Un colérico censor español del tiempo del Centenario - La Babel argentina
Paradójicamente, uno de los hechos que enorgullecen a la Nación Argentina —el de ser, sin limitaciones, un país abierto a la inmigración y un país en cuyos habitantes confluyen variados pueblos y culturas— es quizás el aspecto que más ha molestado al autor.
Es posible que don Manuel esperase encontrar aquí una dócil prolongación o un sumiso apéndice de España, poblado homogéneamente por gentes españolas y por sus correctos descendientes nativos que, además de hablar con los mismos modismos peninsulares, deberían por añadidura mostrar total veneración hacia la Madre Patria.
En lugar de este orden hispánico y de este respeto matriarcal, Gil de Oto encuentra un abigarramiento de razas y de pueblos que lo espeluzna, y que él (sin duda con exageración literaria) describe así, nombrando en un cuarteto seis nacionalidades diferentes ("Buenos Aires"): "Me despierta un mucamo filipino, / un griego me da el té, un ruso el baño, / es mi hotelero un japonés huraño, / el portero alemán, y el groom es chino. // Son las calles revuelto torbellino / de gentes de cien razas [...]".
En otra composición ("Una casa como hay muchas") vuelve sobre el tema de la multitud de nacionalidades, y acentúa aún más la exageración: "Muy joven y sin dinero, / llegó el marido de España, / y, por amor o codicia, / casó con una italiana. // Apadrinaron la boda / un franco-alemán, de Alsacia, / un caballero rumano, / un japonés y un croata. // Tuvo el matrimonio un hijo / argentino, que amamanta / una señorita inglesa, / que aunque señorita, es ama / porque anduvo en amoríos / con un portugués pirata, / que la [sic] hizo un feo muy grande / y una pequeña, no guapa. // Tiene el padre a su servicio / un mucamo que es de Holanda, / y la madre, por doncella, / tiene una señora austriaca2. // Para arreglar el condumio / a estas gentes de seis razas / hay un cocinero belga, / al que auxilia una ayudanta / nacida en el Indostán, / de un polaco y de una bávara, / y mujer de un hotentote, / hijo de una escandinava, / casada en Madagascar, / y fallecida en Pampanga. // No es excepción (os lo juro) / la familia bosquejada".
No hace falta ser especialista en la historia de la inmigración para saber que, por aquella época, sería difícil encontrar en Buenos Aires personas de origen filipino, chino, indostanés, malgache...
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