1 - Contextualización de la obra Flaubert

Monografía creado por Luis Quintana Tejera. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/bouvard.html
16 de Septiembre de 2006

El hecho de estudiar un autor y específicamente una de sus obras obliga a un breve planteamiento que ubique causas y consecuencias en relación con el tema tratado. Gustave Flaubert (1821-1880) es probablemente uno de los escritores franceses del siglo XIX que mayor polémica han generado en torno a su figura y su obra. Le toca vivir en un siglo pletórico de personajes altamente representativos y en un país aquejado por enormes conflictos estadísticos: es la Francia heredera de Napoleón en lo político y deudora de Víctor Hugo en lo literario.

Precisamente en el plano mencionado en última instancia, la figura del gran patriarca romántico abarca prácticamente todo el siglo, seguido por escritores de incipiente realismo unos y precursores del naturalismo otros, tales como Henry Murger1, Jules Champfleury2, Duranty3, los hermanos Goncourt (Edmond y Jules) y el propio Alphonse Daudet; los tres primeros se inician por el camino de la novela documento y los tres últimos pueden considerarse a su vez precursores del naturalismo por el método, pero no lo son en el terreno del estilo y de la búsqueda; un ejemplo sirve para fundamentar este hecho: la mayoría de las novelas de los hermanos Goncourt representan historias verdaderas sacadas de expedientes, de relatos hechos, de recuerdos personales. Hallamos además y como consecuencia de la línea anterior a artistas de la talla de Balzac y Stendhal en el plano de la realización del realismo impregnado de cierto romanticismo y, por último, figuras señeras de la nueva escuela que habría de caracterizar esta última etapa del decimónico espacio; me refiero a Émile Zola4 y su grupo quienes darán inicio a la corriente naturalista.5

Ahora bien, en este corpus general apenas esbozado supra se yergue la figura del novelista francés y emergen las diversas posibilidades de catalogación que nos permitimos sintetizar en cinco líneas esenciales:

1. Realismo literario: heredero y detractor del romanticismo.

No se puede negar en Flaubert la paternidad romántica y la influencia más o menos notable de Víctor Hugo; lo mismo podemos decir de Balzac, de Stendhal y del propio Zola. Pero, al mismo tiempo Gustave afilia -quizás no convencido totalmente-, a aquel grupo de incipientes realistas que deseaban comunicar la realidad de una manera casi fotográfica; a diferencia de ellos, decide transmitir un contexto en donde lo verdaderamente trascendente radica en el tipo humano marcado por esa misma realidad, pero siempre rebelde ante ella; de esta forma estamos frente a la ruptura del esquema propuesto o, quizás, ante la superación del mismo mediante propuestas complementarias (es éste un don del genio creador, una capacidad del realizador que no sólo es libre frente a la materia trabajada, sino que además se siente libre).

2. Precursor del naturalismo a través de Madame Bovary.

Es muy difícil sostener en términos severamente críticos que en este autor se manifiesten características que después de él habrían de caracterizar a la tendencia naturalista.

Veamos al respecto lo siguiente:

El año de 1880 marca una fecha importante en la historia del naturalismo. Es el año en que aparece La novela experimental, colección de estudios que Zola había publicado en diversos diarios y revistas y en los que expone (sobre todo en el que da título al conjunto) su teoría del naturalismo, inspirada en la “Introducción al estudio de la medicina experimental” de Claude Bernard. Es también el año de Nana, pero sobre todo es el año en que se publica, bajo el título de Las tertulias de Médan la serie colectiva de relatos escrita en colaboración con Maupassant, Huysmans, Céard, Hennique y Alexis y que figurará como verdadero manifiesto de la escuela, Es, por fin, el año de la muerte de Flaubert, quien será reivindicado por Zola y sus amigos como uno de los padres del naturalismo, “por haber reducido y enunciado claramente la fórmula de la novela moderna y por haber creado con Madame Bovary la novela tipo, y el modelo definitivo del género”. Pero Flaubert no era el único autor de prestigio reclamado por el jefe de la escuela naturalista. En una nueva colección de estudios publicada en 1881 bajo el título Las novelas naturalistas, Zola también añade a Balzac y a Stendhal. Al uno por “ese estudio exacto de la sociedad de su tiempo” que constituye La Comedia Humana, y al otro “porque aplicaba como filósofo teorías que los naturalistas tratarán en seguida de aplicar como científicos.6

