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Ulises y los orígenes del Pensamiento Creativo - La Astucia de los Dioses y de los Mortales

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CopyLeft Monografía de Ricardo López Pérez - 20 de Septiembre de 2006
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4. La Astucia de los Dioses y de los Mortales

En tiempos de Ulises los griegos utilizaban la voz metis para expresar una especial mezcla de prudencia y astucia. En la poesía homérica se encuentra representada narrativamente una habilidad cognitiva profundamente comprometida con la práctica y con el éxito, encarnada en dioses, héroes y mortales, considerada indispensable para obtener y ejercer el poder. Literalmente metis significa muchos giros. Es por tanto una metáfora que se aplica directamente a Ulises en un triple sentido. En primer lugar, por la cantidad de vueltas que física y concretamente debió dar en su intento de retornar a Itaca. Enseguida, por los giros que realiza con las palabras cuando se vale de narraciones para salir de una dificultad o construir su discurso persuasivo. Por último, y de manera fundamental, por la cantidad de giros a los que somete su mente en presencia de algún problema a objeto de encontrar una respuesta adecuada.

Homero ofrece una presentación de la metis, que ciertamente no alcanza ser una definición, pero que resulta muy ilustrativa. El anciano Néstor aconseja a su hijo Antíloco en los instantes previos a su participación en los juegos en honor de Patroclo: Si otros caballos son más veloces, sus conductores no te aventajan en obrar sagazmente. (...) Piensa en emplear una metis múltiple para que los premios no se te escapen. El leñador hace más con la metis que con la fuerza; con su metis el piloto gobierna en el vinoso ponto la veloz nave combatida por los vientos, y con su metis puede un auriga vencer a otro (Iliada, XXIII, 306-349).

La metis es un factor de éxito, quien la posee puede poner las cosas a su favor, aún en las circunstancias más adversas. Es una capacidad compleja, que se expresa en la acción perspicaz, combinando sentido de la oportunidad, sagacidad, anticipación y experiencia. No se opone a la fuerza necesariamente, de hecho pueden ser complementarias. La guerra de Troya se resolvió gracias a la metis de Ulises, pero jamás puede olvidarse que Aquiles espada en mano previamente había dado muerte a Héctor, el principal defensor de la ciudad. Entre los dioses las cosas no son muy distintas, Zeus llega a la cima del poder divino después de una dura lucha potenciando su metis con las fuerzas del desorden y la brutalidad. Lo esencial es establecer que la metis es muy distinta de la fuerza y sin duda superior a ella, sin dejar de lado que se inclina continuamente hacia el engaño y la trampa, fuertemente dominada por el imperativo del éxito. En el mundo de los mortales se la puede reconocer positivamente sin distinción en un gobernante, un carpintero, un artesano, un navegante, un pescador, un orador o un estratega, lo que indica su profunda ligazón con la vida cotidiana, más allá de las escenas heroicas. Aún así, en la medida en que se despliega normalmente recurriendo a todo tipo de artimañas, adquiere el perfil de la conducta tramposa.

Con frecuencia en el mundo griego la metis estuvo alejada de consideraciones interpersonales y tomó la forma de la acción intencionada y a veces torcida, tal como aparece a través de numerosos ejemplos en los orígenes de la teogonía griega. Desde la castración de Urano, planeada por Gea y ejecutada por su hijo Cronos, que provoca la separación del cielo y la tierra, y los siguientes engaños de Rea para liberar a sus hijos prisioneros en el vientre de Cronos, el mito griego está plagado de sucesivas astucias desplegadas para obtener ventaja en las disputas del poder. En el mundo de los dioses el gran Zeus jamás vacila en recurrir a mentiras y simulaciones para lograr sus propósitos, y es quien encarna la metis en su máxima expresión. De acuerdo al mito a tal punto llegó Zeus en su afán de éxito, que devoró a su esposa Metis, de quien procede el vocablo, a fin de apropiarse de todas sus virtudes, sin importarle que en su vientre se encontraba su futura hija. Metis es una diosa que representa la astucia y la prudencia, y según una descripción poética sabía más cosas que cualquier hombre o dios. Mediante esta acción Zeus consiguió anticiparse a cualquier engaño que su esposa pudiera tramar en su contra, y principalmente apropiarse en exclusividad de toda sus cualidades. Posteriormente Atenea nace de la cabeza de Zeus en estado adulto y vestida para la guerra. La diosa Atenea, de mente fría y lógica, que inspiró el nombre de la mayor polis de la Grecia clásica, será a su vez una brillante heredera de la metis de su padre.

