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a) Primera letras (1931-1943) Paz es un poeta como mucho otros desean serlo y tiene una conciencia más o menos temprana de esa vocación. El autor nació en Mixcoac, que hoy es un barrio de la ciudad, pero que por entonces (la segunda década del siglo XX) era un poblado claramente separado de ella; venía de una familia liberal; su padre había sido secretario de Zapata, de niño vivió en Los Ángeles unos años durante el exilio de su padre. Sus primeras letras son publicadas a los 18 años. En 1931 ingresa a la Escuela Nacional Preparatoria, que es un núcleo importante, un lugar de convergencia donde el autor tiene contacto prácticamente con todos los grupos culturales y las figuras más brillantes de la historia intelectual de la ciudad (Huerta, Pellicer, Villaurrutia…). Ahí funda la primera (Barandal, 1931-1932) de muchas revistas. El encuentro con Alberti en 1934 lo deslumbra: ve a un poeta decir sus poemas. En 1937 abandona la casa familiar, los estudios de derecho que inició en la Universidad y la ciudad; pasó cerca de 4 meses en el sureste mexicano, ahí es invitado a participar en el congreso de intelectuales antifascistas en España. Es este un viaje iniciático que pone al poeta de frente a la Historia, sus portentos y sus demonios. Del Encuentro le llama de forma especial la atención el ambiente de condena que pesaba contra Andre Gide por sus críticas contra el estalinismo y la Unión Soviética lo que le permitió sopesar desde su juventud la intolerancia que había con respecto al tema.
Al regreso de su viaje, se le hicieron evidentes los peligros del “arte ideológico”; Paz quería buscar su propia poética y lenguaje, la asunción de la tradición pero su ruptura inevitable. “La visión no es lo que vemos, es una posición, una idea, una geometría, un punto de vista en el doble sentido del término” (citado por Ruy Sánchez, 1990: 47). En 1943 deja México, regresaría 10 años después. Se muda a los EE.UU. primero con una beca y a partir de 1945 trabaja como funcionario del servicio exterior mexicano
b) Segunda etapa (1944-1958) Después de un tiempo en Los Ángeles se instaló en Berkeley, donde conoció la poesía inglesa. De manera especial lo afectó Eliot, de quien aprendió que el presente está habitado por el pasado, que la modernidad y la tradición se pueden incluir en una misma obra. También conoció, gracias a Henríquez Ureña, la versificación irregular que existió en la poesía medieval española; comienzan a aparecer en sus poemas elementos considerados anteriormente como incompatibles: un lenguaje coloquial combinado con formas poéticas esmeradas (v.g. “Conscriptos USA”). Tuvo una época de problemas económicos, hizo trabajos varios. Acepta escribir un trabajo sobre José Juan Tablada que había muerto en NY.
El servicio diplomático al que ingresa en 1945 le permite viajar nuevamente, regresar a Europa y confirmar algunas de sus ideas políticas al escuchar sobre los campos de concentración soviéticos en la segunda posguerra. En 1949 publica su primer libro fundamental de poemas: Libertad bajo palabra, donde queda de alguna manera inscrita esta vocación por la libertad humana; un año más tarde alcanza también popularidad con El laberinto de la soledad que rápidamente se hizo un clásico. Libertad… es una visión de su poesía anterior, reescritura bajo una nueva exigencia y novedad radical; es una vanguardia crítica de la cual se desprende una actitud nueva hacia el lenguaje y la poesía. Un poema central (escrito en Italia en 1948) es “Himno entre ruinas”, donde aparece una técnica que va utilizar mucho el autor: el simultaneísmo: mediante el ancla, el autor muestra dos acciones paralelas, lo que se convierte en una forma natural de la modernidad poética de nuestra lengua; traspone Paz de manera creativa el descubrimiento de Apollinaire y de Cendrars en la poesía francesa; el de Pound y Elliot en la poesía en inglés1. Por su lenguaje coloquial, por su alejamiento de la poesía social y su manera de situarse en la historia esta obra fue un rompimiento no sólo con su propia poesía sino con lo que entonces se escribía en México.
En 1952 el diplomático deja París, pasa ese año entre Nueva Delhi, Tokio y Ginebra; regresa a México un año después para dejarlo nuevamente en 1958. Desde estos primeros años cincuenta algunos poemas van a tomar el sesgo oriental de su poesía, como aparece en “Mutra” (1952). La relación con la India va crecer sobre todo en los sesenta cuando es embajador en ese país; pero no solo eso, también la estancia con Japón, las traducciones que hace del Matsuo Basho, la influencia previa de Tablada fortalecen su relación con otras culturas y la comprensión de sus recursos expresivos.
