Una denuncia ante el problema de la estupidez humana de Gustave Flaubert - Problemas filosóficos: la existencia de Dios, la ética de Spi

4 - Problemas filosóficos: la existencia de Dios, la ética de Spi

Monografía creado por Luis Quintana Tejera. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/bouvard.html
16 de Septiembre de 2006

Vayamos ahora de la literatura a la filosofía. Por lo menos a algunos tópicos de valor filosófico que no podían faltar en una novela que tiene como finalidad denunciar la ausencia de legitimidad de muchas formas del pensamiento.

Pécuchet defiende ante Bouvard la existencia de Dios y de esta forma ambos se involucran en el problema teológico. Pécuchet se apoya primero en las tres pruebas cartesianas e inmediatamente recurre a la Ética demostrada según el orden geométrico de Spinoza. Del primero, concluye la necesidad de un creador para que todas las cosas existan; y en particular se apoya en la tercera prueba cartesiana de arraigado valor metafísico en donde se lee: “Siendo yo finito, ¿cómo puedo tener una idea de lo infinito? Y puesto que la tenemos, esta idea nos viene de Dios; ¡luego, Dios existe!” (P. 198).

Del segundo -Spinoza-, consiguen abstraer la idea del dios inmanente, aquel que todo lo contiene, pero se sienten muy confundidos al navegar entre axiomas y corolarios para llegar a la conclusión que se fundamenta en los dos atributos esenciales de la divinidad: la Extensión y el Pensamiento.

A Fausto en Goethe y en el marco de un planteamiento panteísta incorporado de sus lecturas de Spinoza, le había causado estupor el problema metafísico de Dios. Cuando Margarita le pregunta en la escena del jardín de Marta si él cree en Dios, Fausto le responderá:

No interpretes mal mis palabras, ángel mío. ¿Quién se atrevería a nombrarlo, y a hacer este acto de fe: "Creo en Él"? El que todo lo posee, el que todo lo contiene, ¿no te sostiene a ti y a mí y a Él mismo? ¿No ves redondearse allá arriba la bóveda del firmamento, extenderse aquí abajo la tierra y elevarse los astros eternos, contemplándolos con amor? ¿Acaso mis ojos no ven los tuyos, y no afluye todo a tu cerebro y a tu corazón, y no obra invisible, visiblemente, en derredor de ti, en un eterno misterio? Llena tu alma de él por profunda que sea; y cuando, saturada de ese sentimiento, te sientas feliz, dale entonces el nombre que quieras; llámale dicha, corazón, amor, Dios. Lo que es yo, no sé cómo debe llamársele. El sentimiento lo es todo, el nombre es sólo humo que nos vela la celeste llama.18 (pp. 89-90)

La conceptualización de Dios implica no un esfuerzo racional, sino un acercamiento intuitivo que tiene mucho que ver con la fe. Margarita se maneja en el terreno de la fe, pero está dando excesiva importancia a la razón y es esto, precisamente, lo que Fausto quiere que ella entienda. Por eso le dice: "No interpretes mal mis palabras". El problema de Dios no se resuelve en el orden semántico; si queremos denominarlo de alguna manera podemos hacerlo, pero no habremos logrado nada más que encontrarnos en el comienzo de esta problemática.

¿Cómo afirmar: "Creo en Él", si la condición divina es infinita y la perspectiva del hombre arranca de postulados finitos y él mismo constituye una forma de limitación bien marcada? Al hombre, ser temporal, le agrada hablar de lo eterno, pero sus manejos conceptuales resultan tan inapropiados que no alcanza a comprender la magnitud de este enfoque.

La caracterización de Dios desde un punto de vista panteísta, está dada por el autor a través de las palabras de Fausto y los conceptos que involucran este planteamiento, los presentamos de la siguiente forma:

a. "El que todo lo posee, que todo lo contiene".

Todo está en Dios, y al mismo tiempo, Dios es ese mismo universo; se integra a él y el universo está en Él. Es la inmanencia divina, Dios forma parte de la creación, no es trascendente a ella.

b. La divinidad sostiene al hombre; lo ha creado y se preocupa por él. Pero al mismo tiempo, se sostiene a sí misma. Por eso Fausto le pregunta a Margarita: "¿No te sostiene a ti y a mí y a Él mismo?" Dios es la causa de su propia existencia y simultáneamente es la causa que explica al hombre.

c. También la potencia divina se proyecta hacia el macrocosmos; en ese orden universal impera la acción de Dios y el eterno misterio seguirá estando presente en el orgulloso microcosmos; éste continuará su lucha por explicar a Dios sin llegar a comprender que primero debe explicarse a sí mismo, para poder luego intentar una aproximación a la Naturaleza, en donde el Dios inmanente comenzará a tener un sentido.

d. Fausto sostiene así la existencia de Dios. Es algo inconmensurable, perfecto, capaz de llenar al hombre en todas sus aspiraciones. Sólo basta con sentirlo, no es necesario racionalizarlo. Y cuando hayamos llegado a esta captación sensible, debemos llenar nuestra alma de Él. Habremos alcanzado la felicidad y sólo restará darle un nombre.19

Para los personajes de la novela de Flaubert este asunto de Dios no puede ser alcanzado ni comprendido como lo hacía Goethe en su drama. Pero el incansable lector que era Flaubert transparentaba la idea de este Dios explicado únicamente a través de un proceso en donde la divinidad aparecía integrada al cosmos e identificada con ese mismo universo.

No hay duda que a esta altura del relato, Bouvard y Pécuchet han evolucionado notablemente y la noción de fracaso que prevaleciera en pasajes anteriores, aquí se encuentra mediatizada, quizás neutralizada porque al menos Pécuchet quiere creer y sus fundamentos no parecen tan fuera de lugar.

Mientras el último de los nombrados se mueve en términos dogmáticos que involucran en gran parte el problema de la fe, el segundo -Bouvard- avanza hacia un razonado escepticismo que comienza a plantearse en torno al tema de la libertad:

Bouvard ya no creía ni en la materia.

La certeza de que nada existe (por lamentable que sea) no deja de ser una certeza. Pocas personas son capaces de tenerla. Esta trascendencia les inspiró orgullo y hubieran querido exhibirla. (P. 209).

Paralelamente, con este reconocimiento pesimista y radical se abrían las puertas a otras afirmaciones semejantes. Por ello Bouvard negó ante el grupo de amigos y conocidos la existencia del libre albedrío. Para documentar su aseveración le pregunta a Langlois:

-¿Por qué razón no distribuye usted su fortuna entre los pobres? [...]

-Si usted fuera San Vicente de Paul, obraría de otro modo, puesto que tendría el carácter de él. Usted obedece al suyo. ¡En consecuencia, no es libre!. (P. 210).

De esta forma está aludiendo a una de las maneras del determinismo filosófico según el cual el individuo está condicionado a obrar de acuerdo con factores que le resultan externos, pero difíciles de contrarrestar. Vemos a Bouvard esgrimiendo argumentos contundentes, al mismo tiempo que se halla inmerso en una etapa de desánimo escéptico que lo ha de conducir -también a Pécuchet- a la idea del suicidio

1 opinión

perra

esto es pura basura publiquen algo bueno

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