Un acercamiento comunicológico a la vida-obra de Octavio Paz - Comunicación y semiósis en "Piedra del sol"

4 - Comunicación y semiósis en "Piedra del sol"

Monografía creado por Tanius Karam. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero29/opazcomu.html
20 de Octubre de 2006

“Piedra del sol” es el poema monumental con el que concluye La Estación Violenta (1958). El poema no sólo cierra el libro sino toda una etapa: cierra el tiempo entre dos salidas (la primera de 1944 a 1953) y la segunda (1959-1971). El nombre “estación violenta” está tomado de un poema de Apollinaire del cual proviene también el epígrafe que Paz usa (O Soleil c’est le temps de la Raison ardente). La razón del titulo la explica Paz en una entrevista a Carballo11 explica la significación del título:

El otoño. La iniciación del otoño, constituye la estación violenta, la estación de las pasiones. El otoño es también, luz reflexiva, “razón ardiente” como dice Apollinaire. Es, en síntesis: pasión y razón y acción y reflexión. El título posee un doble significado: se refiere por una parte, a una época de mi vida; por la otra, posee un sentido social. El otoño es la época de la cosecha, de la recolección de frutos. Es, pues, una estación colectiva, en la que los hombres comparten los frutos de su trabajo y las palabras del poeta. Algo que aún no se realiza, históricamente, por supuesto. Pero mi libro encara esa realidad tanto como realidad destructora, fantasmal de nuestro tiempo…

En 1958 el autor tiene 44 años; deja atrás los tiempos de juventud para adentrarse a la vida adulta y lo que ello supone. La “estación violenta” esta “primeramente” vinculada a la propia vida del autor, a sus ciclos y los modos de entenderlo. Paz sentía además la necesidad de dar por terminada una época y comenzar otra, que se confirma con la publicación de Libertad bajo palabra (1960)12, su primera Antología, que es por otra parte una forma mediante la cual Paz se mira a sí mismo y su obra. A partir de 1959 comienza una vida relativamente distinta; pasaría el siguiente decenio de su vida en Francia y la India; en París los primeros tres años y luego en Delhi, donde sus búsquedas vitales y creativas tendrían un oasis de plenitud (Ruy Sánchez, 1990: 87-94).

El libro es un articulador, una muestra de la tensión entre la vida y la obra, sobre todo en un autor tan autorreflexivo, que no cesa de revisar en las varias ediciones del libro un poema; el libro es el puente entre la experimentación, el conocimiento amplio que ha adquirido de otras tradiciones poéticas y Oriente. Este tiempo es una temporada de luminosa calma que se extiende hasta 1968, a partir del cual el otoño de su vida iba a ser más violento que su verano.

El poema más extenso de estación violenta es “Piedra del sol”. Es un poema autobiográfico que resume la trayectoria de Paz pero es también la biografía de una generación y de la historia contemporánea que sintetiza la estética del surrealismo con la supervivencia de los mitos aztecas, como indica la alusión del titulo al calendario sagrado de los antiguos mexicanos. Una visión de lo que quedó de sus sueños: ruinas de las grandes ilusiones históricas y afirmación de las tentativas y los ímpetus amorosos porque lo que queda es la vida misma. Un eros que es total y que en ese momento es ya el signo dominante de su época. Sobre el tema central del libro, él mismo lo dice en una entrevista realizada por Emmanuel Carballo (en Paz. Obras Completas, t. XIV, pp.18-19):

[…] El libro, así tiene por doble tema la vida personal y la de esta época histórica. Nuestra época, nuestra estación, como el otoño individual de cada vida, es violenta. El libro se encara a esta realidad violenta, a un tiempo creadora y de estructura, y se pregunta “¿qué puede salvarse de todo esto?”. La pregunta se hace al tiempo, es decir, a la historia. Todos los poemas son una pregunta, una meditación o un himno frente a una ciudad, un paisaje, una historia. Venecia, Aviñón, Mutra […] el libro es, así viaje en el tiempo y viaje en el espacio. Viaje y pregunta ante la historia. Y retorno: a México. En El cántaro roto, al instante significativo, al instante amoroso, en Piedra del sol. En ambos poemas el retorno es social y personal.