Es posible rescatar del contexto total de esta novela flaubertiana mencionada por Zola elementos primordialmente conceptuales que reaparecerán en la propuesta de los naturalistas7. Si nos guiamos por esta opinión, no existiría el realismo literario propiamente dicho o, en el mejor de los casos, estaría dado como un simple antecedente preparatorio del naturalismo, puesto que el mencionado Zola reclama también a Balzac y Stendhal en plano semejante. Agreguemos a ello que no hubo una intención autoral concreta por parte de los mencionados de crear una tendencia diferente; más aún, ni siquiera se detuvieron a pensar en semejante circunstancia porque su trabajo artístico se movía en otra dirección.

3. El realismo objetivo perfilado en el marco de Bouvard et Pécuchet.

Desde las tiendas del nouveau roman en el siglo XX francés, Robbe Grillet y sus seguidores reclamaron a Flaubert como precursor importante. Sin ir más lejos -comenta el crítico Rodríguez Rivero-, a principios del 2001 y con motivo de la publicación de la novela La réprise de Robbe Grillet, el veterano escritor, el “papa” del nouveau roman, hablaba precisamente del carácter provocador de la literatura y recordaba que el objetivo literario perseguido por él y su grupo consistía en la subversión de la novela tradicional como arte de la representación. Y el crítico aludido agregaba:

Desde diferentes puntos de partida intentaron llevar a sus últimas consecuencias el deseo expresado por Flaubert (y que éste casi consiguió realizar en su Bouvard et Pécuchet) de escribir libros sobre nada, textos cuyo único referente se encontrara en sí mismos, y en los que las estructuras tradicionales del relato (personajes, anécdotas, tiempo y espacio) quedaran tan desquiciadas que fuera necesario establecer un nuevo pacto con el lector, un pacto que ya nunca estaría basado en la confianza, sino en la sospecha.8


Este aspecto aquí citado nos permite ubicar una perspectiva diversa del autor francés que surge con renovada vitalidad en la última etapa de su producción.

4. El intenso aporte intertextual en el marco de toda su producción.

En relación con este apartado y desde el ángulo de la narración aquí propuesta para su análisis, los valores que arraigan en la intertextualidad están significativamente presentes en toda la producción de Flaubert y más aún en Bouvard et Pécuchet. Este factor es el producto de las obsesivas lecturas del escritor previo al trabajo narrativo: se habla de las miles de fichas elaboradas para dar sustento a Madame Bovary y de los más de mil quinientas volúmenes que sirvieron como antecedente al trabajo de su novela póstuma9. Lo curioso radica en que muchos autores pueden manejar los elementos que toman como préstamos de otros, pero en muy pocos es dado observar este carácter polivalente que lo saca del terreno literario propiamente dicho para conducirlo al dominio de la ciencia en general como lo observaremos en la pertinencia del análisis de la novela que nos ocupa.

5. La literatura de Flaubert se yergue como una severa crítica a la sociedad de su época.

Este carácter veladamente ancilar de la obra de Flaubert es también anticipo de lo que hará Zola a comienzos del siglo XX con aquella carta dirigida al presidente de la República Francesa que lleva por título Yo acuso10, y a través de la cual se propone la defensa del capitán del ejército Alfred Dreyfus, acusado de alta traición. La literatura se involucraba así en un problema que aparentemente le resultaba ajeno, pero daba lugar a la noción de compromiso que tanto arraigo habría de tener en el siglo XX.

En el caso de Flaubert, él compromete su denuncia en relación con el problema de la estupidez humana y revela facetas de esa misma estupidez en un marco que lo autoriza a fundamentar científicamente que el hombre se entrega a búsquedas incansables que lejos de satisfacerlo plenamente lo devuelven al punto de partida.

Decía el autor:

Siempre he procurado vivir en mi torre de marfil. Pero una marea de mierda bate ahora sus muros hasta el punto de derrumbarla. No se trata de política sino del estado mental de Francia.11

Y, ciertamente, Francia estaba pasando por un proceso político muy complicado en donde confluían diversos acontecimientos, tales como la problemática constitucional, la revolución de 1848, la Segunda República, Luis Napoleón Bonaparte, El segundo Imperio...12

1 opinión

perra

esto es pura basura publiquen algo bueno

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