Antíloco, aconsejado por Néstor, recurre efectivamente a su metis y se encarama al segundo lugar de la carrera aun cuando sus caballos no son los mejores, pero las cosas se complican al momento de recibir el premio. El diestro Menelao, relegado al tercer lugar, toma el cetro y descalifica su triunfo acusándolo de actuar en forma impropia y tramposa: Antíloco, alumno de Zeus, ven aquí y, puesto, como es costumbre, delante de los caballos y el carro, teniendo en la mano el flexible látigo con que los guiabas y tocando los corceles, jura, por el que ciñe y sacude la tierra, que si detuviste mi carro fue involuntariamente y sin dolo (Iliada, XXIII, 570-586). La conducta guiada por la metis tiene un evidente sentido instrumental. En este caso toda la conducta se organizó de acuerdo al objetivo central de impedir que se escapasen los premios, pero sin la menor atención a las reglas del certamen y de la buena competencia. El engaño en la curva extrema llevó a un resultado positivo, pero fugaz. Antíloco no pudo sostener su posición, terminó reconociendo su falta y por último cedió en favor de Menelao la yegua recibida como galardón. Excepcionalmente el rey de Esparta cierra el círculo con generosidad: Abstente en lo sucesivo de querer engañar a los que te son superiores (Iliada, XXIII, 602-612)

Entre los mortales, Ulises, fecundo en ardides, como es frecuentemente adjetivado, es sin duda el gran ejemplo. La tremenda capacidad que tiene para enfrentar problemas de muy distinto tipo, y encontrar con rapidez soluciones adecuadas utilizando los más inesperados recursos, lo convierten sin duda en el hombre de metis por excelencia. No es claro el modo en que la adquirió, salvo si se considera una buena explicación el favoritismo que Atenea le brindaba, pero es un hecho que se trata de una capacidad sujeta a aprendizaje. Hefestos, el artesano divino, por ejemplo, no obtuvo la metis por vía de la herencia, sino que debió perfeccionarla con esfuerzo y dedicación. Del mismo modo, Ulises progresa gradualmente, paso a paso, cada prueba que enfrenta le aporta nuevas experiencias, que revierten en autoconocimiento y en nuevos recursos para el pensamiento y la acción. El contacto con personas y seres muy diferentes, la interminable secuencia de sucesos fuera del ritmo habitual de las cosas, permitieron a Ulises reconocer el verdadero eje de su identidad. Cuando defiende con tenacidad su memoria y su proyecto vital, está defendiéndose a sí mismo, su pasado, su futuro, su identidad fundamental. Su insistencia en la práctica del autoconocimiento, es lo que le da esa claridad respecto de lo que es y de lo que desea ser.

Evidentemente no es un héroe convencional. Lo habitual en los héroes homéricos consistía en enfrentar las dificultades mediante la fuerza, generalmente en su forma más descarnada en el combate individual. Ulises recurre a la retórica y tiende a buscar formas alternativas para anticipar el peligro y alcanzar sus objetivos. Además, su gran resistencia le permite sobrellevar largos períodos de dificultad y sufrimiento sin desmayar, y difícilmente se precipita hacia una decisión sin meditar en sus alcances. Al respecto la misma diosa Atenea ubica a Ulises en el plano más alto, casi equivalente a un dios: Astuto y falaz habría de ser quien te aventajara en cualquier clase de engaños, aunque fuese un dios el que te saliera al encuentro. ¡Temerario, artero, incansable en el dolo! (...) No se hable más de ello, que ambos somos peritos en astucias; pues si tú sobresales entre los hombres por tu consejo y tus palabras, yo soy celebrada entre todas las deidades por mi prudencia y mis astucias (Odisea, XIII, 291-311).

