



¿Cómo se vincula el silencio con la poesía contemporánea? ¿Cuál es la procedencia del poema signado por un rasgo notable de silencio? Sea mediante la función metapoética del poema, o sea mediante el balbuceo de la voz del poeta que oscila entre la enunciación y el enmudecimiento, en la búsqueda de la palabra prístina que represente al silencio ideal, ¿cuál es la naturaleza de la condición crítica del lenguaje y el poema?
Enrique Chirinos presenta dos versiones opuestas que responden a tales cuestiones: la del crítico parisino George Steiner y la de Roland Barthes a las que nosotros añadimos la de Susan Sontag.
La versión o postura de Steiner sostiene que “la poesía proviene de la intensidad y los poderes purificadores del silencio frente a la corrupción moderna del lenguaje por la política, los medios de comunicación, el consumismo e incluso la inflación literaria. El de Steiner sería el clamor frente a un ‘mundanal ruido’”. Señala que “al escritor que intuye esta condición crítica del lenguaje le quedan, básicamente dos caminos : tratar de que su propio idioma exprese la crisis general, de trasmitir de él lo precario y lo vulnerable del acto comunicativo o elegir la retórica suicida del silencio”(p.55) (24).
La otra versión, la de Barthes, sostiene en cambio que “la poesía nace del inmenso ruido al que hay que arrancarle un puñado de palabras. El poema no nacería de un silencio esencial, sino del habla cotidiana de todos los días, del lenguaje gastado y repetido”(p.55) (25). Roland Barthes recuerda que “el escritor viene a un mundo ya lleno de lenguajes y sin agujeros para el silencio, donde no queda nada real que no esté ya clasificado por los hombres; lo único que le queda es encontrar ese código ya enteramente hecho y tener que adaptarse a él.”(p.56) (26).
La postura de Steiner data de 1966, mientras que la de Barthes de 1967, año por el cual Susan Sontag también daba a conocer su punto de vista sobre este asunto. Su perspectiva, se refería al lenguaje no sólo como algo compartido, sino como algo corrompido, aplastado por la acumulación histórica. Reconocía al lenguaje como el más impuro, el más contaminado, el más agotado de todos los materiales que componen el arte. Tal corrupción y la saturación en el uso del lenguaje constituiría lo que ella llama la conciencia histórica secular, es decir, aquella que fluye a lo largo de los siglos, propia del pensamiento occidental, y que, representa para el artista un impasse que le dificulta en extremo escribir una palabra (o producir una imagen o ejecutar un ademán) que no le traiga el recuerdo de algo ya logrado.
El poeta no se siente sino abrumado frente al peso de la tradición literaria que se ve obligado a sobrellevar y de la cual no se puede aislar; por lo que al mismo tiempo, por el contrario, puede verse estimulado a continuar en su labor. Creemos, sin embargo, que el hablante del poema “Westphalen dice” es quien, de manera evidente, se muestra mayormente abrumado frente a la tradición del silencio representada por el poema de E.A. Westphalen incrustado en la parte central del cuerpo del poema. La intertextualidad (27) se pone de manifiesto desde el título y produce un proceso dialógico y transformativo que el poema establece con aquel que lo precede (“Te he seguido...”, de E.A. Westphalen). La presuposición establecida por el juego intertextual se pone de manifiesto, además, con el comienzo in medias res marcado por la “y” inicial de la cita, que provoca una escena silenciada, evoca un texto anterior silenciado que tiene para el lector un carácter de texto ya leído. Como bien analiza Chirinos: “los versos del pre-texto -que se proponen como la admirada experiencia de silencio que marca los límites expresivos del hablante-señalan la inutilidad de cualquier intento de glosa, modificación o paráfrasis, pues están formulados de tal modo que no admiten otra actitud que no sea la de callar con ese mismo silencio, haciéndolo suyo.” (p.103) (28).
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