Entre 1953 y 1958 el autor regresa a vivir a la ciudad de México; es una época que se consolida como gran figura pública, puente de la cultura nacional con otras culturas. Critica el realismo socialista, el nacionalismo todavía en boga; y se junta con jóvenes escritores (como Carlos Fuentes) que parecen imprimir nuevos bríos a la literatura mexicana. Impulsó la Revista Mexicana de Literatura. En su estancia mexicana publica El Arco y la Lira, libro donde prolonga sus preguntas y respuestas a la naturaleza de la poesía. Con este libro abre tal vez su parte más importante como ensayista literario, una saga que atraviesa Los hijos del limo (1974) y La otra voz. Poesía y fin de siglo (1990).
En esta etapa se desarrollan varias ideas fundamentales, entre ellas la de lo moderno en el arte como una tradición, y precisamente una tradición hecha de rupturas. La idea del ocaso de las vanguardias se actualiza cuando se piensa que no es posible creer en el tiempo lineal y progresivo. Esta línea de reflexión es especialmente interesante: los desenlaces de la modernidad en la literatura. En esa época (por ejemplo véase ¿Águila o sol?) su poesía fue más experimental. Semillas para un himno (1954) apunta hacia una realización mucho más ambiciosa que culmina con el gran poema “Piedra de sol” (1957), poema circular que es a un tiempo poema de amor y de los crímenes de la historia; poema lleno de mitologías y arquetipos; poema del encuentro con la amada y con el mundo en ruinas cuando el sol abre las mentes como piedras y hace brotar de ellas la vida.
c) Tercera etapa (1959-1970). Con La estación violenta (1958) Paz se despide de la juventud. En 1959 el autor tiene 45 años y comienza a vivir de manera diferente; pasará el siguiente decenio entre Francia e India, donde sus búsquedas vitales y creativas tienen una dosis de plenitud. Paz no es ajeno, sobre todo en sus ensayos (tanto literarios como sociales), a los nuevos signos de los tiempos, la preocupación por el lenguaje, los nuevos cambios en la cultura2. A partir de 1962 es embajador de la India y su poesía va a adquirir un nuevo sello y presencia, es tal vez en esta época donde inicia su internacionalización, cuando gana por ejemplo, el gran premio otorgado por la Casa Internacional de la Poesía de Bruselas.
Entre 1962 y 1968 escribe Ladera este, que muestra una nueva transformación poética. La poesía de Paz se erotiza. Mientras en las épocas anteriores la poesía de Paz es erotismo en cuanto la poesía es salir hacia el otro, encuentro con el otro, después de la India hay una nueva sabiduría (expresada claramente en El mono gramático) gracias a la cual el poeta descubre que el camino es la meta. Descubre la relación entre lo erótico y lo sagrado. El amor es esa imaginación erótica convertida en elección de una persona; al descubrir el autor reconoce que eso modificó su poesía, le dio más densidad a las palabras; se volvieron más grávidas y lúcidas. Fue recobrar de otra manera la realidad; y eso nos permite darnos cuenta que el mundo aunque es real no es sólido, está permanentemente cambiando. El universo se convirtió en presencia y en interrogación. Su estancia en India termina con el incidente muy conocido: su renuncia como protesta a los hechos del 2 de octubre; Paz renuncia a ser representante diplomático de su gobierno; abandona la “ladera este” de su itinerario. En 1970 publica Posdata, una continuación de El laberinto de la soledad y reflejo de su visión de la historia de México, de sus errores y horrores.
Entre 1968 y su regreso a México principios de los setenta, Paz da conferencias en varios países como en la Universidad de Austin, de la cual saldrá Posdata (1970) o las que dará en Harvard, de las que va salir después Los hijos del limo (1974). Dos regresos marcados por dos estados de ánimo, así lo explica: “En la década de los cincuenta, cuando regresé, lo importante era expresar a México. En mi regreso de los setenta lo fundamental era reflexionar sobre México para cambiarlo…” (citado por Ruy Sánchez, 1990: 105)
d) Cuarta etapa (1971-1990) En los setenta, aparte de las dos grandes empresas periodísticas (las revistas Plural y luego Vuelta) aparece su libro sobre ensayo político más importante: El ogro filantrópico (1979). Reflexiona el autor sobre la situación del mundo en Tiempo nublado (1983), prosigue implacable su crítica contra el totalitarismo ruso, que no pocas veces hace que se le dirijan epítetos desproporcionados como “pensamiento reaccionario” o “complicidad con el imperialismo”. La crisis del régimen ruso a finales de los ochenta lo lleva a escribir Pequeña crónica de grandes días (1990) donde resume los grandes acontecimientos de su vida y encuentra en buena medida elementos para conocer y profundizar sobre la razón de su pensamiento político. Hay que profundizar este revisión que el propio autor hace de sus razones y motivaciones en Itinerario (1993, FCE, México) donde Paz echa una mirada a la historia de sí mismo y del siglo que le toca vivir, libro íntimo y desgarrador de un hijo del siglo XX que coincide en lo desgarrador del siglo que veía terminar.
