Un siglo de Camino de Perfección - La conexión valenciana en Camino de Perfección

4 - La conexión valenciana en Camino de Perfección

Monografía creado por Juan María Calles. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/baroja.html
16 de Septiembre de 2006

Baroja y Azorín debieron de conocerse en Madrid alrededor de 1900, aunque probablemente pudieran conocerse de haberse visto en Valencia. El joven Martínez Ruiz, sin embargo, parece que llevaba una vida muy distinta en Valencia [Ranch 1999: 40 y ss.], propia de un joven adinerado que frecuenta la noche y la sociedad valenciana, dado que además vivía como estudiante en casa de huéspedes y ya era periodista en ciernes, mientras que Baroja vivía -mucho más austeramente- en la casa familiar. Las relaciones de Baroja con la ciudad de Valencia y Castellón han sido detalladamente abordadas por Eduardo Ranch [Ranch 1999], quien abunda en detalles de la vida de Baroja por tierras valencianas.

En cuanto a nuestra aproximación, no nos interesa ahora tanto el detalle como la manera en que Baroja clausura su texto. Y, coincidiendo con su estancia en la ciudad de Castellón, se producen importantes cambios en las estrategias narrativas.

El cambio de narrador en el texto tiene lugar en el principio del capítulo XLVI (p. 277). La novela adquiere la forma de un diario autobiográfico que va anotando Osorio.

Sorprende el tono de energía vital ligada a la exaltación de la naturaleza: “vivir y vivir...esa es la cuestión”. Las notas semánticas dominantes ahora son el bienestar existencial y el equilibrio.

Junto a la “Dolores” castellonense encuentra Fernando Osorio ese ideal de equilibrio entre deseo y voluntad, y el bueno de don Pío, novelista valiente donde los hubiera no deja de despacharse en política provocando a través de las afirmaciones de su personaje:

“Mi tío es especialista en vulgaridades democráticas. Mi tío es republicano. Yo no sé si hay alguna cosa más estúpida que ser republicano, creo que no la hay, a no ser el ser socialista y demócrata.

Ni mi tía ni mis primas son republicanas. Esas son autoritarias y reaccionarias, como todas las mujeres; pero su autoritarismo no les hace ser tan despóticas como su democracia y su libertad a mi republicano tío” (págs. 294-5)

En la casa del tío republicano, Fernando Osorio dibuja y pinta; y pinta el retrato “fotográfico” de Dolores, que no deja de ser una pequeña broma teórica para los partidarios del realismo crítico en el arte, frente a la obra creadora del artista que después ejemplificarían las vanguardias.

Las relaciones de Baroja con tierras valencianas continúan siendo desconocidas por buena parte del gran público. Hasta el día de hoy, y tal como nos confirman los editores del Epistolario “Pío Baroja-Eduardo Ranch Fuster”, Amparo Ranch y Cecilio Alonso, es escasa la bibliografía en torno al tema que nos ocupa. Sin embargo, el trabajo ejemplar de la familia Ranch con la inestimable colaboración de Cecilio Alonso, nos han permitido acceder a un corpus valiosísimo de cartas que nos revelan la personalidad y las relaciones literarias de Pío Baroja a lo largo de la primera mitad del siglo XX y, en concreto, su estrecha relación de amistad con Leandro Alloza y su familia.

Baroja había nacido San Sebastián el 28 de diciembre de 1872. Inicia el Bachillerato en Pamplona y cursa su último año en el Instituto San Isidro de Madrid. Se matricula en la Facultad de Medicina en 1887. De esos años madrileños de estudiantes data la amistad entre Baroja y el castellonense Leandro Alloza. Debido a un nuevo destino de su padre, la familia Baroja se traslada a Valencia (1891). Carmen, la hermana menor, recibe clases en un colegio de monjas; sus hermanos, menos Ricardo, que quedó en Madrid, van a la universidad. Al año siguiente Darío enferma de tuberculosis. Baroja, que se afana desesperadamente por sanar a su hermano, estudia con ahínco y en año y medio termina la carrera. Cree que la enfermedad se ha estacionado, y vuelve a Madrid para cursar el doctorado en Medicina. Se doctora en Madrid en 1893, con el título: El dolor. Estudio psicofísico. Sin embargo, en febrero de 1894 ha de acudir rápidamente a Valencia: Darío está gravísimo y fallece al día siguiente de llegar él. La familia deja el piso de Valencia y se traslada a Burjasot. Baroja pasará allí el verano de 1894.

Igualmente, Baroja visitó y conoció la capital y las tierras de La Plana, hasta el punto de convertirlas en materia narrativa de esta novela. Sus dos años de estancia en Valencia, los tres veranos posteriores, las visitas a Leandro Alloza en Castellón y los días pasados en Burjasot han dejado una huella imborrable en sus novelas, y en particular en Camino de Perfección.

