



Anticipándose en tres décadas a la miopía de Américo Castro3, Gil de Oto fue incapaz de imaginar que el español de la Argentina tuviera rasgos característicos que lo diferenciaran del habla española de otras regiones del mundo. Por eso, en la composición titulada "El idioma", después de afirmar "Es la Argentina [sic: debería ir con minúscula] una extraña / lengua, que toma y amaña / de cien idiomas: yo opino / que tiene tanto de España, / como del ruso y del chino". Y dice luego que va a dar "como muestra / un centenar de botones". He aquí algunas de las voces que reprueba, y cuya "traducción" prodiga en los versos: sándia [sic: debería ser sandia] = sandía; salame = salchichón; chaucha = judía; tapado = abrigo; pollera = falda; galera = sombrero; pava = cafetera; pedido = petición; mucamo = sirviente; patrón = amo; reclamo = reclamación; vos = tú; chiao [sic por chau] = adiós; atorrante = golfo; sonso = abobado; boliche = tenducho; conscripto = soldado; aviso = anuncio; occiso = asesinado; vení = ven; salí = sal; soda = agua de Seltz; kerosén = petróleo; pelada = calva; biaba = trompazo.
En esta enumeración, no alcanza a discernir cuáles son términos lunfardos y/o pintorescos, y cuáles, variantes meramente regionales.
|