7 - Notas

Monografía creado por Luis Quintana Tejera. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/bouvard.html
16 de Septiembre de 2006

[1] Autor de Scènes de la vie de bohème novela que destaca y trasciende a su siglo de una forma muy peculiar.

[2] Compuso unas veinte novelas inspiradas en la vida de Laon que resultaron tan exactamente reveladoras de la cotidianidad que le llegó a ser prohibida su permanencia en ésa, su ciudad natal.

[3] Les malheurs d’ Henriette Gérard, novela con forma más psicológica y analítica que las anteriores.

[4] Zola se atreve a presentar por primera vez destinos colectivos y personas sin contornos bien determinados y su fundamentación teórica la constituye precisamente un texto científico de Claude Bernard: “Introducción al estudio de la medicina experimental”. Cuando hagamos referencia a la novela de Flaubert que nos ocupa en este ensayo constataremos de qué manera el espíritu científico había impregnado muchas de las manifestaciones literarias de la época hasta llegar al extremo de confundir la causa con el efecto y de dejarse llevar por un falso contexto de realización intelectual que dará pie al enorme tema de la estupidez humana.

[5] Cfr. Paul Morelle. “El naturalismo” en La literatura desde el simbolismo al nouveau roman, bajo la dirección de Bernard Gros, Bilbao, Mensajero, 1976, pp. 337-357.

[6] Paul Morelle. Op. cit. p. 337.

[7] Puede consultarse al respecto la opinión de Robert Escarpit en su libro Historia de la literatura francesa, México, F.C.E. 1986, quien no sólo omite al realismo literario como una tendencia de la segunda mitad del siglo XIX francés, sino que además en la página 102 justifica la inclusión de Flaubert -entre otros-, como escritor naturalista.

[8] M. Rodríguez Rivero. “Robbe Grillet, el dinamitero de la narración” en Babelia-El País, enero de 2001.

[9] Riffaterre considera la intertextualidad como la percepción por parte del lector de la relación entre una obra y otras que la preceden. En Palimpsestos habla Genette de un total de cinco relaciones transtextuales. La primera, la intertextualidad , la define como “una relación de copresencia entre dos o más textos, es decir, eidéticamente y frecuentemente, como la presencia efectiva de un texto en otro. Su forma más explícita y literal es la cita (con comillas, con o sin referencia precisa)… el plagio, que es una copia no declarada, pero literal… la alusión, es decir, un enunciado cuya plena comprensión supone la percepción de su relación con otro enunciado al que remite necesariamente tal o cual de sus inflexiones, no perceptible de otro modo.” En el mismo trabajo hace una crítica de la definición que de intertextualidad ofrece Riffaterre, por considerar que ésta incluye el total de los cinco casos de transtextualidad… Las relaciones estudiadas por Riffaterre pertenecen siempre al orden de las microestructuras semántico estilísticas, al nivel de la frase o del fragmento breve, generalmente poético. La huella intertextual, según Riffaterre, es más bien (como la alusión) del orden de la figura puntual, del detalle, que de la obra estudiada en su estructura de conjunto. Efectivamente, Riffaterre está identificando la intertextualidad con el conjunto del fenómeno literario, y así el concepto es demasiado amplio. Genette, sin embargo, pretende aplicar al término una acepción tan concreta que no nos permite aplicarlo más que en casos muy determinados. Quizá lo más correcto sería hablar de distintos tipos de relación intertextual. (Marta Rivera de la Cruz. “Intertexto y autotexto. La importancia de la repetición en la obra de Gabriel García Márquez”, en Internet, en Espéculo. Revista de esudios literarios nº 6, UCM, http:/www.ucm.es/info/especulo/número6/intertx.htm. (p. 2 de 19).

[10] Émile Zola. Yo acuso. La verdad en marcha, trad. de José Elías, Barcelona, Tusquets, 1998.

[11] Flaubert a Turgueniev en noviembre de 1872, cit. por José Carlos Hesles, Revista Casa del Tiempo, http://www.uam.mx/difusion/revista/sep.2001/hesles.html

[12] Id.

[13] Javier del Prado (coordinador). Historia de la literatura francesa, Madrid, Cátedra, 1994, p. 786.

[14] Ibidem, p. 896.

