Un colérico censor español del tiempo del Centenario - Gallegos y gayegos
5 - Gallegos y gayegos
Como español que es, se ha sentido herido por el mote de gallego4, que —ya lo sabemos— no es necesariamente despectivo, sino que muchas veces tiene un matiz afectuoso, como pueden tenerlo, en su innegable imprecisión geográfica, el tano, el ruso, el turco…
"Que conste ante todo que5 / el español de Occidente, / como el del Sur y el de Oriente, / son aquí gallegos de... / una cosa maloliente". En la nota al pie, Gil de Oto cree que los argentinos sentían desprecio y odio por los españoles, cosa que, en esta época, resulta inconcebible (¿quién de nosotros puede ser tan desatinadamente irracional para despreciar u odiar a los españoles?):
"Y para que no quede sombra de duda de lo que quieren decirnos cuando nos llaman gayegos (que ni aun gallegos nos dicen), suelen recargar el alias con algún otro calificativo que acabe de expresar bien todo el odio y el desprecio que nos tienen. Unas veces se nos llama gayegos patas sucias, y otras gayegos de m...". En la nota está realmente enojadísimo: "Los gallegos nos conformamos con retrucarles la frase, razonando, que si nosotros somos gallegos de... , los argentinos, que nos deben cuanto son, y que, según reconocen, descienden en línea recta de la escoria que por inadaptable, aventurera y mala emigró de España, son por triste e indiscutible verdad, residuos de residuos nuestros, m... de gallegos".
En "¡Viva España!" don Manuel deviene una suerte de virrey Cisneros redivivo, y, decepcionado ante la ausencia de un síndrome de culpa, no puede explicarse qué demencial razón llevó a la Argentina a independizarse de España: "Este pueblo insensato, / debe justificar el arrebato / que le alzó contra ti, y hoy, madre mía, / este retoño ingrato, / completa su primera felonía / y ofende complacido tu memoria / porque al negarte, afirma su civismo, / callando tu valer, funda su Historia, / y odiarte es su virtud de patriotismo".
Siendo España y los españoles un país y un pueblo por los que los argentinos sentimos tanto afecto y con los que compartimos una importante zona de la cultura, ¡qué extraños suenan hoy estos resentimientos y estas quejas...! Si ahora los traigo de nuevo a la luz, no es para avivar imposibles rencores, sino como mera curiosidad particular que corresponde a un preciso período de nuestra historia.
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