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Los helenistas franceses Marcel Detienne y Jean-Pierre Vernant, han construido la mejor conceptualización de la metis griega. Es una propuesta amplia que cuenta con un claro reconocimiento entre los estudiosos de la cultura griega, a juzgar por las frecuentes referencias que se hacen de ella: La metis es una forma de inteligencia y de pensamiento, un modo de conocer. Implica un conjunto complejo, pero muy coherente, de actitudes mentales y de comportamientos intelectuales que combinan el olfato, la sagacidad, la previsión, la simulación, la flexibilidad de espíritu, la habilidad para zafarse de los problemas, la atención vigilante, el sentido de oportunidad, habilidades diversas, y una experiencia largamente adquirida. Se aplica a realidades fugaces, movedizas, desconcertantes y ambiguas, que no se prestan a la medida precisa, al cálculo exacto o al razonamiento riguroso (1988: 11).
La propuesta es amplia, y sin duda también ambiciosa, porque vincula la metis con la inteligencia, el pensamiento y el conocimiento. Según estos autores, es mucho más que una cualidad pragmática, implica formas de representación, apropiación de la experiencia, toma de decisiones, y un modo completo de reaccionar eficazmente en situaciones inesperadas y cambiantes. Sin embargo, la metis en su dimensión conceptual no fue retomada por los filósofos griegos posteriores a Homero, y ello impidió que llegara hasta nosotros. Con seguridad se trata de una pérdida importante, si aceptamos que la definición de Detienne y Vernant sintetiza una cuestión de carácter permanente, con notables aplicaciones a problemáticas actuales.
Tempranamente la metis se extravió como categoría interpretativa y explicativa, y desapareció de nuestro lenguaje. En cierto modo el vocablo ingenio tomó su lugar, pero también terminó por debilitarse en la terminología filosófica. Emparentada con la palabra genio, esta última posee la misma raíz de engendrar o generar. El ingenio fue reconocido como una importante facultad del espíritu por filósofos como Cicerón, quien recoge elementos del pensamiento griego. En el siglo I a C., afirma que gracias a esta facultad los hombres pueden apartar el espíritu de los sentidos y liberar su pensamiento de lo acostumbrado. Más adelante, a comienzos del siglo XVIII, el filósofo italiano Giambattista Vico habla del ingenio como la facultad humana de configurar las cosas y ponerlas en arreglo ordenado, de reunir cosas separadas, de percibir alguna relación que vincula cosas sumamente distantes y diversas. Con el paso del tiempo, sin embargo, este término perdió fuerza, y si bien ha permanecido en el vocabulario del sentido común, su capacidad interpretativa se ha desvanecido. A cambio surgió el concepto de creatividad, que finalmente se apoderó del escenario académico. Hoy Ulises sería para nosotros un hombre de espíritu emprendedor que piensa y actúa creativamente.
El lenguaje ha cambiado, pero con seguridad los fenómenos que quiere representar son los mismos. Los intentos actuales tienen un énfasis más descriptivo y menos centrados en la adjetivación, tienden más al concepto y menos a la narración. Esta tendencia ha llevado a reconocer la creatividad como una capacidad para combinar elementos conocidos, con el fin de alcanzar resultados a la vez originales y relevantes, atribuible no sólo a las personas, sino también a los grupos, organizaciones, y excepcionalmente a toda una cultura. En medida importante equivale a una cierta manera de utilizar con provecho los elementos, conocimientos y experiencias disponibles.
Cuando Ulises, por ejemplo, formula la idea de construir una máquina de guerra con la forma de un caballo con noble madera de pino, está utilizando elementos al alcance de todos, pero estructurándolos de un modo inédito y situándolos en un nuevo contexto. No se trata ya un caballo que arrastra un carro o que soporta un jinete sobre su lomo, sino un caballo que contiene en su interior un grupo de guerreros. El concepto básico ha cambiado: de arrastrar y sostener, se salta a la idea de contener. Su fórmula es original, distinta a todo lo conocido, y relevante, porque conduce efectivamente a la esperada victoria. Un detalle importante, que fácilmente puede ser pasado por alto, es la determinación que Ulises debió tener en el momento de declarar y defender su propuesta. No es probable que ésta fuera aceptada de inmediato, ni siquiera recibida con oídos bien dispuestos.
En el episodio del cíclope, Ulises logra zafarse de un grave peligro planificando creativamente una secuencia de acciones en las que hace valer las ventajas de su cultura frente a su rústico captor. En primer lugar, Ulises ofrece al cíclope vino sin mezclar, apostando a su falta de autocontrol. El vino era un componente obligado de la dieta de los héroes homéricos, quienes lo bebían con agua para evitar sus efectos perjudiciales. Su consumo tenía un profundo valor social, dado que ayudaba a vencer la timidez, abrir la mente y liberar la palabra durante el sympósion, pero nada de esto pertenecía al mundo del cíclope que cede a la envolvente embriaguez de la bebida. En segundo lugar, con sus herramientas de bronce y el conocimiento que posee de las propiedades del fuego, prepara una estaca de olivo endurecida, aguzada y candente. En otras palabras, fabrica una poderosa tecnología de guerra bien adaptada a la situación, de acuerdo a los recursos disponibles. En tercer lugar, su hábil manejo del lenguaje, su clara percepción respecto de la falta de integración en el mundo de los cíclopes, y su sentido de anticipación, lo hacen concebir su artimaña maestra al identificarse como Nadie, evitando que el cíclope pudiese conseguir el apoyo de sus iguales al momento de ser mutilado. Finalmente, la acción de ocultarse bajo el vientre de un carnero para salir de la caverna burlando la vigilancia táctil del cíclope enceguecido, completa la secuencia y permite la huída. Ulises ha recurrido a elementos propios de su cultura, poniéndolos en nuevas relaciones determinadas por las características de un problema específico y apremiante, que él ha representado de principio a fin en todos sus detalles, concibiéndolo como una totalidad.
