingresamos a las mismas vivimos el mismo sentimiento de grandeza y magia que irradian éstas.
Pero la felicidad no era total. Akhesa había perdido ya a dos hijas, la Reina no podía ser madre temiendo por su vida personal.
Sin embargo el amor de Tutankamón era total, su amor a Akhesa era eterno.
Era su única mujer.
Supuestos complots continuaban llevándose a cabo.