Paz escribió “Piedra del sol” a principios de 1956 y aparece publicado por primera vez al año siguiente; el origen del poema lo describe en este pasaje retrospectivo (citado por Santi, 1997: 108-109):

No tenía plan. No sabía lo que quería escribir. Piedra de sol se inició como un automatismo. Las primeras estrofas las escribía como si literalmente alguien me las dictara. Lo más extraño es que los endecasílabos brotaban naturalmente, y que la sintaxis, y aun la lógica eran arbitrariamente normales. De pronto sobrevino una interrupción. Había escrito unos 30 versos y no pude seguir. Salí al extranjero por dos semanas […] y a mi regreso, al releer lo escrito, sentí la necesidad de continuar el texto. Volví a escribir con una extraña facilidad, pero en esta ocasión intenté utilizar la corriente verbal y orientarla un poco. Poco a poco el poema se fue haciendo, me fui dando cuenta hacia dónde iba el texto. Fue un caso de colaboración entre lo que llamamos el inconsciente (y que para mi es la verdadera inspiración) y la conciencia crítica y racional. A veces triunfaba la segunda, a veces la inspiración. Otra potencia que intervino en la redacción de este poema: la memoria […] Por ser obra de la memoria, Piedra de sol es una larga frase circular.


Hemos mencionado que la obra misma es una semiósis: signos, objetos e interpretantes. Instancias y órdenes para referirse y nombrar al mundo social y al personal: mediaciones entre el autor, su vida y viajes, la mirada sobre su generación, el sentido circular del tiempo (su tiempo) y la historia que tanto le obsesiona. El poema es un signo para conocer la vida (en un sentido más amplio, como otra semiósis en si), la obra, las impresiones, la mirada de Paz sobre sí mismo y la realidad.

El lector que se inicia en su lectura queda deslumbrado por una serie de imágenes, el epígrafe en francés de Nerval orienta la lectura, prepara el ánimo de lector y lo dota del instrumental cognitivo previo para recorrer e interpretar el texto. El texto irá y vendrá en constante entrecruzamiento de los niveles del sentido en el poema. La paz inicial es igual a la final y se contraponen al mito de la caída y la redención del mundo a lo largo del poema. Los conceptos claves que encierra el poema: el amor, la sociedad humana, la soledad y la comunión, el tiempo y la eternidad; conceptos que pueden agruparse en dos instancias: lo temporal (la historia, la sociedad, el amor erótico) y lo intemporal (el amor, la eternidad, la comunión, el retorno).

En Piedra del sol tenemos instancias que se entretejen, encontramos la idea de la soledad y la comunión como cualidades ontológicas, pero éstas no se encuentra de forma opuestas, se hayan unidas y entretejidas por distintos articuladores: la historia, el amor, el recuerdo. En la soledad radical se encuentran la posibilidad de la unión, el deseo de comunidad (todos los nombres son un solo nombre / todos los rostros son un solo rostro). En el poema se ve como la unión nace del amor. Cuando el amor se realiza “no hay tú, ni yo mañana, ayer ni nombres”; el curso del tiempo es irreversible (No vuelve atrás el tiempo, /los muertos están fijos en su muerte). La unión amorosa pone al tiempo en suspenso y lo convierte en eternidad: “el mundo nace cuando dos se besan”.

Xirau (1995: 95) se pregunta ¿cuál es el mito que funda la totalidad de Piedra del sol y gran parte de la obra paciana hasta esta poesía? Para el filósofo, Paz lo ha definido en el prólogo a Las peras del olmo: “Creo que los poetas de todos los tiempos han afirmado lo mismo: el deseo de un testimonio de nuestra condición desgarrada; asimismo, es una tentativa por recobrar nuestra mitad perdida. Y el amor, como la imagen poética es un instante de reconciliación de los contrarios”. La vivencia doble traslucida en el poema (separación y soledad; busca de contacto y unidad) constituye el eje que coordina todas la imágenes de “Piedra del sol”. Somos mitad perdida (caigo a fondo / invisible camino sobre espejos / que repiten mi imagen destrozada).