Una ardua discusión actual sobre los alcances de la creatividad, el balance necesario entre lo instrumental y lo valórico en el proceso creativo, no ha podido todavía arribar a un consenso. Es evidente que cualquier solución creativa, por el hecho de incorporar un grado de originalidad, enfrenta obligatoriamente a sus protagonistas con implicaciones valóricas, en la medida en que rompe algún límite establecido. Al respecto Ulises encarna una posición sobre los límites de la acción instrumental, que todavía es insuficiente, pero digna de ser discutida. Su empeño más constante para mantener y defender su identidad, por constituir un núcleo invariable de definiciones personales, por opción y no por imposición, muestra con claridad que la creatividad no está reñida con lo estable y permanente. Por el contrario, Ulises muestra como la creatividad alcanza su mejor expresión en la estabilidad de un proyecto que no está sujeto a cambio.
Ulises jamás actúa de manera compulsiva, por el contrario, medita, intenta anticipar, elabora en su mente, y saca partido de cuanto está disponible. Corresponde a un buen ejemplo de una persona que piensa creativamente. En forma específica, el pensamiento creativo es la capacidad de unir lo diferente, ocuparse simultáneamente de lo real y de lo posible, de lo probable y de lo improbable, de las cosas que son y de las que podrían ser. En el cual la lógica y la fantasía se articulan. En donde lo divergente y lo convergente se integran y se potencian. Una modalidad del pensar que tiene su mejor expresión, precisamente, cuando adopta distintas formas frente a un propósito definido o sencillamente por el placer de desplegar su potencial. Un pensamiento que inventa o descubre oportunidades y que se supera a sí mismo utilizando a la manera de una plataforma las experiencias, los conocimientos, las personas y las cosas, pero avanzando más allá de ellas, generando nuevas realidades. Confrontando todo lo que tenemos con lo que podríamos tener, de manera que el futuro aparece como la reinvención del pasado, y lo nuevo conserva siempre una reminiscencia de lo antiguo.
Es el pensamiento que realiza innumerables giros cuando se moviliza frente a un desafío, especialmente antes de evaluar y tomar una decisión. La metáfora de la metis tiene ahora un sentido preciso, dado que el pensamiento creativo justamente tiende a girar muchas veces entre los puntos más distantes, en su esfuerzo por combinar todo lo que está disponible, aún en los extremos más distantes. Tiende a girar fuera de lo establecido y cerca del absurdo, a diferencia del pensamiento ordinario cuyo hábito más constante es seguir la línea recta o el camino conocido.
La literatura especializada ha conceptualizado de diferentes maneras el fenómeno del pensamiento creativo. Se encuentran repartidas en sus páginas expresiones que frecuentemente introducen únicamente una diferencia nominal y no de contenido, como pensamiento productivo, pensamiento divergente, pensamiento lateral, pensamiento bisociativo, pensamiento janusiano, pensamiento de ruptura, entre otras. Cada una de ellas equivale a un ropaje distinto para un mismo fenómeno, que se defiende de una fórmula definitiva y no se ha dejado reducir desde el mundo de Ulises. Más recientemente, expresiones como pensamiento de buena calidad o pensamiento de orden superior, han marcado una firme tendencia por concebir el pensamiento creativo de manera diferenciada y amplia, generando una articulación de factores de distinto origen. Particularmente, se ha buscado reconocer de un modo más nítido la interacción entre las habilidades cognitivas y los factores actitudinales presentes. En forma muy especial, se ha revalorizado la importancia del autoconocimiento y del autodominio, a través del concepto de metacognición.
Considerando esta tendencia, la curiosidad, resistencia, tenacidad y compromiso que expresa Ulises en casi todas sus actuaciones, así como su singular capacidad de autoconocimiento, no son simples cualidades agregadas, meramente anecdóticas, sino aspectos esenciales de sus posibilidades creativas. Cuando Ulises, por ejemplo, elige pasar frente a islote de las sirenas con el propósito de escuchar lo que nadie ha podido contarle, no obstante el riesgo implicado, está poniendo en juego su curiosidad, su apertura al sentido oculto de las cosas. Esto no es simplemente una cuestión cognitiva, se trata de una disposición, de una fuerza interior que lo empuja a saber más y ampliar su marco de experiencia.
En último término, cualquiera que sea la formula final que adopte, en un sentido muy general el pensamiento creativo es una capacidad compleja en la cual participan por igual factores metacognitivos, cognitivos, interpersonales, y disposiciones hacia la experiencia, verificable tanto en individuos particulares y como en grupos. En estos términos, aún aceptando su condición de valioso antecedente, la metis de los antiguos griegos queda desbordada. La metis es ante todo una categoría individual, en modo alguno se refiere a la acción de un conjunto de personas que se coordinan y potencian recíprocamente. En el mundo de Ulises jamás se destaca la colaboración interpersonal. Lo común en los dioses y en los héroes es la búsqueda del honor y la gloria como un empeño individual y en el marco de una declarada competencia. El honor es exclusivo por definición, cuando todos obtienen lo mismo sin diferencia, no hay honor para nadie. El foco, por tanto, siempre es el individuo. Hoy sabemos que el pensamiento también puede ser la propiedad de un grupo, en la medida en que la interacción y el uso de los medios disponibles, bajo ciertas condiciones, amplifican las posibilidades personales. Desde este punto de vista, el pensamiento creativo es una capacidad individual, y también una capacidad que se encuentra distribuida en el grupo y en el ambiente.
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