Como él mismo ha relatado, la aparición de la novela Camino de Perfección de Baroja se celebró con un banquete en su honor, en el Parador de la calle del caballero de Gracia, el 25 de marzo de 1902, organizado por Rodríguez Sierra y Azorín, con asistencia de Maeztu, Valle Inclán, Silverio Lanza, Ortega Munilla y Galdós y Cavia, entre otros.

Baroja nos ha dejado noticia fidedigna de su probada relación de amistad con Leandro Alloza en una carta a Eduardo Ranch:

“En 1900 ó 1901 estuve en Castellón en casa de Leandro Alloza, hijo de otro ingeniero del mismo apellido.

Alloza fue muy amigo mío en Madrid de estudiante y también después de que yo me hiciera médico. Él tardó bastante en terminar la carrera. Era muy buena persona, muy generoso, muy fácil en sus amistades, un poco terco y un poco amigo de divertirse. Cuando yo andaba en mis aventuras de panadero él venía a buscarme de noche, muchas veces a las tres y las cuatro de la mañana. Llamaba a un ventanillo que tenía el horno hacia la calle de Capellanes y le abrían los panaderos por la calle Misericordia. Entraba en el viejo caserón donde yo vivía y convidaba a vino a los obreros y confraternizaba con ellos. Otras veces, salíamos a la calle a altas horas de la noche (...)”

Estaría cinco o seis años sin ver a Alloza, luego le vi en su pueblo en el viaje que me sirvió para escribir Camino de Perfección. En este viaje fui con Azorín a Monóvar. Luego a Yecla y después, solo a Castellón y por último a Barcelona.

En Castellón estuve con Alloza y debimos de andar por los pueblos próximos. Al menos estuvimos en Benicasim, donde él tenía un chalet” (Carta de Pío Baroja apud Eduardo Ranch Fuster 1999: 102-103)

Leandro Alloza visitaba la panadería de Baroja acompañado a veces por un tal Bellido, burrianense, a quien el novelista recuerda con claridad como un joven sonriente, estudiante de perito agrónomo, original, quien siempre decía de su pueblo un curioso aforismo que no podemos dejar de recoger: “Allí, ya se sabe, todo el mundo tiene la misma consigna: conservar lo que se tenga y robar lo que se pueda”.

Eduardo Ranch visitó, tras la guerra civil, a doña Concha Alloza, hermana de Leandro Alloza3 (a quien no debemos confundir con su también famoso padre, ingeniero del puerto de Castellón), quien confirmó la visita de Baroja durante el periodo de escritura de Camino de Perfección.

La llegada del protagonista de la novela, Fernando Osorio, a Castellón tiene lugar en el capítulo XLVIII:

“El pueblo es grande. Cuando llegué, las calles estaban inundadas de sol, reverberaban vívida claridad las casas blancas, amarillas, azules, continuadas por tapias y paredones que limitan huertos y corrales. A lo lejos veía el mar y una carretera blanca, polvorienta, entre árboles altos, que termina en el puerto” (289)

Y en la novela, aparecen personajes de la historia de Castellón como Pascual Nebot, a quien algunos ven como trasunto novelesco de Ramón Huguet, cuya descripción en la novela es inolvidable:

“Es un hombre alto, fornido, rubio de cara juanetuda y barga larga, dorada (...) Es tipo de hombre guapo, pero con esa ironía antipática y amarga de los levantinos que ofende y no divierte, una ironía sin gracia, que niega siempre bondad alguna” (p. 303).

Gracias a la minuciosidad y a la constancia de Eduardo Ranch, está probado que Baroja visitó a los Alloza en la primavera de 1901 justamente en su casa del centro histórico de la ciudad que poseía la familia, en la calle Mayor, número 37, hoy ya desaparecida, donde le cedieron durante unos días la habitación de Concha Alloza4. También existen testimonios de su visita a la casa de los Alloza en el Grao de Castellón. Durante todo ese tiempo, Baroja estaba escribiendo la parte final de la novela, donde aparecen plenamente la ciudad, sus habitantes y su paisaje, lleno de luz y de belleza.

Concha Gironés Alloza (popularmente conocida como “Conchita”, ahijada de Leandro), según testimonio de Eduardo Ranch, conservaba libros de Baroja y de Valle Inclán dedicados a Leandro Alloza. Lamentablemente, Leandro Alloza unos dos años mayor que Baroja, murió en 1907, a los treinta y siete años, y Baroja le dedicaría unas líneas cariñosas en sus Memorias (II, 7º, X, 1944).

Años después, Baroja volvería a tierras del Maestrazgo castellonense, acompañado por su sobrino, el también ilustre don Julio Caro Baroja, y visitan durante unas semanas Morella, San Mateo, Segorbe y Castellón, para escribir dos de las novelas de Memorias de un hombre de acción, pero ésa ya es otra historia que escapa al propósito de estas líneas.

1 opinión

presa

es muy interesante les recomiendo que lo lean!!!!!!!!

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