Esta novela forma parte de la trilogía “La vida fantástica”, junto a Silvestre Paradox y Paradox, rey. Además, lleva como sugeridor subtítulo: “Pasión mística”. Fue apareciendo en el diario madrileño “La Opinión” desde el 30 de agosto hasta el 6 de octubre de 1901. El año siguiente, hacia el mes de marzo, el editor Bernardo Rodríguez Sierra publicó el texto en forma de libro.
No podemos olvidar la curiosa recepción crítica que prontamente recabó la novela, y que hoy podemos constatar en el “Apéndice I” de la edición:
“Camino de Perfección produjo cierta cólera en algunos lectores. Un crítico del Diario de Barcelona dijo en su periódico que yo era un mico, un obsesionado por el erotismo. En cambio a un profesor austriaco le repugnaba en este libro la preocupación religiosa, y un amigo suyo y mío me decía que al leerlo lo había tirado varias veces al suelo con rabia”.
Sin duda, en estos años nuestros de narrativa políticamente correcta y debidamente aligerada de dificultades para llegar con rápidez al público lector, algunos lectores seguimos echando de menos textos con ese nivel de energía creativa, que son capaces de provocar una recepción tan directa y visceral.
Generalmente la novela se ha venido interpretando en clave noventayochista, de modo que se suponía que el protagonista, Fernando Osorio, era la encarnación de la angustia existencial y el anhelo de hallar un sentido a la vida, todo ello enmarcado por una visión tradicionalista de Castilla, que funciona como parte-símbolo de España.
Desde luego, presenta un elemento común a toda su generación: la reflexión en torno al proyecto y al lugar que se reserva a España como tarea y sentimiento común.
Y, en efecto, como buena parte de los personajes barojianos, el protagonista de Camino de Perfección se ve abocado al fracaso; y es también una criatura inadaptada al medio social y errabunda existencialmente, donde angustia vital e impotencia social parecen las caras de una misma moneda. Fernando Osorio consigue superar los factores hereditarios y ambientales negativos por medio de la voluntad y la energía. Es un personaje marcado por la lectura de Schopenhauer y de Nietzsche : El viaje a “Yécora” (Yecla) es un viaje al pasado y a su infancia en donde busca las claves de su presente, así lo testimonia su visita al colegio de los padres escolapios, donde las notas predominantes son la tristeza y la lentitud. Son, desde luego, significativos los diálogos que mantiene Osorio sobre la filosofía de Nietzsche con el alemán Schultze.
En el caso de Osorio, el modelo nietzscheano es clave para convertir su errante deambular casi sonámulo en un camino, un itinerario con sentido, a través de esa figura de Max Schultze (cap. XIV) que viaja simpáticamente por el país.
La recuperación final del protagonista, de hecho, se lleva a cabo mediante la afirmación inequívoca de los genuinos valores vitales, de la vida en sí, sin misticismos ni trascendencia.
En cuanto a la inmanencia, Camino de Perfección y El árbol de la ciencia comparten el motivo de ser un mosaico social de la vida española de principios de siglo, y de hecho ilustran las contradicciones que caracterizan ese preciso momento. Además de los conflictos existenciales articulados a través del protagonista, encontramos otros elementos sociológicos emblemáticos de aquellos años: la pobreza cultural del país; la oposición campo (barbarie) / ciudad (civilización); las amenazas de la modernidad industrial; la iniquidad y la barbarie social.
Son significativos en la novela los episodios de análisis social en los que la vida española queda subrayada desde la perspectiva de la España negra. Así, tenemos la horrorosa educación y vida en el colegio “de tortura” de los escolapios (pp. 227-229); que se complementa con las vivencias de la tierra árida y del catolicismo en Marisparza (pp. 244-245). La Semana Santa y sus lúgubres procesiones (XLII) provocan el rechazo de Osorio, quien persistirá en un proceso de depuración espiritual y de anticlericalismo consumado, patente en episodios como su conversación con el escolapio, donde junto a elementos filosóficos aborda temas como la fe, la materia, panteísmo, el mal, la voluntad y la libertad frente a la omnisciencia y omnipotencia divina (cap. XLIII).