Aquiles, el héroe arquetípico, está determinado por las tenazas de un dilema invariable, resuelto desde el comienzo: una existencia larga en compañía de la familia, pacífica y sin fama, o bien una vida breve, una muerte violenta y temprana, pero a cambio de la gloria eterna. Aquiles lo sabe: Si me quedo aquí a combatir en torno a la ciudad troyana, no volveré a la patria tierra, pero mi gloria será inmortal; si regreso, perderé la ínclita fama, pero mi vida será larga (Iliada, IX, 308-430). Cuando una certera flecha de Paris pone fin a su vida, se cumple fielmente el destino trazado, sin que él haya hecho nada por cambiarlo. Aquiles vive y muere como está previsto. Para Ulises, por el contrario, no hay destino excepto el que construye él mismo. Un dilema cerrado no es aceptable en su espíritu. Alcanzará la gloria sin perder su identidad, y se hará viejo con su familia y en su tierra: esa es su elección. Este es un rasgo muy significativo, dado que en la poesía heroica toda acción humana es normalmente consecuencia de una intervención divina, y no de una determinación personal.

Otra característica que lo diferencia de los héroes convencionales, es su refinada habilidad para trabajar con sus manos, y su profundo sentido de la vida ligada a ciertos valores fundamentales. Desde luego, la descripción que hace de la construcción de su cama y habitación matrimoniales, dan cuenta de su condición de experto artesano, a la vez que de una especial ligazón con sus seres queridos. Una cama firmemente enraizada en la tierra, tiene una dimensión simbólica ligada al arraigo. Su respuesta frente a la oferta de inmortalidad, muestra a un hombre que conoce claramente los límites que separan lo permanente de lo pasajero, el sentido profundo de las cosas y lo transeúnte. Ulises no desea la inmortalidad, considera superior envejecer en su tierra junto a los suyos. Ha recorrido los lugares y las experiencias más increíbles, en parte obligado por las circunstancias, pero también llevado por su curiosidad, y para sobrevivir ha debido actuar con gran flexibilidad. Podría pensarse que está dispuesto a todo, que nada queda en él con valor permanente, y que se mueve sólo en la atmósfera del cálculo. No es así, precisamente la energía que tiene para enfrentar una y otra vez las mayores dificultades, proviene de sus convicciones básicas. Su búsqueda no está motivada por el poder, como ocurre en otras celebres travesías, sino por el deseo de volver a sus raíces.

Es efectivo que la metis recurre al engaño y la mentira, son sus herramientas, como Atenea se encarga de declararlo, pero es preciso reconocer que Ulises expresa esta capacidad con un sello propio. Desde luego la insaciable curiosidad que siempre lo acompaña, no es un factor obligado de la metis, tal como se observa en otros personajes. Su condición de artesano, capaz de transformar con sus manos los materiales naturales y convertirlos en objetos de profundo significado, amplía el alcance de la metis, porque relaciona al hombre de nuevas maneras con las personas y los objetos. El orgullo que le provoca haber construido su cama y su habitación tiene otras facetas. Ulises habla de ellas: Merced a Hermes, el mensajero, el cual da gracia y fama a los trabajos de los hombres, ningún mortal competiría conmigo en el servir, lo mismo si tratase de amontonar debidamente la leña para encender un fuego, o de cortarla cuando está seca, de trinchar o asar carne, o de escanciar el vino, que son los servicios que los inferiores prestan a los mayores (Odisea, XV, 307-325). Esta concepción del trabajo no es un simple detalle en un mundo en el cual la actividad de un hombre y la evaluación de sus capacidades, lo que debía o no hacer, estaba rigurosamente fijado por su posición social. Ulises es un rey, está ubicado en lo alto de la pirámide social, de modo que su especial aprecio por el trabajo manual y algunas tareas comunes, constituye una rareza.

Por último, su profundo sentido de la vida y los valores de los que obtiene su orientación vital, es algo que Ulises introduce de un modo propio, fijando los alcances de la metis y poniéndole unos límites que los dioses nunca tuvieron. Ulises marca un claro contraste con la proverbial indiferencia divina en materia de moral, la misma contra la cual Platón reaccionará duramente siglos más tarde. Los dioses olímpicos no se sienten responsables por el destino de un mundo que no ha sido creado por ellos, y que sólo usan como escenario para sus juegos y caprichos. Ulises en cambio experimenta la mayor responsabilidad por su vida y la de los suyos.

Autor y licencia de 'Ulises y los orígenes del Pensamiento Creativo - La Astucia de los Dioses y de los Mortales'
Ricardo López Pérez Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero24/ulises.html CopyLeft
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