Para Ruy Sánchez, el regreso a los setenta tiene la dimensión activa de la política, versus el tono melancólico y memorioso de sus poemas. Vuelta (poemas entre 1965 y 1969) son los poemas del regreso a casa. No hay negación de la visión erótica sino una nueva asimilación, como se ve en Árbol adentro (1989) en el que surge una nueva fuerza, lo que confirma que su poesía es principalmente erótica, en el sentido de que es una búsqueda del otro, de la “otredad” deseada, un encuentro con ella.
Paz es ya desde los ochenta más que un escrito consagrado; es la imagen de la cultura, el cacique cultural, su presencia televisiva se concreta en series como Conversaciones con Octavio Paz (1984) y México en la obra de Octavio Paz (1989), programas lúcidos y portentosos, pero que producen sentimientos encontrados en no pocos lectores. El recorrido sigue: en 1990 organiza el encuentro patrocinado por Televisa, El siglo XX: la experiencia de la libertad, un debate televisado por la revista Vuelta en el que prestigiados analistas de nivel internacional reflexionan sobre las transformaciones sociales y la caída del socialismo real. Después del “Encuentro”, viaja a Nueva York. Dos semanas más tarde recibe la noticia: es Premio Nobel de Literatura.
e) Quinta etapa (1990-1998) Desde los años ochenta comienzan las ediciones de obras completas, agrupaciones, invitaciones mundiales, reconocimientos interminables; una etapa que pocos escritores han vivido en México: gran presencia mediática, respeto de toda la comunidad intelectual, política y el nuevo entorno global facilita desprejuiciar algunos aspectos de su vida y obra. En esta década Paz es un autor más que consagrado que se convierte en el ojo del huracán: el conflicto con Fuentes a finales de los ochenta, el impasse con Vargas Llosa por sus declaraciones sobre la dictadura perfecta y un largo etcétera revelan un aspecto de la personalidad polémica y contradictoria del autor.
Con gran fuerza e ímpetu literario Paz sigue pensando y escribiendo; en 1993 sorprende la aparición de un libro portentoso de escritura tenaz, La llama doble. Amor y erotismo; es casual que un hombre al final de su vida escriba un libro sobre el amor y el erotismo; pero como él mismo lo dice, es un viejo texto que seguramente data de su estancia en la India, además revela mucho de un espíritu vivo y activo, de una mente lúcida y un espíritu inquieto. Un año después, en abril de 1994, se presentan las Obras Completas en 15 volúmenes donde aparecen textos inéditos. Su última obra es Vislumbres de la India (1995) una mirada al interior y a Oriente, recuerdo de su estancia y reflexión de la influencia sobre Oriente.
Pocos meses antes de morir, parte de su biblioteca se incendió, lo que tal vez afectó que su ánimo decayera; sus presentaciones en público se espacian y aunque recibe decenas de invitaciones internacionales diariamente apenas acepta unas cuantas. Su última presentación pública en México fue en diciembre de 19973, cansado y ligeramente decaído, Paz en silla de ruedas preconizó un tiempo de luz para este país del sol. Al morir, según Pacheco murió el último de los Contemporáneos, de una generación gloriosa que ayudó a pensar el país y lo relacionó más directamente con la cultura y la literatura universal. En la historia de la literatura mexicana podemos decir que desde el movimiento los Contemporáneos, todo es zozobra y continuo movimiento, tenacidad y apertura; al mismo tiempo en la literatura el pasado no acaba de pasar, siempre es nuevo y cotidiano; en el siglo XXI no dejamos de ver esa herencia, sin mirar el porvenir de un siglo que se ve ya será enteramente distinto al anterior; son a final de cuentas las mismas tensiones entre la tradición y la ruptura que Paz exploró y vivió.4
Es difícil resumir en pocas líneas el legado de Paz: en primer lugar, sin duda su compromiso con la renovación del lenguaje, la actualización de la poesía mexicana, le preocupa la modernidad, la vanguardia, la actualiza y la parafrasea. Su empresa periodístico-cultural es un diálogo permanente sobre México y el mundo; hay que ver en él a un interlocutor imprescindible del diálogo universal entre la cultura nacional y la mundial; visibiliza al país (y acaso sea uno de sus escritores más conocidos) pero ayuda a tener una visión distinta de él, así como ayuda a la cultura mexicana a tener una visión más compleja de otras culturas.
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