[15] En el terreno gnoseológico que estudia la posibilidad del conocimiento es dado ubicar al menos cinco posturas: el dogmatismo, el escepticismo, el subjetivismo y el relativismo, el pragmatismo y el criticismo. En particular nos detendremos en las dos primeras y en la penúltima porque tienen directa relación con el tema aquí tratado. El hecho de definirlas tiene como objetivo dar fundamento a la compleja relación filosofía-literatura, al mismo tiempo que pretendemos marcar las rutas de desarrollo cultural en lo que alude al mencionado problema de la ciencia. “Entendemos por dogmatismo aquella posición epistemológica para la cual no existe todavía el problema del conocimiento. El dogmatismo da por supuestas la posibilidad y la realidad del contacto entre el sujeto y el objeto. Es para él comprensible de suyo que el sujeto, la conciencia cognoscente, aprehende su objeto. Esta posición se sustenta en una confianza en la razón humana, todavía no debilitada por ninguna duda. El hecho de que el conocimiento no sea aún un problema para el dogmatismo descansa en una noción deficiente de la esencia del conocimiento. El contacto entre el sujeto y el objeto no puede parecer problemático a quien no ve que el conocimiento representa una relación. [...] El dogmático cree que los objetos del conocimientos nos son dados absolutamente y no meramente por obra de la función intermediaria del conocimiento. [...] Con arreglo a lo que acabamos de decir, puede hablarse de dogmatismo teórico, ético y religioso. La primera forma del dogmatismo se refiere al conocimiento propiamente teórico; las dos últimas al conocimiento de los valores. En el dogmatismo ético se trata del conocimiento moral; en el religioso, del conocimiento religioso. Como actitud de hombre ingenuo el dogmatismo es la posición primera y más antigua tanto psicológica como históricamente”. J. Hessen. Teoría del conocimiento, México, Quinto Sol, 1970, pp. 31-32.
En cuanto al escepticismo encontramos lo que sigue: “Según el escepticismo el sujeto no puede aprehender el objeto. El conocimiento en el sentido de una aprehensión real del objeto es imposible. Por eso no debemos pronunciar ningún juicio, sino abstenernos totalmente de juzgar. Mientras el dogmatismo desconoce en cierto modo al sujeto, el escepticismo no ve el objeto. [...] Igual que el dogmatismo, también el escepticismo puede referirse tanto a la posibilidad del conocimiento en general como a la de un conocimiento determinado. En el primer caso, estamos ante un escepticismo lógico; se le llama también escepticismo absoluto o radical”. (Ibidem, pp. 33-34).
Por último, “El escepticismo toma un sesgo positivo en el moderno pragmatismo. Según él verdadero significa útil, valioso, fomentador de la vida. El pragmatismo modifica de esta forma el concepto de la verdad, porque parte de una determinada concepción del ser humano. Según él, el hombre no es primer lugar un ser teórico o pensante, sino un ser práctico, un ser de voluntad y de acción. Su intelecto está íntegramente al servicio de su voluntad y de su acción. El intelecto es dado al hombre, no para investigar y conocer la verdad, sino para poder orientarse en la realidad. El conocimiento humano recibe su sentido y su valor de éste su destino práctico”. (Ibidem, pp. 40-41).

[16] Gustave Flaubert. Bouvard et Pécuchet, traducción de Aurora Bernárdez, Barcelona, Tusquets, 1999, p. 31. (En adelante todas las citas correspondientes a este texto incluirán al final y entre paréntesis el número de la página solamente).

[17] La rima completa dice así: Del salón en el ángulo obscuro, / de su dueño tal vez olvidada, / silenciosa y cubierta de polvo, / veíase el arpa. // ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, / como el pájaro duerme en las ramas, / esperando la mano de nieve/ que sabe arrancarlas! // ¡Ay! -pensé-. ¡Cuántas veces el genio / así duerme en el fondo del alma, / y una voz como Lázaro espera / que le diga: “Levántate y anda!” (Gustavo Adolfo Bécquer. Obras completas, Madrid, Aguilar, 1946, p. 433.

[18] Wolfgang Goethe. Fausto, trad. de USL, México, OMGSA, 1985, pp. 89-90.

[19] Cfr. Luis Quintana Tejera. El pensamiento filosófico a través de la propuesta romántica de Goethe en el Primer Fausto, Toluca, UAEM, 1996, pp. 181-191.

[20] En el Fausto de Goethe, el personaje está a punto de quitarse la vida después de aquel balance total que le ha demostrado que nada se puede esperar de la humanidad. Pero los cantos de Pascua de resurrección le recuerdan su niñez y lo devuelven a la cotidianidad de su sufrimiento.

[21] Samuel Beckett. Esperando a Godot, Barcelona, Tusquets, 1994.

[22] Jorge Luis Borges. Obras completas, tomo 1, Buenos Aires, Emecé, 1974, pp. 259-262.

[23] Ibidem, p. 259.

[24] Ibidem, p. 260.

[25] Idem.

[26] Ibidem, p. 262.

[27] Jorge Luis Borges. Op. cit., p. 262.

1 opinión

perra

esto es pura basura publiquen algo bueno

Monografías relacionados con 'Una denuncia ante el problema de la estupidez humana de Gustave Flaubert'

Gustave Flaubert (1821-1880) es probablemente uno de los escritores franceses del siglo XIX que mayor... Más »

Autor y licencia de 'Una denuncia ante el problema de la estupidez humana de Gustave Flaubert'


Monografía de Luis Quintana Tejera. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/bouvard.html CopyLeft
Este contenido ha sido recopilado por el equipo de Wikilearning. Todo el contenido recopilado se ha obtenido respetando y comunicando en nuestro site la licencia de cada fuente.
Wikilearning tiene permiso expreso por escrito de los autores para publicar los contenidos que ha extraído de otras webs, incluyendo su uso comercial.