El poema se funda en la mitología del eterno retorno como centro del mundo, imagen del cielo y el árbol, eje del tiempo que a su vez es imagen de la eternidad. El tiempo se detiene como, al fin y al cabo se detenía el río de Heráclito. Este centro se llama en Piedra de sol, amor:

todo se transfigura y es sagrado
es el centro del mundo cada cuarto
es la primera noche, el primer día
el mundo nace cuando dos se besan

Por el amor volvemos al “cauce de cristal” al “chopo de agua” (que son alusiones en la primera y última estrofas del poema) los dos primeros versos y los dos últimos del poema, al tiempo sagrado de la inocencia.

Desde la perspectiva semiótica peirciana nos ofrece muchos elementos para pensar al poema en clave de comunicación en su mismidad más honda, como una intercomunicación en instancias tanto semánticas como estructurales; el hecho mismo de la estructura circular comulga con el principio dialéctico de la comunicación en la que emisor / receptor más que lugar dentro de un eje, son posiciones o principios epistemológicos que se mantienen por la intersubjetividad y tensión entre ambos.

La primeridad del sistema semiótico se da en la cualidad es la circularidad que remite a dos nociones la “piedra” y el “sol”, ambas son dimensiones que han aparecido tanto en sus análisis del arte prehispánico como en la visión misma que deja ver en sus últimas declaraciones. La piedra es lo que queda y permanece, la condición circular hace que las cosas se muevan, pero regresan al mismo lugar. El sentido no es ni el movimiento o la permanencia sino una especie de “movimiento estático” o un “estatismo dinámico” que revelan algo de la noción histórica sobre México. Paz mismo en su vida es un ejemplo, alguien que regresa en varias ocasiones (“Vuelta”) y quien de hecho decide morir en México, muy cerca en la inmensa ciudad de donde nació. ¿Casualmente?, el poema corta la vida en dos del autor quien vivió 84 años (1914-1998); Piedra…es la roca que parte y abre la vida de Paz, une sus aspiraciones, anticipa sus ayeres y recuerda su futuro.

La secundaridad, la reacción que en comunicación es el destinatario. La teoría de la enunciación ya nos ha enseñado que en mensaje mismo se encuentran huellas de todos los elementos del proceso comunicativo, por ello el destinatario no es solamente el “alter empírico” de la interacción, sino todo aquello que alude a la reacción, la recepción. Podemos ver al propio Paz como destinatario de una enunciación que antes que nada una mirada a su propia historia; el poema es un volver sobre la experiencia, es resultante del primer esfuerzo. El poema reacción de sí mismo. Paz ha dicho que “Piedra…” es un poema lineal que sin cesar vuelve sobre sí mismo, es un círculo o más bien una espiral y por eso empieza como termina.

un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado más danzante,
un cainar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre

En la nota a la primera edición Paz explicita cómo el poema está formado por 584 endecasílabos (que no toma en cuenta a los seis últimos que so igual a los seis primeros). Este número es igual a la de a revolución sinódica del planeta Venus, que es de 584 días. Los antiguos mexicanos llevaban la cuenta del ciclo venusino a partir del día 4 Olin, el día 4 Ehécatl, 584 días después señalaba la conjunción de Venus y el Sol, fin de un ciclo y comienzo de otro.

Para Monsiváis (2000: 54 y 55) en un análisis revelador de esta dimensión del poema señala que Piedra del sol contiene la unidad profunda y la suma de componentes contradictorio y complementarios; la conversión de la naturaleza en vidente (“Agua que con los parpados cerrados/ mana toda la noche profecías…”). En suma una densidad total de la nueva sensibilidad, tan hecha de erotismo, filtraciones de la filosofía o culto de la historia como recuperación selectiva de imágenes, ubicación del sitio central del amor. Allí están las persuasiones de la vanguardia, las agitaciones del deseo, el desprecio por los convencionalismos, la urgencia de rescribir la historia, la modernidad como exaltación, la experimentación espiritual y corporal.

Una terceridad es el mundo de la significación, de la unión en un primero (título) y un segundo (de acuerdo a Rivas habíamos dicho era el destinatario, en este caso podemos ver tres: la historia, el país y Paz mismo, aunque también la interpretación que el destinatario en tanto cualidad hace del poema). La terceridad es posibilidad de una semiósis (primero-segundo-tercero); evidencia la apertura e intertextualidad de un poema, más pleno cuanto más abierto. Esta dimensión une, fusiona y comunica a las anteriores; las tensiones que se observan en la forma, la relación del poeta, el poema y la obra; la historia, el país y el individuo.

Nuestra idea de terceridad tiene que ver con la propia resonancia semántica, aquellos “lugares” donde el poema cabe y adquiere una nueva materialidad (signo); es el nudo que abre a otra semiósis. La terceridad abre otra cadena a la nueva significación y el nuevo espectro que genera; su carácter (no dicho por Peirce ciertamente) es la dimensión generadora que nosotros hemos querido encontrar en los relatos que sacuden la opinión pública y promueven la construcción de nuevas subjetividades. La terceridad creemos verla realizada en la doble condición de poema personal e histórico; una reflexión sobre la desolación y la comunión. Como el propio poemario que originalmente lo cobija, la “violencia” es la tensión por salir del propio flujo encontrado, lucha de primeridad / secundaridad; tradición y modernidad. Aquí observamos estos aspectos como partes de un continnum.

Ese lugar de resonancia y generador ha sido la aplicación del poema como mecanismo hermenéutico para dilucidar la estructura narrativa de un hecho violento sobre derechos humanos en la historia reciente mexicana: la matanza de Acteal (22 de diciembre 1997) donde 45 personas fueron acribilladas. El hecho conmocionó a la opinión pública nacional e internacional. Éste es el hecho más violento perpetrado contra civiles desde los cruentos asesinatos del 2 de octubre, que de la misma forma puede ser visto parte de una continnum. Piedra del sol, era una piedra de sacrificios. El relato violento de los hechos trágicos se encuentran formado por ese imaginario de la muerte y el dolor; referirnos a ésta no significa que se desea o busca; la imagen de la muerte como único horizonte, síntesis cruda de una realidad irreducible a condiciones mínimas o aspiraciones al corto plazo de gobernabilidad. Lo contrario es la realización, la vida digna y plena que aparece en Piedra del sol pero no como algo permanente, es tal solo una evocación o la sensación de su permanencia. Este imaginario del dolor que atraviesa los peores momentos de la historia contemporánea mexicana (y del siglo XX como lo atisba el propio Paz, Cf. 1993: 124-140); en oposición se encuentra una aspiración de vida digna. Esta idea adquiere especial lucidez en el siguiente fragmento del poema que hemos usado a propósito de otros análisis sobre la contra-historia reciente mexicana que la historia de los derechos humanos, como las tensiones entre sociedad y Estado por construir un escenario diferente, del cual da cuenta con potencia reveladora la inspiración poética de Piedra del sol:

no hay nadie, no eres nadie,
un montón de ceniza y una escoba,
un cuchillo mellado y un plumero
un pellejo colgado, de unos huecos
un racimo ya seco, un hoyo negro
[...]
miradas enterradas en un pozo,
miradas que nos ven desde el principio,
mirada niña de la madre vieja
que ve en el hijo grande un padre joven,
mirada madre de la niña sola
que ve en el padre grande un hijo niño,
miradas que nos miran desde el fondo
de la vida y son trampas de la muerte
-¿o es al revés: caer en esos ojos
es volver a la vida verdadera?,

¡caer, volver, soñarme y que me sueñen
otros ojos futuros, otra vida,
otras nubes, morirme de otra muerte!
[...]

Si el poema es interesente porque en él todo es transición (la idea del otoño); no hay una fuerte división a nivel de esquema básico de comunicación (emisor-mensaje-receptor) o más aún subsistema de producción-expresión-interpretación. Más que una direccionalidad, bidireccionalidad, tenemos una circularidad múltiple (lo que ha sido explicado desde las teorías de comunicación), un fluir como las propias imágenes que abren (y cierran) el poema y al hacerlo bien podemos encontrar las claves para decodificar la propia vida paciana y con ella la de su visión histórica de México.

2 opiniones


Me parecio muiy interesante, no se si me pudieras ayudar, tengo que hacer una presentacion sobre como un banco (institucion financiera) puede aprender algo de octavio paz, realmente no se ni que poner ya que no leo regularmente
ojala puedas ayudarme
saludos.
Buena biografia.

Fue muy buena y entendible las biografias.

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Monografía de Tanius Karam. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero29/opazcomu.html CopyLeft
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